domingo, 23 de mayo de 2010

Welcome to your life

Te dibujaré, te fotografiaré, te pintaré de estrellas. Te tendré en mi mente, en mi cama, en mi ducha y en mi plato. Te viviré hasta meterme entre tus sienes y empezar a pensar como tú, como yo te creé, como siempre deberás hacerlo. Te vestiré y desvestiré a mi antojo, te necesitaré y tú me necesitarás, porque serán mis manos y mi sangre las que te den vida, las que te crezcan desde dentro. Por eso y solo por eso, bienvenida Catherine.

Bienvenida a tu vida.


La puerta se abrió despacio, quejandose a cada centímetro de ser abierta. Resonaban sus pasos como si el mundo se hubiera consumido en silencio, resonaban sobre un suelo que ella misma no estaba segura de que existiera. Entró en la sala cuya puerta acababa de abrirse con un solo pensamiento suyo y vió como una docena de sillas puestas en filas y agrupadas por colores. Sillas rojas, sillas violetas, sillas negras, sillas verdes. De repente, notó que alguién abría una puerta de uno de los laterales de la sala (¿estaba esa puerta ahí antes?) y, en un impulso subconsciente, lanzó su mano izquierda hacia debajo de su brazo derecho, como si fuese a agarrar algo así como... una pistola. Pistola que no encontró.

Perpleja, levantó la vista hacia la puerta. Ya no estaba. Pero las sillas estaban ocupadas. Las 9 sillas violetas ocupadas. Las 5 sillas verdes ocupadas. Dos sillas blancas, dos sillas azules, dos sillas grises...pero había una marron que no estaba ocupada. Una de las violetas, una morena de ojoz azules y helados, se levantó y se acercó a ella. Cuando estuve delante suya, la abrazó.

"Bienvenida a casa, Catherine" le susurró al oido. Algo estalló dentro de su pecho. Algo familiar había en esa voz. Los ojos se le inundaron sin poder remediarlo.

"Querida, yo no quiero empezar con mal pie, pero si vas a quedarte mucho rato aquí, alejate de mi mujer o tendré que morderte"
Las palabras llegaban de otra de las personas sentadas en las sillas violetas, justo al lado de la que se había quedado vacía. Una mujer de ojos verdes y melena castaña le sonreía con sorna. Todos en la sala rieron, ella incluida. La morena le soltó, le apartó el flequillo pelirrojo de la cara y se volvió a sentar, tomando de la mano a la que antes había hablado.

Una chiquilla se levantó de una de las sillas verdes. No podía tener más de nueve años, y saltando alegremente, le tomó de la mano. Le guió hasta la silla marrón y le clavó sus impertinentes ojos violetas "Éste es tu sitio. Yo soy Victoria. Tú te llamas Catherine. Seguro que seremos buenas amigas." Y la pequeñuela volvió a su sitio, al lado de un señor mayor de aspecto saludable y gesto sabio.

Y entonces, todos comenzaron a aplaudir.

Bienvenida a tu vida, Catherine.

1 comentario:

Sombragris dijo...

Tiene sentido para ti...lo tiene tambien para mi,jovencita...jejeje...besos...y chapeau