martes, 28 de diciembre de 2010

El asaltamemorias.


La guerrera de anchos hombros y cueros tersos entró en la posada. Una posada más.

Su dulce compañera solía brillar en ese tipo de antros casi tanto como un antorcha en medio de una noche de eclipse culminante, pero aquella vez los ruidos provenían de otro divertimento menos sincero a los ojos del que se acostumbra a ver a medias. El buen humor de una tarde de viaje relajado permaneció en sus facciones el tiempo justo. Se acercó al grupo de personas que, apiñados como buitres sarnosos en reparto de carroña, gimoteaban jocosos en torno a un hombre destartalado y visiblemente molesto por una atención que él no había aclamado.

Con sencillas instrucciones en un internacional tono de serio mandato, la guerrera se abrió camino entre el gentío. El murmullo calló ante su presencia, tan imponente que ni los cuervos graznaban cuando se sabía oscuro su temperamento y firme su intención. Una buena actriz curtida de desgastados teatreros y grandes hipócritas, que en realidad solo buscaba el silencio oportuno que le permitiera hablar con aquel arapiento hombre. No sólo por el revuelo que su presencia causaba, sino también por un aura especial que sin mediar palabra alguna, segura estaba de que su compañera también había percibido.

Desinteresados como perros a los que se les había arrebatado su juguete, los aldeanos y merodeadores se apartaron del hombre, y la guerrera se sentó delante suya. La compañera posó una de sus manos sobre su hombro antes de colocarse en una banca justo detrás de ellos. Y aunque el ardoroso picor en su piel era inevitable de sentir, la imponente mujer controló la situación como tantas otras veces habría de hacer.
En un instante, el hombre que antes había permanecido gimoteante dejaba de dedicar todos sus esfuerzos a luchar contra un algo que ellas no podían ver, algo que crecía de dentro suyo, para dedicarles algo de atención. Una mirada turbia y almizcle se clavó en la fría barrera helada de las pupilas de la guerrera. Y sin previo aviso, se le acercó de golpe, manteniendo una distancia entre sus rostros menor a la que cualquier estornudo pudiera disolver en milésimas de segundo. Y habló raquítico, transpirando cada palabra, masticando cada sílaba como si la hubiera ensayado durante miles de años; intentando ejercer un control sobre sus párpados manchados y sus pupilas dilatadas que se le perdía en el vertiginoso cauce de sus vocales atragantadas.

Los campanarios, dijo. Ya nadie sube a los campanarios. Es una pena que en esos lugares tan sagrados encuentren las arañas campo fértil donde cultivar sus telas sin preocupación. Ni siquiera yo estoy seguro de haber subido nunca a alguno. Y es que en mi recién estrenada memoria albergo recuerdos tan viejos que es imposible que los haya tomado prestados de nadie que aún respire. Ya confundo lo que he leído con lo que he visto, como también confundo lo que he escuchado y lo que he inventado con - y esto es lo peor- con mis propios sueños. Nadie sabe el dolor que esto llega producir. Mi memoria es una mentira tan perfecta que aterra, y conozco mil lugares que jamás podré saber si llegaron a existir o no. Es un veneno certero y oxidado, un aguijón clavado en mis recuerdos. No puedo respirar sin que me duela la nostalgia, y ni comer ni beber me satisface si aún no he conseguido saber qué es real en mí; y qué es sólo mentira. Pero dígame, querida dama, ¿qué sentido tendría llorar en compañía, si es mi soledad la que me riega las penas? ¿Qué sentido tiene la sangre cuando la piel es inalcanzable? Y ni siquiera puedo demostrar que esa piel existe.La belleza es polvo, polvo absurdo y sepia que se confunde en la oscuridad si le quitas la luz.

El hombre se alejó un poco del rostro de las de los anchos hombros. Pero no pasó ni un minuto cuando volvió a lanzarle una pregunta más. ¿Ha visto alguna vez el mar? No, la verdad es que no, le espetó. Entonces querida, no has respirado. Pero yo puedo describirte paisajes que no existen y vidas que no han germinado aún. Invenciones oscuras y sentimientos retorcidos que nadie ha podido imaginar todavía. He visto abismos tan grandes que la tierra ya conocida ni a medias los llenaría, y conozco tantas verdades como mentiras he podido memorizar. Pero no sé a dónde o a quién pertenecen. No sé si son, pero yo las conozco. Y mientras la belleza inunde el alma todo parece llevadero pero creeme, creeme si juro sobre mi propio cadáver que la muerte empieza a ser un problema cuando se le ha plantado cara más de tres vez. Pero no existe aún puñal de humano que rasgue la tela del recuerdo. Aunque ese recuerdo, y aguardó un segundo, sea el camino directo a la mismísima locura.

Sus pupilas se dilataron y contrayeron una vez más, y acto seguido se recostó de nuevo en la vieja silla que ocupaba, tapándose con una capa raída por el tiempo y el uso; dando por zanjada una conversación que para él ya había acabado.

Ella se levantó, su compañera también. La guerrera se dirigió hacia la salida. Su compañera la siguió.
¿No vas a hacer nada? No hay nada que hacer. ¿Qué?¿Por qué? Porque no puede ni recordar su propio nombre. Conocí a otro como él. Está maldito, guarda cientos de recuerdos que ni siquiera son suyos. Nadie puede ayudarle, porque es un asaltamemorias.

sábado, 25 de diciembre de 2010

They belong each other.

-¿Enserio?¡Venga ya! ¿Alguien como tú cree en la transmigración de almas?
-Pues sí. Y no sé por qué me miras con esa cara.
-¡Es que es una locura! Más que eso, una gran tontería.
-Tontería sería cerrarse a considerarlo. Además de que da mucho más miedo pensar que una vez que nos morimos, desaparecemos del todo. Y con nosotros, todos los que hemos amado en vida. Es más, sería una gran pérdida de tiempo.
-¿Pérdida de tiempo por qué?
-Porque, ¿no te daría muchísimo miedo saber que la persona perfecta para ti, la que es justa y completamente la mitad matemática de tu alma, existió en otro lugar y tiempos diferentes al tuyo y jamás podrás conocerla? Así la vida sería tremendamente aburrida.



Creo en la ciencia. Mucho. Hago de ella algo rutinario y sencillo, algo que a fin de cuentas, es todo. Pero también creo en los dioses. Supongo que es algo contradictorio, pero creo que si los dioses son todopoderosos, las peripecias de la ciencia bien podrían ser invento de sus agraciadas y rocambolescas imaginaciones. De esa misma forma, creo en el karma y en la suerte, como también creo en lo irrevocable de las decisiones humanas. Creo en el pasado, y creo en el futuro. Creo en los fantasmas y en la descomposición del cuerpo, como creo en la mente y en la adivinación.

Una de las cosas en las que he tenido que empezar a creer a base de darme de bruces con un ejemplo vivo es en la predisposición casi celestial de dos personas a estar juntas. Aunque haya bronca, riña y recelo. Desidia, descontento y tontería. Estarán juntas. Pase lo que pase. Como bien dicen nuestros amigos angloparlantes; they belong each other.


Ojalá alguien pudiera asegurarme algo así.

domingo, 12 de diciembre de 2010

No te mueras nunca.


¡Slam! ¡Slam! ¡Slam!

El doctor Frederic Whelley era visitante conocido en los depósitos de cadáveres de cada ciudad de su región. Uno por uno, cada semana los visitaba para echar un ojo a cada nuevo pobre muerto sin reclamación alguna, en busca de algo que sólo él sabía.

Esta vez le había tocado como acompañante y supervisora una de las empleadas que más detestaba del depósito de Crousgarville, la gorda y malencarada Ms. Brown. Era de las pocas que más que tenebrosa, su actividad espurgatoria de cadáveres le resultaba absolutamente repugnante. Irónicamente, se recordaba Frederic, es ella la que lleva más de 20 años en un depósito. Aquel día, desde luego, no se diferenciaba de todos los demás.

¡Slam! Cajón abierto. Ms. Brown le quitaba la fina cubierta de plástico blanco al muerto y esperaba con mal gesto a que Frederic terminase su análisis. No, éste tampoco. Forro de nuevo encima del fiambre y ¡Slam! cajón cerrado.

