lunes, 31 de mayo de 2010

Ensayo sobre mis cegueras

Me relataste como descubriste las dos caras que ella poseía, y desde entonces me empecino en no cegarme con ésta faceta que tanta bondad aparenta.

En tanto ella me confió el vacío que le intuía a él detrás de toda su sabiduría disfrazada. Desde entonces, no he podido parar de encantarle escapes a su escafranda de mentiras hiladas.

Solo conservo la mirada pura para aquellos que me dijiste no conocer del todo, y casi que me alegro de aquel agujero en tus informes. No porque no te crea, no porque no quisiera tus razones. Mi sed superó siempre a tus cosechas. Me alegro porque en mi juicio no cabían esos recodos de sus periplos que solo tú y los de tu rango tenéis la posibilidad de ver.

Y ahora, de lo mas oscuro solo saco una conclusión.
Eres una de esas pocas verdades que seguiré, siempre consciente de mi ceguera.




El invento privilegiado, arañado, sonando con su tintinear de noticias frescas, de voces calientes. Y la mano que tienta las teclas numeradas, y una cifra larga que parpadea debajo de un nombre bien conocido. Y una, dos y tres. El teléfono no suena. Y aunque no sé a quién quiero llamar, me flaquean las fuerzas. Aunque supiera exactamente a quien me muero por llamar, que no dejo de saberlo, siempre me esconderé. Siempre me quedaré a medias.

Una voz tan inexistente que casi suena, y el auricular me mira con desdén, como si le molestase mi indecisión. Presa toda yo, de mis quebraderos de chaveta. Y una, dos y tres. (En) el teléfono no suena(s).

1 comentario:

Sombragris dijo...

CONCLUSION????cuentame como puedo ser consciente de mi ceguera "viendo"?e