domingo, 6 de junio de 2010

Y el fuego avivó el alma

Abrí los ojos sin reconocerme ni a mi misma. El peso de la mayor de las tormentas me nublaba toda, razón y recuerdo, y estuve como diez minutos sin poder pensar en absolutamente nada.

Tragué saliva, y solo entonces reconocí que estaba viva, que tenía la garganta seca y la lengua envuelta en un agrio sabor a muerte. Gire el rostro a la derecha. Allí estaba Alecia, pero yo no lo sabía. Sea entendido, me invadieron las ganas de llorar al verla, pero no supe reconocer su presencia. No recordaba quién era. Se acuclilló junto a mi cama y, aunque yo no hubiera podido recordarlo, me rozó la mejilla con sus yemas tibias como siempre hizo.

-Estamos aquí. Y tú, tú estas tan pálida...

Alecia nunca llora. Alecia me estaba llorando. Y yo solo encontraba silencio dentro mío.

-Todos están fuera, esperando. Y yo no podía dejarte sola, te prometí que nunca lo haría. Pero casi eres tu la que se va sin despedirse.

La humedad de su tristeza preñó sus labios, y cuando se acerco a mi para sostenerme desesperadamente la cabeza y besarme en la frente, la luz se me hizo. Recordé, me quemó de claridad. El aire se agazapó en mis pulmones y al fin la vi. La vi, mi vida, toda bañada en sonrisas y dolor. Pero cuando volví junto a Alecia, justo cuando me inundé de su olor a aguacero, me encontré cegada de nuevo.

Me tomó la oscuridad, me llenó al fuego. Y entonces, sentí como me crecían, al fin, las alas.

3 comentarios:

Alice Parker dijo...

Sí, el verbo preñar hace que el texto sea absolutamente increible.
Y Alecia da un toque dulce, el fuego, precisamente, que aviva el alma.

You know I love you soooooo much! (L)

^^

Mayma dijo...

Me tomó la oscuridad, me llenó al fuego. Y entonces, sentí como me crecían, al fin, las alas...

juas! simplemente, juas!

te enlazo, ok?

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Grcias!

Sombragris dijo...

TRemendo,baby.Sigue asínnnnn.Besos