Realmente, muchos de los empleados creían que Frederic sufría algún trastorno psicótico de origen infantil que le hacía buscar a algún pariente o amigo allí cada semana para asegurarse de que no habían muerto. El resto del tiempo, para ellos, era un tío normal. Incluso algo agradable. Pero ninguno podría ni por asomo haberse acercado a la verdadera naturaleza de aquella incansable búsqueda.

Ms. Brown abrió toro cajón. Una chica esta vez. Frederic la volvió a examinar. De acuerdo, creo que me llevaré ésta a casa. Como contaba con el permiso expreso de cada ayuntamiento de cada pueblo, nadie preguntaba. Simplemente, le envolvían el cuerpo en una bolsa de transporte de cadáveres y él la subía a su propia furgoneta, preparada para el transporte del cuerpo con una camilla de ambulancia.

Frederic llegaba cada día a su enorme casa y bajaba los cuerpos al sótano. Allí tenía su inmensa sala de juegos, su laboratorio químico. Además de enormes tanques, líquidos interminables, listados de sustancias, reacciones y fórmulas; poseía una enorme mesa de operaciones y un gran abanico de herramientas de ortopedia, cirugía general y más de 6 ordenadores conectados entre sí, permanentemente encendidos.
Sobra decir que también tenía su propio depósito de cadáveres, especialmente diseñado para guardar los cuerpos en el más estricto y perfecto estado de conservación durante un tiempo que ninguno llegó a comprobar, porque jamás permanecían allí tanto como para comprobarlo. Sólo había un único cuerpo que llevaba allí desde el principio de toda aquella peripecia, y es que era la razón y causa de la entera construcción del laboratorio - y en parte, de la misma vida - de Frederic.

Con una luz como de película de extraterrestres (incluso Frederic sabía jugar con esas comparaciones) un enorme tanque de formol y alguna que otra sustancia de la que ahora no entraremos a descifrar, se conservaba en estado semilevitante el cuerpo envejecido de una mujer de más de 80 años con varios centenares de cables y electrodos sumergibles que la mantenían unida a unas máquinas de seguimiento de constantes vitales que se apilaban a un lado del tanque, parpadeantes e intermitentes. Detrás de ésta curiosa atracción de museo de ciencia ficción, una pared entera encorchada y forrada de miles y miles de fotos y recortes, siempre de la misma mujer. La mujer del tanque. A un lado, otro tanque. Pero éste no albergaba un cuerpo completo, sino más bien una especia de megapuzzle humano de trozos diferenciables de personas distintas. Aún incompleto, le faltaban zonas fundamentales como las rodillas, algunos órganos, un par de dedos de cada mano y los ojos. Y también el cerebro.

Frederic puso al cuerpo que acababa de adquirir justo al lado del rompecabezas de carne y empezó a trabajar con una presteza apabuyante. Cortó, sesgó, unió, cosió, restableció y recompuso. Ahora ya no le faltaban las rodillas a su estrambótica creación, y el otro cuerpo - al que se las había quitado - pasó a uno de los cajones de su depósito. Limpió y recogió el laboratorio y arrimó su sillón, como tanto le gustaba hacer, al tanque central, el de la anciana. Se quedó observándolo.

Ya queda menos, le dijo. Ya queda menos para pasar tu cerebro a tu nuevo cuerpo. Ya verás, serás exactamente como aquella preciosa hembra que fuiste. Embobado, recordó el momento en el que, con 12 años, se abrazó muerto de miedo a su profesora de violín. Había tenido una escalofriante pesadilla en la que ella moría en un brutal accidente. Fue entonces que se lo dijo. Prométeme una cosa profe. Ella, complacida y a la vez, algo asustada, le respondió. Qué, Frederic. No te mueras nunca. No antes que yo. No lo haré pequeño, te lo prometo. Y le acarició el pelo.

Frederic se levantó y se acercó más y más al anciano y desnudo cuerpo. Acarició el cristal, curiosamente cálido, con la yema de los dedos. Clavó sus ojos en las ramificaciones de las arrugas de su piel, y en sus prodigiosas manos. Y habló, más para ella que para sí, más que para nadie.

Una promesa es una promesa. No antes que yo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La lluvia con prisas


Todos los deseos que pedí
y no me han sido otorgados.
Todos los placeres que han caído
a cuenta de mis pecados

Y la lluvia, la lluvia
la lluvia que se tragó mi alma.
La lluvia, la lluvia
la que te manchó la calma.
La prisa,la prisa
que nos segó los bienes.
La prisa, la prisa
que te descosió las sienes.

sábado, 4 de diciembre de 2010

All about Us: Esta vez va por Matt LeBlanc




Mi querido Matt:

Pequeño, pequeño Matt que has sido siempre, por mucho que los años te decoloren el pelo. Apareces de nuevo, después de tantísimo tiempo en silencio, con una serie nueva. Y yo, yo me siento orgullosa.

He visto poco aún de tu nuevo proyecto, pero estoy segura de que será genial. Porque es como si hubieras aceptado que eres y serás Joey hasta que te mueras, y has aprovechado esto, que podría ser una debilidad, conviertiendolo en algo tan natural que te empujará a algo de nuevo hilarante y genial. Eras un joven actor que interpretaba a un joven con aires de actor, y ahora eres un veterano guaperas que interpreta al veterano guaperas que naciste para ser.

Estás canoso y tan ordinariamente atractivo como el mejor Clooney, y vives sin preocuparte porque te sigan llamando Tribbiani por la calle. Estás nuevo y guapo, y tan familiar como siempre. No puedes ni imaginar cuánto me consuela verte, verte sonreír sin que te haya cambiado la sonrisa. Consuela saber que tú sigues igual en mitad de este mundo terrible que cambia, gira y me decepciona constantemente. Me decepcionó Jenn, seguramente lo sepas. Courtney sigue en la cuerda floja de mis estandartes y del resto, poco sé. Pero tú, tú sigues siendo el Matt que yo conocía.

Gracias mi pequeño por conseguir aún quitarme el miedo. Gracias mi niño grande, que te aceptas y reconviertes como tantos otros debieron haber hecho. Te deseo, como siempre, la mejor de las felicidades.


Con todo mi amor, Ove.




lunes, 29 de noviembre de 2010

Todas las cosas que me quedé de ella


1
Yo de Montserrat Forero
me quedé con el violeta.
El gusto por la historia
la otra historia
y la vida.

2
Me quedé con su recuerdo,
manos grandes como raquetas
de hueso y de carne.
Enorme ironía.

3
Me quedé con las únicas lágrimas
las que sabían a sonrisa
y una voz como de océano
calmado y dulce
susurro.

4
Me quedé con una caligrafía
montañosa y escarpada.
Y la habilidad de poder
quitar y cambiar
los márgenes de la vida.

5
Me quedé con el hecho
de que la primavera puede
si quiere
vivir en un cuello.

6
Me quedé con el saber
de que ya que algo se hace
mejor querer
hacerlo bien.

7
Me quedé con la regla
de que un abrazo es un abrazo
aquí y en Mozambique.
Pero claro, los de algunas personas
significan más.

8
Me quedé con que todos debemos tener
al menos, tres fechas de cumpleaños.
Mil cuatrocientos noventa y dos,
mil setecientos ochenta y nueve y
mil ochocientos doce.

9
Me quedé con que el aliento duele
sin duda. Y llega a sangrar
con su ausencia.

10
Me quedé con que el amor
la luz, la travesura
la picardía y la emoción,
no dependen ni de edad
ni de altura, ni de origen.

11
Me quedé con los puntos sin final
los exámenes interminables
las canciones y películas.
Mi único, esperado
paraíso terrenal.

12
Me quedé con su falta omnipresente.
Con todas mis palabras en su nombre.
Sabiendo que sin ella
me falta un pulmón al respirar
y no recuerdo ni cómo se hacía
para llorar.

13
De Montserrat Forero
me quedé con una unión inaudita.
Una firma de vasallaje
y su apellido en mis historias.
Un millón de pescadillas
que siempre se morderán la cola.
Y la deuda eterna de hacer su nombre
el más brillante, claro y conocido
sol entre mis soles.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo


Realmente, soy buena siguiendo doctrinas.

Me gusta sentirme amparada bajo un manto común, saber que hay gente que piensa y siente como yo a mi lado, por lo menos en una dimensión social. Los clubs de fans, las asociaciones culturales, los movimientos estudiantiles y los foros temáticos. Personas, montones de personas que se reunen para sentirse un poco menos solos, sentir un poco menos el miedo a la inmensidad del firmamento.

Por eso creo que si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo, y quizás si yo no hubiera hecho demasiadas preguntas incómodas, hubiera sido una genial cristiana. Porque el sentimiento, la bondad, la teoría la tengo. Pero claro, en las iglesias me siento intrusa, porque resulta que soy una genial cristiana que no cree en un hombre de madera sujeto a una cruz y una preciosa fémina tallada envuelta en dinero y brillo.

Sería una genial cristiana de las que piensa que todo el oro de la iglesia sobra. Sobra incluso el papamóvil, la cama inmune del Benedicto de turno y la inapelable seguridad del mejor best-seller de la historia, el libro sagrado. Creo que la iglesia como espacio común, como centro de encuentro y como monumento, es indiscutiblemente importante. Creo que la hipocresía del obispo que desprecia al homosexual y luego se mete en la cama a un acompañante de lujo escupe encima de la legitimidad y credibilidad de sus congéneres. Creo que por tener, tengo hasta el nombre más correcto.

Creo, de verdad, que si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo, hubiera sido una genial cristiana. Por lo menos, claro, hasta el momento de darme cuenta de las mentiras, mentiras son. Aquí, y en el cielo.

Poker a la vida


Veo tu sombra a mi lado
y pienso
que naciste para no ser nadie.

Con tus orejas puntiagudas
despeluchadas
tu sonrisa de medio diente
y tu hocico.
Tus manchas oscuras
tu pelusa blanca
y tu eterno, raquítico movimiento
de cola feliz.

No tenías que ser nada más
que un peluche.
Juguete animado
sin necesidad de recarga.
Pero es curioso
Que defiendes mi casa
como no he conocido otra
persona, animal o cosa.

Y ahora,
veo tu sombra a mi lado
y pienso
que naciste para no ser nadie.
Y aquí estás, a mi lado
cuando nadie quiso acompañarme.

Veo tu sombra
y pienso
que si naciste para no ser nadie
por ser tú, así
sin planteártelo
le hiciste un poker a la vida.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Lo que digo cuando miento.





No me importa si no hueles
si no luces
si por no tenerte cerca, dueles.
No me importa no rozar tus piedras
o no suspirar tus flores.
Cuando miento, no me importa.
Juro que no me importa.
Y sin ti ya no enardezco
ni extrapolo, ni convalezco.
Sin ti no uso grandes palabras
porque sin ti
no conozco grandes sentimientos.
Y no te echo de menos,
eso me digo cuando miento.
Sin ti respiro a medias
y sin ti apenas entiendo.
El problema es que no importas
no me faltas, no te quiero.
O eso es al menos
lo que digo cuando miento.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Lealtad


En un mundo proclive a la oscuridad, la lealtad es el bien más preciado.




Es horrible atreverse a amar.
Porque es mucho mas fácil odiar, que la gente no te importe y poder olvidar. Lo valiente es amar sin barreras, amar a tanta gente que te duela tan sólo el saberles lejos. Es de héroes amar a crontacorriente, amar aunque tu sentido común y tu propia concepción del mundo no estén de acuerdo.

Eres mil cosas , pero no te confundas, no eres más valiente que yo.




Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Miguel Hernández

martes, 9 de noviembre de 2010

Specially, a kiss.

-¿A qué viene esa mirada?
-Intento recordar el porqué de que seas tan genial...
-¿El porqué de que siempre me hayas tratado demasiado bien?
-No. Tú tienes que ser especial, por narices. Que ahora no recuerde el porqué sólo es otro detalle insignificante.



Quizás sea esta locura enferma
la que me hace querer besarte.

Pero hasta que no deje de moquear
no podré besarte.
Hasta que no pare de lagrimar
no podré besarte.
Hasta que no seque de estornudar
no podré besarte.
Hasta que no te pueda enfermar
no podré besarte.

Y entonces,
convaleciente yo de amor,
añoranza y verso,
quizás seas tú quien no pueda
no quiera, o no contemple
el poder besarme.

domingo, 7 de noviembre de 2010

De nuevo, del castillo de mis alegrías.

Amigos, hermanos, queridos; recordad que nunca la literatura es sólo literatura, pero a veces, sólo se os pide que la entendáis como tal.


Que me cansé de aferrarme a la vida era una verdad. Pero no me solté por arrebato pasional ni por un inconmovible descontento, sino por vejez. Casi me quedé dormida, tal y como siempre había esperado que la muerte me llevara. No pasó nada, simplemente, dejé de latir.

La luz se apagó poco a poco, y estuve a oscuras durante algunos segundos. Quizá fueron milenios, pero en la placidez de la muerte, hasta los relojes se relajan. Y al fin y al cabo, pensadlo, era la primera vez en muchísimo tiempo que no podía llegar tarde a ningún sitio.

Cuando todo se encendió de nuevo, ya estaba yo de pie. Estaba erguida sobra un vacío tan pálido como la niebla, pero no por eso tuve miedo. Miré hacia delante y se abría a mis pasos un suelo de piedra poblado en sus confines de bancos mal tintados de verde bosque, unas papeleras que se caerían si alguien estornudaba cerca suya y unas espirales gigantes de frío metal que, aunque fueron propuestas para aparcar bicicletas, pocas veces se vieron realizadas.
Antes de poder proponerme seguir adelante, ya había empezado a caminar. Pero es lo que pasa cuando uno recorre los caminos que ya lleva dentro.

Me topé con cuatro escalones de piedra, y los subí con alegría. Tenía los pulmones (o lo que tuviera dentro del pecho en ese momento) frescos, como las buenas mañanas. La boca llena del sabor de la felicidad. Y al acercarme a primera de las tres columnas, la abracé. Fuerte fuerte, en nuestro reencuentro interno. Nunca he encontrado mejor manera de querer a un edificio. Y apareció, detrás de la enorme y pesada puerta de falso cristal y metal azul, una de mis caras más conocidas. Con sus gafas viejas, su cabellera desalojando y el uniforme más sencillo del mundo. Apenas una sombra gris. Rápido, que llegas tarde, me dijo. Y desapareció con su sonrisa de travieso nunca estropeado bien estirada en la cara.

Apreté el paso pues, no debe desobedecerse al adulto, sea cual sea su tiempo. Entré y las cansadas flores de plástico me saludaron, y los azulejos terracota me besaron los sentidos. Y la vieja alfombra de plástico barato me acarició los pies, y pasaron por delante de mis ojos, charloteando en alegre conversación, la mejor Sevilla que hube conocido y una niña grande a la que llamaron Pilar. Y me hundí en sus brazos. Rápido, que te esperan, me dijeron. Y apreté el paso de nuevo.

Oí ruidos en el pasillo superior, en la sala prohibida al paso de los aprendices. Asomé la mirada por encima de la escalera, y una multitud de buenas gentes me encontró con la fuerza de quien se pasa una vida buscando. Todos, todos los que se me atravesaron en el filtro del corazón, me regalaban sus miradas de bienvenida. Desde aquel de los ojos grises y la sabiduría biológica, pasando por la más tierna contadora de chistes malos del mundo, llegando a algunos que apenas compartieron conmigo horas de pasillo. Rápido, que van a empezar sin ti, me dijeron. Gracias, dije yo, como llevaba haciendo toda mi vida. Corrí hacia donde estaba segura que debía correr.

Aula 5. Llamé a la gastada puerta de bordes verdes. Abrió uno de mis hermanos no-de-sangre. Y me miró con sus duros ojos de simpatía renaciente. Y entré, para verlos a todos allí, en la penumbra de las persianas bajadas, con los rostros bañados en la luz del proyector de nuestras ilusiones, todos acomodados en una "u" de mesas verdes repletas de marcas de vida. Supe que las explicaciones hubieran sobrado, así que fui hacia el que siempre fue mi sitio. Allí, acomodada entre el olor de Rosa y de Manu, en el hombro de José Carlos, con la presencia de Claudio, el despiste de Juanma, mi mano entre las de Saüda y mis pies junto a los de Paula. Y cerquita mi María José, y Julia medio dormida. Y los Alejandros semipendientes, y Jesús sonriendo desde el otro lado de la clase. Sabiendo que María Sánchez guardaba sus torrentes de voz para más tarde, como Eloy hacía de su tranquilidad una honda expansiva. Y Samuel se concentraba, junto a Cejudo, Fran y un Juan José que jamás perdía de vista sus cascos. Solo quedaba que Juan dejase de repartir cordialidad, y que Jesús Miguel recordara dónde estaba.

Entonces, sólo entonces, volví a mirarla. A mi gigante de metro ochenta, ojos azules y manos de madera. Que seguía oliendo al cuero joven y a la eterna primavera. Entonces me asintió. Y comenzó la proyección de cualquier cosa, de veras, cualquiera.

Lo importante es que así concebía yo mi descanso eterno.
Así, entre la gente que me hizo más feliz.
Y no lo hubiera querido de ninguna otra manera.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Grandes Ausencias

Poco a poco, el silencio fue apoderándose de mi vida. Engulló la mitad de las buenas risas, una parte de mis miradas lascivas, y el amor; me quitó todos mis hondos suspiros de amor.
Y en el silencio de mi vida, ni mis lágrimas sonaban. Ellas también se habían ido.

Estaba segurísima de que el silencio era (y es) la peor enfermedad. Pero también defendí que es mejor callar cuando no se tiene nada constructivo que decir. Para mí, mi familia casi siempre había permanecido muda. Salvo los que habían conseguido sobrevivir al tiempo y al espacio - con su inconmensurable peso - conseguían seguir rompiendo ese silencio aún hoy. De todas formas, temía que había llegado al punto en el que mis días coexistían porque no les quedaba otro fin al que agarrarse.

Llegué a la terrible conclusión de que mi vida no había sido condecorada con una mafiosa familia de pesados innatos, sino con un genial elenco de grandes ausentes.




Dentro de lo nuevo, lo fresco, lo ilógico, se encuentra el pasatiempo.
En lo viejo, lo conocido, lo cálido y sabido, aguarda lo tierno.

Pero todo lo viejo tuvo antes que ser nuevo. Como todo lo nuevo envejecerá.
Esconde en tu interior el poder de recrearte, de renacer y de soprender a todos los que se deleiten con tu compañía. En hacer nuevo lo viejo se encuentra la mayor maestría.

sábado, 30 de octubre de 2010

All About Us: Carta a Jenn Aniston

Mi querida Jenn:

Hace tiempo que quiero escribirte, pero no sabía exactamente cómo empezar.
De alguna forma, ambas sabemos que el grosso de la gente llamese, "corriente"; no entiende algunos de esos sentimientos que yo, por poner un ejemplo, pudiera profesar hacia vosotros. Vosotros, especialistas en disfrazar vuestro rostro de cualquier nombre para el que se os contrate, y hacer creer al mundo que habéis dejado de ser vosotros para protagonizar mil historias destinadas a conquistar al gran público en una pantalla más grande o más pequeña.

Pero en realidad, eso da igual. Yo sólo quería hablar contigo, y dejarte claro que me pone triste ver en lo que te has covertido.

Tengo en mi habitación como cientos de fotos vuestras. En blanco y negro, en su mayoría, de cuando aún grabábais Friends. Tengo un póster enorme en la cabecera de mi cama, de lo que creo es la temporada 4 o 5. También tengo enmarcada mi foto favorita vuestra, la de la mesa de poker. Seguro que la recuerdas. Y mi colección más preciada, aparte de todas las temporadas de la serie, que guardo con avidez; es mi preciosa carpeta con 800 fotos vuestras.

Y yo, de alguna forma, pensaba que seríais lo más seguro de mi vida. Que podría agarrarme a vosotros porque escaparéis a la muerte mejor que cualquiera de los que ahora me rodean. No envejeceréis, no más de esos 10 años de capítulos y fotos que guardo con recelo. Estáis inmortalizados, y creí que me bastaría con saber que podré disfrutar de vuestra compañía cada mala tarde, cada racha oscura en mi vida. Todo estaba bien si pensaba en vosotros como os conozco, todo estaba bien. Hasta que a Cecé se le marcaron demasiado los pómulos, y se separó de David. Hasta que a Lisa se le arrugaron la sonrisa y la locura. Hasta que a David se le canó la barba, a Mathew se le envejecieron las bromas y a Matt se le ensancharon los hombros. Hasta que a ti se te acristalaron los ojos.

Me ha costado tiempo darme cuenta de que hace mucho que dejaste de ser esa Rachel dulce y nerviosa. Si es que alguna vez te pareciste a ella. Ahora te veo y creo que eres un disfraz de ti misma, que tus ojos están más transparentes que nunca y sin embargo nadie puede ver dentro tuyo. Cuando veo un cartel, una fotografía tuya y no eres tú. Eres un invento del Photoshop. Cada vez que se rumorea, se especula, se trata sobre ti, Brad y Angelina en cualquier noticiucha del corazón, se me agarrota el pecho porque te has convertido en carne de cotilleo.

Ya no eres Rachel. Ni la Jenn Aniston que mejor la interpretaba. Eres una cara bonita que solía ser tantas cosas que abruma ver cómo lo has perdido todo. Eres la ex de Pitt, la eterna enamorada que aún no se ha recuperado del que para todos fue su peor error : dejar escapar al mejor hombre del mundo. Pero es mentira, Jennifer, tu peor error fue dejar de ser actriz, y convertirte en una mentira con piernas. Preciosas piernas, pero sólo eso; piernas.

Te echo de menos. Pero da igual porque no es culpa tuya que yo creyese que eras más de lo que eres. Culpa mía por ser tan inocente. Eres un espejismo, y odio que los espejismos me hagan sentir mal.

Gracias por el pasado Jenn, pero creo que te has perdido buscando éste falso futuro.


Con cariño,
Ove.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Likes&Fears

Me gusta que los carteles de la autovía me recuerden que vivo en el sur. Me gusta quedarme quieta en mitad de mi patio y dejar que el sol me atraviese la piel. Me gusta aflojar todos los músculos en un sofá y sólo reírme con mis amigos. Me gusta que Alecia y Catherine me salven en moto cuando tengo miedo. Me gusta creer que todos los parques sombríos podrían salir en una peli de Harry Potter. Me gusta imaginar mil formas de coger a alguien por sorpresa y marchitarme en su saliva. Me gusta tumbarme en las alfombras a que mi prima Julieta salte en mi barriga. Me gustan los vasos enormes de Coca Cola sin gas. Me gusta pensar que algún día mi cama olerá a alguien que no seamos ni yo ni el suavizante. Me gusta que una canción me haga sonreír tontamente, y poder encajarle el adjetivo simpática. Me gusta mirar por dentro a la gente. Me gusta acostarme tan cansada que cada trozo de cuerpo me duela y cada rincón de mi colcha parezca el paraíso. Me gusta ducharme sin prisas y que mi cuerpo huela a frutas, a flores y a perfume. Me gusta recordar los momentos felices y que se me inunde la cara de nostalgia. Me gusta recordar a la gente lo especial que es. Me gustan los días atemporales de comidas familiares.


Me dan miedo los seres vivos a los que no puedo ver la cara. Y los que tienen los órganos internos al aire. Me da miedo el fondo del mar, y hundirme en él. Me da miedo el silencio si va de la mano de la oscuridad. Me dan miedo los lugares demasiado pequeños, porque yo soy demasiado grande. Me da miedo que se me quemen mis libros. Me da miedo que la gente se vaya de mi lado. Me da miedo no llegar a vivir las mil cosas que quiero vivir. Me da miedo que mi vida pase y yo no la haya vivido. Me da miedo no ser lo que los demás esperan de mí.
Me da miedo la muerte. Me da miedo olvidar lo que es la luz.





Si bien siempre pensé que hubiera regalado mi vida en cualquier momento en pos del bien de la raza humana, me di cuenta de que en un mundo como el de hoy, valía yo más viva y vigilando mi propia lucha por el progreso que muerta y felizmente olvidada como una mártir más.

sábado, 23 de octubre de 2010

De cuando el mundo huele a ti, ocre.


Pequeña pequeña, enorme Sevilla.

Cuando huelen a ti las horas
cuando huelen a ti las gentes
hasta cuando huelen
a ti
las secuelas del otoño.

Cuando huelen a ti las fuentes
cuando huelen a ti las lluvias
hasta cuando huelen
a ti
los atardeceres de mi vida.

Huelen a ti
y me gusta que así sea.
Porque cuando huelen
no huelen a tus carnes
no huelen a tus senos
no huelen a tus piernas.

Porque no sé realmente
cómo huele todo eso.

Lo que sé es que
cuando huelen a ti
lluvias, horas y besos;
huele a ti, a tu tú de dentro
cada pequeño buen trozo
de mi afectuoso pensamiento.










Aclararé algo, algo que no hubiese querido tener que explicar.
Cuando yo hable de Sevilla, sabed que de lo último que hablo, es de la ciudad.
Mi Sevilla tiene piernas, mirada y nombre propio, real. Pero claro, eso es una historia digna de otro contar.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mosquito Goloso + Curvas

Dulce mosquito de mirada golosa,
que sepas que si te mato ahora
no es porque te quiera muerto
ni porque tenga nada en tu contra
es porque os conozco y volverás
luego, como si yo fuera tonta
y me pedirás tabaco
dinero
sangre
o cualquier otra cosa.





Curvas


De nuevo, Sevilla.


Cuando pienso en ti, todo son curvas.

Curvas de mis emociones,
curvas de crecimiento
de mis intenciones inconexas
de mi imperioso pensamiento.

Curvas las tuyas
curvo mi reflejo
la sombra que ilumina
un fotograma que no encierro.

Curvo el mundo
curva tu cadera
apretada fértil forma
envuelta en piel vaquera.

Cuando pienso en ti, todo son curvas.
De carpintero, de pintor, de poeta.
Porque eres toda, única honda.
Tu psiquis, tu habla, tus piernas.

sábado, 16 de octubre de 2010

Uno puede saber lo que tiene antes de perderlo

No sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde.

Mentira.
Tuve, tuve y retuve hasta que me sangraron las manos.
Agarré con fuerza los alaridos de felicidad,
estrujé la arena del poco tiempo que me quedaba,
arañé cal de entre aquellos azulejos terracota, me arrastré hasta que fuimos,
piedra a piedra, hueso a hueso,
lo mismo.

Lloré hasta que se me secaron las mañanas,
besé lo invisible, lo inbesable. Rompí con el mar, con el viento, con mi olor a tormenta,
y lo aposté todo al caballo de ojos verdes, ojos enamorables.
Deseé fuerte, centímetro a centímetro, una montaña rusa de olores y sabores;
y me perdí a mi misma en una relación de un sólo carril, hacia un abismo de orgullo insondable.

Y cuando me dicen eso de No sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde, digo
que yo lo supe, lo supe siempre.

Como sabía que lo iba a perder.


Quiero ser, y seré
una de esas mujeres a las que tanto tiempo he querido parecerme.

Quiero recogerme el pelo, doblarme las mangas y pasar a la acción. Ser coherente, inteligente, copiosa y exigente. Y fuerte, siempre fuerte.

Quiero hacer honor a mi segundo nombre artístico, Iris ; como la grandiosa Iris Simpkins que supo decirle a Jasper Bloom todo lo que tenía que decirle. Que se volvió a enamorar, y fue feliz.

Quiero terminar de hacerme a mí misma para seguir pensando que Calliope Torres, Alecia Moore y Mónica Geller, Chandler Bing, Joey Tribbiani, Rachel Green, Phoebe Buffay y Ross Geller estarían tremendamente orgullosos de mí.

Quiero ser como Arizona Robbins.

Quiero ser más grande que el sol. Quiero tener más peligro que un niño en Disney Landia. Quiero perderme en París y preguntar el camino. Quiero comerme los Estados Unidos.


Porque señoras y señores, haced el redoble de tambores,
que esta noche, yo quiero ser exactamente yo.

Mi bella flor marchita

Hubiese preferido que te quedases ausente, impávida, insolente. En algún momento feliz de mi vida. Que tu sonrisa aún me trajese algo caliente, que siguieran siendo dulces tus caderas.
Hubiera deseado que me pidieses perdón, haber cortado por lo sano y que siguieras siendo tú, un recuerdo cómodo y amado.

Que no te hubieras convertido en el fantasma de ti misma, en una antigua ausencia pesimista.
Que no fueras ahora lo que eres. De nuevo e inconsciente, mi bella flor marchita.


Empecemos a hablar con propiedad, Sevilla, y es que tengo por tu nombre una enfermedad.
Al momento del ejercicio de una actividad cualquiera, creo de verdad que comienzo a tener un problema de dependencia en el momento en el que despierta mi consciencia como si nada más pudiera oír al atisbo de tu nombre. En ese estrujo de mis cervicales, ahorco indiscriminadamente con las pupilas a cualquiera que haya proferido tu salado nombre sin saber de lo que habla.

Porque nunca saben de lo que hablan cuando hablan de ti.

Y quizás entonces, me dé por cantar. Y por bailar. Y por amarte. Porque a es a tu nombre que se debe cantar, amarte y bailar.
Que me maten si esto no es una droga de la mejor calidad.




Igual que ya dije en su momento que la única diferencia
entre un hombre y su guitarra es la forma;
hoy digo que el humano, su sonrisa y su ropa son uno, y nada más.

:]



De nuevo, gracias, muchísimas gracias a mi muy querida Elendilae, por estas alegrías que me das :]

Y gracias a todos los que os pasais por aquí, aunque no comenteis, y haceis esto lo que de verdad es, un rincón puramente familiar y sencillo.

Yo se lo concederé a estos compañeros que creo, se lo merecen de verdad:

Divago luego existo
The S word
Lesbicanarias
Desde mi azotea
Bury me in Whitehaven Parkway

martes, 12 de octubre de 2010

El primer gran error de tu vida

No has dado tu primer gran beso (porque no has querido)
No has tenido tu primer gran orgasmo, ni hecho tu primer gran viaje. Sabes que no.
No has sentido tu primera gran ausencia, no has conocido a tu primera gran profesora, ni a tu primer gran amigo. Ni siquiera has ido a tu primera discoteca de ambiente, o a tu primer gran bar irlandés, o a tu primer bar mitzváh; ni has cuidado de que tu mejor amiga no se suicide hasta las 4 de la mañana antes de iros a dormir. No has sacado tu primer gran suspenso, y desde luego, no has sonreído tus lágrimas por primera vez.

Pero de lo que estoy cada día más segura es de que, al dejarme ir, ya has cometido sin darte cuenta, el primer gran error de tu vida.


Cuando somos pequeños, nos transformamos en inagotables fuentes de preguntas pesadas, actos semivandálicos y citas memorables. De ésas últimas, parece que yo tuve alguna.

Aquella vez que con 7 años vi a mi padre liado en una bata vieja y fumando como un descosido, y le llamé patético sin ningún tipo de anestesia. O cuando mi tía y yo nos quedamos solas en su casa, y yo le pregunté que qué hacía aquel hombre en la puerta y que por qué no entraba. Aunque ella no veía nada (y yo ahora estoy convencida de que era el mismísimo Lorca)

Pero una de las más curiosas es aquella de cuando yo no tendría ni 5 años, me acerqué a mi tía y le dije "¿Te has dado cuenta de que lo más grande de la tierra es apenas lo más pequeño del universo?"

Y supongo que desde entonces, estoy tan obsesionada en descubrir qué es lo más grande de la tierra, para poder empezar a comprender los detalles del inmenso universo que nos envuelve. Porque las grandes causas, se comienzan con pequeños gestos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Idilio matutino de la luz y el borrador

Los haces de luz son espectáculo obligado en la danza matinal de cualquier centro de enseñanza. Quizá los más sinceramente bello de esta educación jerarquizada.

El borrados, ente perenne y servicial, goza de una fama escasa en comparación con lo útil de sus funciones. Pero yo conocí a una mujer que le daba un sitio distinguido en sus clases.
Conocidos eran los momentos de absoluto escandalo parlante en los que alzaba la historiadora de metro ochenta su magnánima mano y, con fuerza, empuñaba el borrador por su blandura y lo hacía colisionar con la pizarra. Temblaban de igual modo oídos y mineral oscuro, en una contradicción propia del que sería un acostumbrado estrépito para imponer el silencio.

Claro que, la verdadera magia a la que yo buscaba referirme es aquella que se deja hacer cuando la imponente hembra suelta el útil encima de la mesa, propiciando que el polvo de tiza, polvo sabio, vuele con la fuerza del golpe por encima de la mesa y a través del haz de luz, buceando.

Danza gloriosa del descanso merecido, el baño curandero de luz sobre la anatomía de roble del borrador. Danza de bailarinas graciosas, nube de ilusión y furia. Luz de mañana, mañana terciopelo.

Luz de mañana, una mañana más.



Cuando pienso en aquellos días, aún siento algo en mi interior que me hace sonreír. Me gustaría poder decir que cada uno de nosotros creció, salvó los obstáculos de la vida y supo llegar a donde quería llegar. Me gustaría decir que fuimos más grandes y valientes que nuestros semejantes, que fuimos más inmensos que las expectativas que todos tenían sobre nosotros.
Quisiera decir que fuimos felices allá dónde estuvimos, y que de alguna forma siempre permanecimos unidos por aquella fuerza intangible, aquel lazo más familiar que la misma sangre que nos hizo brillantes, más que cualquier fuerza terrenal.

Me gustaría contaros que llegaron a ser lo que siempre soñaron. Y que nunca se olvidaron de mi. Pero claro, nunca me ha gustado desvelas buenas sorpresas.
Ésa es, y será, nuestra propia historia.


[A los habitantes del castillo de mi alegría]

martes, 5 de octubre de 2010

All about Us: Elendilae

Atención, queridos ovejillos y ovejillas mías de éste mi pequeño prado.
Resulta que hay por ahí una pianista que teme por su integridad. Cree que debe rogar para que no le disparen. Y resulta que ruega de una forma delicada e incesante...entre letras, fotografías y música.

Mi querida compañera Elendilae, de nombre tan bonito como sus intenciones, me ha condecorado con este pequeño pero pesado premio. Ya lo he puesto ahí abajo, a la derecha, para poder alardear bien de él.

A ella, solo decirle que me gustaría comentarte más de lo que leo, pero sabes que siempre leeré de corazón, aunque no comente. Y gracias, gracias por cada uno de tus comentarios.

Ahora, a los que yo creo, les viene al pelo este premio. Mis 9 blogs que me hacen sonreír.


El roce hace el cariño
Siempre nos quedará Potedaia
Desde mi azotea
Divago, luego existo
De puntillas por el mundo
Los suspiros de la libélula
Ice-cream, Eis, Gelato and Me
The S Word
Bury me in Whitehaven Parkway


Gracias a todos, por cada palabra que me regaláis :)

lunes, 4 de octubre de 2010

Asedio interno


Llevaba una ciudad dentro
y la perdió sin combate.

Rafael Alberti

De las batallas grandes,
se honra al ganador
se aguarda al perdedor
y se olvida la sangre.

De las batallas de uno,
se marcan las razones
se corren las pasiones
y se quedan los ayunos.

De la victoria propia,
no hay espectador
no se clama al vencedor
y no se arde en euforia.

Porque cuando es uno,
propio y solo, el que batalla,
no es más que uno,
todo uno,
el que huye, el que invade,
y el que araña.

Uno es,
el que no escucha
y uno es
el que no calla.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Hot like México

Aquella bala escocía como debía escocer la saliva de Satán.

De su hipocondría desinformada solo escuchaba el curso de su imaginación, atravesando su muslo por el mismo camino que el trozo de metal había dibujado en pocos segundos. El olor de la sangre, agrio como la misma muerte, impregnaba sus manos, su nariz, su garganta.

Se arrastró por la calle que le había parecido tan segura, tan colorida y soleada. Como en aquellos preciosos cuentos de unicornios. Se agarró al picaporte de una puerta entreabierta, tiñéndolo del jugo de la humanidad, y agotado dejó caer todo su hermoso cuerpo en la primera pared que encontró al cerrar la puerta con fuerza.

La convulsiones de su pecho no eran tan importantes como el latir de su pierna , pero lo acuciante de la situación hizo más mella en él que la irrefutable gravedad de la herida. Se alzó en pie de nuevo, atento a cualquier ruido, y a horcajadas atravesó un pasillo que se abría en la oscuridad. Otra respiración tintineaba más allá de la esquina que tenía justo delante. El temor se condensó y corrió furtivo por su frente. Las tripas se le anudaron como para hacer uso de su longitud y recordarle que estaba allí, agarrado a un resquicio de vida. Que debía seguir caminando.

La curiosidad le pudo. Siempre supo que tenía algo de gato.


De detrás de la esquina surgió una fémina mitad cielo mitad infierno. Sólo de verla, cualquier letrado hubiera sentido a la mismísima Afrodita hecha mortalidad, en aquella mirada huidiza entre cascadas de pelo noctunrno. Algo se soltó dentro suyo, y quedó mudo de hermosura.

La bestia de caderas celestiales se le acercó sin titubear, ni temer a nada, y le sujetó el rostro clavándose en cada rincón de su cerebro, como la madre naturaleza debe reconocer a cada uno de sus hijos, viendo en sus ojos la raja de su muslo, la bala perdida e incluso su alma encogida. De esa forma que solo ven las personas de luz.

Y labio con labio, se fundieron sangre y vida. De lo jugoso de su beso, se le electrificaron las entrañas y perdió la respiración. Ahora sentía que había caído su pierna en una hoguera, que sus huesos carcomidos desaparecían para volver a generarse, y que la bala huía de su escondrijo para, de alguna forma, terminar cayendo al suelo.

En el último aliento que compartieron, sintió el cálido rozar de la brisa de un día de verano. Un día como aquel. En cuanto la desconocida retiró sus manos, a él se le retiró la consciencia.

Sí, tenía la pierna sana.
Y hasta la esencia se le había curado.



You know that I love you boy.
Hot like Mexico, rejoice
At this point I gotta choose.
Nothing to loose.

domingo, 26 de septiembre de 2010

De cuando el universo, el amor y la infancia, son tres cosas distintas.

Cuando en el colegio nos hablaban del universo, lo hacían como algo totalmente ajeno a nosotros, algo que no debíamos saber dónde quedaba exactamente. Y no nos aconsejaban, no nos advertían, de que nosotros también somos universo.

Somos parte de la mayor de las magnitudes, de la empresa con menos crisis, de la forma mater, del relleno de nuestro espacio. Forma de la ecuación mas intrínseca, del poema circunflejo, de la maqueta prototípica. Parte de todo, sin ser nada.

No olvidemos que nosotros, como nuestros primos asteroides, también somos asiduos a girar, girar, y a vagar sin rumo.


¿Es la cara de un niño, la emoción del peligro, la amabilidad en los ojos de un extraño? ¿Es más que fe, es más que esperanza?¿Es el esperar por nosotros al final de nuestra soga?
Digo, es amor. Digo, es amor.

¿Es a lo que llamamos hogar, la Tierra Santa?¿Es estar justo aquí, sosteniendo tu mano?¿Es solo como las películas, es el arroz y el encaje blanco?¿Es lo que siento cuando al despertar veo tu cara?

¿Es la primera lluvia del verano, los colores del otoño?¿Es tener muy poco, y aún así tenerlo todo? ¿Es uno entre un millón, una oportunidad para prevalecer? ¿Es estar justo aquí cantandote esta canción?
Digo, es amor. Digo, es amor.

¿Es un velo o una cruz?¿El regalo del poeta?
¿Es el rosto que ha puesto en marcha como un millón de barcos?

¿Es hacerte reir, es hacerte llorar?¿Es el sitio al que creemos que iremos cuando muramos? ¿Es cómo hemos sido hechos?¿Es el fantasma de tu madre?¿Es el deseo que estoy teniendo, por tu vida, por tu vida, sobretodo por tu vida?


No quiero decir que no tuviera infancia. Ya que la tuve, y muy próspera y feliz.

Pero ya por entonces iba un paso por delante. Era una niña, en plena euforica niñez, que asumió su condición de infante, se la cargó a la espalda y siguió caminando; sabiendo que como niña, podía y no podía hacer las mismas cosas que los adultos llevaban a cabo.

Sin darle más vueltas a la idea de una madurez que llegó odiosamente pronto.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nana del sol a los cinco continentes


Vive África, enorme animal
que en mapas eres achicada.
Vive África, enorme, alada.
Siglos de mugre en pos de acabar.

Ave Europa, reviva y rota
de romanos fieros descrita,
Como tierra madre suscrita,
ave tú, mi bella Europa.

Mi fuerte América de plumas,
madera colorada y aguas.
Gran desnudadora de fraguas;
fuerza llena, América en bruma.

Callo en Asia, silencio y fortín,
de vastas llanuras heladas,
pequeños paisajes de hadas.
Grito Asia, hasta tu confín.

Duerme Oceanía, húmeda tierra
de mamíferos en plena flor
en tu silencio atronador,
duerme quieta, dulce estepa.

Llora mundo, llora.
Llora para los que te imploran.
Llueve océanos, llueve.
Que nos acune el sol,
en nuestra danza de nieve.

sábado, 18 de septiembre de 2010

No tan loco

- Buen hombre, ¿Qué hace?
- Limpio mesas señor, con eso me gano el pan.
-¿Pero es que no sabe que ahí se ha sentado la mujer que amo?



Recapacitó. Podría decirse que a veces, resulta complicado diferenciar a un romántico de un loco corriente. Al final encontró la solución. -Tenga caballero, pero no diga nada que me pueden echar.- y le dio la servilleta doblada que quedaba debajo del plato que tenía delante. -Sepa que ésta fue la servilleta que usó.

-Oh, de acuerdo amigo. Muchas gracias por la ayuda.- y marchó.

Quién sabe. Quizás sí que la había usado la mujer que el loco amaba. Quizás los románticos se podrían curar con terapia.




Los celos son un monstruo de ojos verdes.
La esperanza es un arbol de raíces subterráneas.

All About Us: Jane Austen


Jane Austen, [Shane] como bien pronuncian algunos compañeros angloparlantes, fue una revolucionaria fuera de tiempo. Faltan mujeres así en muchos gobiernos.

Más allá de mi profundo amor por su generosa, fértil y turgente expresividad, la metodología mediante la que elaboró la obra maestra que fue su vida (siempre entendiendo como máximas el honor y la defensa de los ideales propios) me resulta encantadora y abrumadora. Bailando sobre la línea de la rebeldía, una mujer de convicciones y talento, en la Inglaterra victoriana del siglo dieciocho, puede terminar siendo muy peligrosa.

Y resulta que en algunas sociedades se concede cierta falsa moralidad a cualquier cosa que pueda salvar éste singular peligro. Como siempre, el miedo a los cambios en los cánones sociales, el pánico a lo absolutamente desconocido e incrontrolable intenta ahogar sus instintos como pañuelo que tapa la noca de un secuestrado.

Si bien hay millones de disputas sobre lo cierto o incierto de su reflejo de la sociedad que le tocó experimentar, aplico a ella mi benevolente teoría de la genialidad y aquellos que la cultivan: Los conflictos en opinión suelen acompañar aquellas personas de un genio revolucionario e importante. Como Austen, P!nk, Gaga o Sheldon Cooper.

Si hay dos bandos, dos opiniones, disputas en general, quiere decirse que hay algo verdaderamente contundente y merecedor de ser reflexionado en el tema tratado, ya sea sustancial o insustancial. Quizás por eso sé que yo nunca seré un genio.

Pero acabaré aquí, momentaneamente, diciendo que encuentro en la llamada por algunos Jane de Inglaterra, una figura hermosa, fuerte, convincente y racional. Una de esas personas que a mi me gustaría tanto llegar a ser.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Héroes, heroinas y heroicidades

No me gusta creerme héroe o heroína, de nadie. Menos de mí misma.
Pero claro que me gusta hacer apología del valor, el valor en el que se forjan los héroes.

Se dice millones de veces que no son tan valientes los que no temen a nada como los que sí temen y se sobreponen al miedo. Bonito, supongo, será que yo tengo una preciosa colección de 6.250 miedos diferentes, y esa idea me reconforta.

También dije que a veces, duele sólo el saber a ciencia cierta que dolerá, en algún momento, en algún lugar. Dicho sea de otra forma, el dolor como preludio del dolor.
El problema viene de que yo ya cumplí con mi cuota de dolor como espera, esperando a un dolor que debería manifestarse ahora, o así estaba esperándolo yo.

Nada mas lejos de lo cierto, cuando limpio, ordeno y desinfecto mis zonas vitales instintiva, frenéticamente y ahogando las lágrimas, sabiéndolo pero sin saber. Y en una nube de polvo pierdo el norte y estornudo, como estornudamos en mi familia, haciendo temblar el suelo.

En ese estornudo se rompió la presa, y brotaron las lágrimas. Pero minuto y medio después coaguló todo el dolor, terrible tormenta parda que con uno de mis seis mil miedos esperé. Y entonces, entonces llegó lo peor.

Porque ya no duelen los sucesos afilados, ya no duele casi nada. Lo que sé es que tendré que soportar la desmedida carga de unos cinco días como cinco soles, con sus calores insalubres, antes de la llegada del nuevo comienzo.

Que estoy perdida, perdida por dentro, perdida.
En el mundo, en mi vida, a cinco minutos de la línea de llegada.
Esa que es a la vez la de partida.


Tenías que dolerme. Algo no está bien, yo debería estar destrozada.

Pues...mejor que no lo estés, ¿no?

Qué vá. No estar mal, eso es lo que me da mas miedo.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Cookie Monster

El pequeño Marco Alejandro Forero era famoso en su colegio por su talante, su carácter enamoradizo y su inseguridad intermitente y traicionera. Como siempre se excusaba, creer en la bondad humana no era de ingenuos, sino de soñadores esperanzados.

Un día como otro cualquiera, se decidió a hacer galletas con su madre. Ambos tenían talento para la repostería, y su pechito se llenó de orgullo cuando estuvieron todas horneadas y ordenadas en una inmensa fuente de plástico azul encima de la mesa. Tenían formas distintas, estrellas, círculos, cuadrados... y muchos adornos diferentes, chocolate, azúcar, nueces troceadas muy pequeñitas... y había una en especial con forma de corazón que Marco había adornado con chocolate y bolitas de colores. La puso en una servilleta y se la llevóa su cuarto, la puso encima de la mesilla de noche y se durmió pensando que así debía de ser el corazón de aquella señorita que tan dulce sonreía. Estaba totalmente seguro.

Y a la mañana siguiente, corrió a poner en un plato su corazón de galleta con algunas otras, para llevárselo a clase.
Cuando llegó, dejó el plato con cuidado encima de su mesa, tapado con cuidado para que nadie husmeara. Y esperó impaciente la llegada de su profesora.
En cuanto entró, a él se le paró el reloj de dentro del pecho, pero se agarró fuerte a la pieza de porcelana y con la decisión de los héroes mitológicos (sí, esos que llevaban falda pero andaban igual de erguidos) se acercó a la mesa de la joven de sonrisa caramelo.

-Señorita, he hecho galletas en mi casa. ¿Le apetece una? - Y rezó ciento cincuenta y dos veces, muy pero que muy rápido y en voz baja, que por favor, eligiese el corazón.
- Pero qué buena pinta, Marco. De acuerdo, cogeré una...ésta. Muchas gracias tesoro.- Y se llevó a los labios el corazón de Marco.

Volvió a su sitio dando zancadas de dragón, de dragón feliz. Alecia cogió otra galleta del plato y lo miró con ojillos curiosos. Marco, que no podía separar los ojos de su profesora de colores, le murmuró - Cogió la galleta que le hice.

Y Alecia bufó- Pues claro, tonto. ¿Qué hubiera podido hacer alguien como ella sin su propio corazón?


8 de Septiembre.
Feliz, feliz cumpleaños P!nk, Pinkie, Bad Girl, Alecia Beth Moore...mi pequeña, pequeña Alecia :)



lunes, 6 de septiembre de 2010

No es tanto el calor, como tú, Sevilla.


Creo que de verdad quería creer que ese verano había cambiado muchas cosas.

El haber crecido, de una manera diferente y en un millón de significados distintos, me puso más cerca de todos ellos. Era como si ese lapso de 3 meses fogosos y eternos hubiera desbaratado todo el esquema, y me hubiera sacado de un círculo de tiza en el suelo para meterme en otro, mucho más grande y complejo.

Creo que quería pensar que había algo más distinto en Sevilla, algo más de lo obvio, que el sol había tatuado su piel del sabor de las avellanas tostadas. Algo había en su risa, que seguía intacta en su escala de notas agudas, pero inexplicablemente cambiada. Había algo en sus manos, lo juro, algo que no estaba en su sitio.

No sé si era consciente de que aquel verano había sido el mejor de mi vida sólo por los hechos que marcaron su principio y su final. Los hechos, y las personas que los condujeron.
De verdad creo que había algo más caluroso en su piel, algo que se absorbió parte de los ardores que siempre me había provocado dentro.

Posiblemente, si me hubiera dicho que se había prometido, o que se había casado en las Vegas en un impulso celestial, o que había encontrado otra persona que la miraba furtivamente mejor que yo, lo hubiera entendido sin mucho esfuerzo. Pero no lo dijo, no dijo nada.

Se limitó a sonreír, a perseguir de nuevo un camino que a mi me dejaba atrás, y a sembrar el universo que se partía en el suelo entre sus pasos y mis pies de picantes frutas de pasión. Una pasión que juraría, había visto su renacimiento aquel maravilloso verano.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Sentencias más grandes que la persona que las dice


Cómo hablas, dios mio... me encanta.

Para eso se supone que es lo único que sirvo :]

¿Te parece poco? ¿Tener el don de escribir así?

Emocionas. Robas emociones que no son tuyas, las conviertes, las traspasas.
Lo agrandas todo como si tuvieras una lupa en el pecho; y de nuevo te digo que no sirve de mucho cuando tienes la sensación de que acabarás tú sola con todas esas historias. Preciosas historias. Nadie se para a recordar, hoy todos vamos rápido, y no importa la frase de amor absoluto que dijiste hace una semana, porque esa persona a la que se lo dijiste la coleccionará, la guardará en su álbum de Cosas que me merecía y la olvidará.
Y algún día, con suerte, lo recordará y pensará en ti con cariño.
Pero no servirá de nada, porque tú solo podrás pensar en que finalmente, aquella persona, no te besó.

Te entiendo. Es más, sé exactamente lo que quieres decir... y sí que es verdad.
Pero tú no te vas a quedar sola.

jueves, 2 de septiembre de 2010

1 de Septiembre

La electricidad de firma Gaga, como cualquier sustancia tangible, como un elemento más, se filtró entre el algodón de tus auriculares negros. Y claro, nada podría haber evitado que llevarse el dedo a la rueda del volumen resultara tremendamente atractivo.

Caminar rápido, cuando nada te detiene y todo te retiene, y sentir el mundo a tus pies y el cielo sobre tu cabeza, como siempre deberían estar. Pero sentirlo. Las horas líquidas en mitad del paraíso, y todos los problemas de manos perfectas y princesas desquiciantes quedan atrás. Y la felicidad, en su cópula danzarina con la electricidad, plantea el viaje que te lleva al éxtasis menos carnal, más espiritual.

Risas, caras, pieles y roces. Historias. Todo, todo, en el(mi) lugar más bonito del mundo.
Y en mitad de la calle, el primer día de tu mes favorito del año, gritas como si pudiera escucharte cada chino del mundo. Gritas porque lo sientes. Soy feliz.




Casi puedo sentir tu peso en mi cama.
El tímido beso de tu carne
en los muelles de mi vida.

Y si la duda cupiese, copara o cupiera,
sabes que te esperaría
toda la primavera.

Y si la duda volviese, entrara o saliera
sabrás que te esperé
mi vida entera.

1 de Septiembre.
Gracias, vida.

viernes, 27 de agosto de 2010

All about Us: Tan familiares que me parecéis extraños.

Me sois tan familiares que a veces, casi me parecéis extraños.


(Joey) Voy a hacerte lágrima. Te haré idiotez, te dibujaré locura, te quitaré cana y te volveré a hacer, grande, joven y fuerte.

(Chandler) Voy a hacerte carcajada. Te haré golpe, te escribiré tirada, te recordaré doliente y te volveré a hacer, graciosa, querido y sonriente.

(Ross) Voy a hacerte escultura. Te haré mirada, te retorceré niñez, te llamaré obstinado y te volveré a hacer, pequeño, maduro y casado.

(Phoebe) Voy a hacerte bruja. Te haré cordura, te quitaré seriedad, te pondré guitarra y te volveré a hacer, cercana loca y sana.

(Rachel) Voy a hacerte coherente. Te haré modelo, te descoseré el disfraz, te pintaré transparente y te volveré a hacer, indiscreta, inquieta y nunca indiferente.

(Mónica) Voy a hacerte carne. Carne de mi carne. Te haré diosa, te adaptaré persona, te mostraré el mundo y te volveré a hacer, suave, herida y de aire puro.

Os llevaré hasta dónde nos lleven mis pies, os colgaré de mi cuello y seréis yo, que a mi lado os llevo.
Os subiré al cielo y nos haremos inmortales juntos. Porque sois los guardianes de mi sueño.


Remember my name.
I'm gonna live FOR EVER.

miércoles, 25 de agosto de 2010

De cuando hago memoria, memoria de mis putas tristezas.

Puedes quedarte con mis sonrisas, sus caricias en mi brazo, la electricidad que me recorrió y los versos que compuse. Puedes quedarte nuestras canciones, su indiferencia. El perfil de su nariz, la laguna de sus ojos, mis sueños y reposos. Las 8 mil horas que pasé pensando, componiendo mil disfraces para un "nosotros".
Las fuerzas que malgasté, los momentos en compañía, las lágrimas, los autoreproches, mi inseguridad y mi cobardía, sus "no" sin más vueltas, todas las cosas que quise darle y todos mis planes para hacerla feliz.

Te puedes llevar todos sus brillos, sus abrazos, sus colores y sus olores. Puedes llevarte estos años malgastados, sus silencios, mis celos, sus ausencias sin romanceros. Llevate hasta los medios te quieros.
Puedes llevártelo todo, que yo te lo regalo. Que no me lo quitas a él, ni a todos mis personajes. Ni a mis pájaros, ni a mi sol, mi luna y mi mar amado, mi mar salado. Que yo tengo mis letras, mis canciones y con mis lágrimas ya me basta.

Yo le abrí las puertas de mi tranquilidad, porque quería compartirla, porque las creía necesitadas.
Y ahora puedes quedartelo todo, que yo, yo ya no quiero nada.


Siempre he tenido la sensación de que nadie me entendía, de que nadie sabía quien era yo y qué me había llevado a la situación en la que estaba. Y ¿ sabes una cosa?, cuando nadie te entiende, tampoco te puede pedir cuentas nadie. Pero los muertos sí. Ellos sí que te entienden. No hace falta que estuvieran allí, pero si estuvieron te entienden aún mejor. Aquí en la cárcel estaban conmigo constantemente. Venían cada noche, aunque no siempre los esperara. Antes del juicio todavía podía ahuyentarlos cuando querían venir.

Hanna Schmitz, "El lector" (Bernhard Schlink)


A veces me gustaría terminar de estar loca. Loca o bipolar, pero serlo del todo.

Para poder tirarme a la piscina sin pensármelo dos veces, que es lo que estoy deseando hacer ahora mismo. Tirarme, sentirme cálida, encontrrme y sola. En silencio.
Me gustaría terminar de estar loca, y dejar de sentir que solo lo medio estoy. Que en este estado, ni me dejo llevar por el instinto, ni por mi medialocura, ni por mi corazón. Todo se queda en mi cerebro y lo que creo mi lógico. Luego está todo lo que no puedo controlar, que se queda rondando como si debiera haberlo controlado, haberlo sabido controlar.

Solo quiero silencio. Silencio para poder gritar. Y las voces no son reales, pero siguen sonando.
Quisiera poder decir que me has terminado de volver loca, o bipolar. Pero sobretodo, me gustaría decir que al fin me tiré a la piscina.