miércoles, 28 de julio de 2010

Let's make our dreams come true :)


"-Él es cantante, necesita su pulmón." Grey's Anatomy, 06x12

Pregúntale a un médico por qué quiso ser médico. Y te dirá que quería salvar vidas, sentir la pasión de tener un corazón entre las manos o por la paz que se transpira entre la piel y el mundo cuando has arreglado lo inarreglable. Pregúntale a un profesor, te dirá que lo llevaba dentro. Eso es lo que debería responderte cada buen profesional al que preguntases. Ocurre que te encontrarás con aquellos que no tuvieron mas remedio o se vieron en la necesidad de hacer algo que realmente, no les gusta. O que al menos, no les disgusta, pero lo que es peor, tampoco les apasiona.

Todos nacemos para ser algo. Que no os engañen, vale que la vida nos obligue a tomar otros caminos, vale que se ten bien muchas cosas, puede que quizás no tuvieras suerte con tus sueños. Pero estamos hechos para hacer algo. Puede que nazcas para ser cajera del Mercadona. Puede que nazcas para ser telefonista de Epresa. Puede que nacieses para ser presidente de los Estados Unidos de América. Y puede que no trabajes en nada de eso, ni que llegues a hacerlo, pero lo eres. Y serías el mejor si consiguieras desempeñarlo. El MEJOR.

Desgraciadamente, no existen ni máquinas ni fórmulas para diagnosticarnos a cada uno nuestra denominación laboral, por lo que no todos lo descubren. Y hay otros que lo cambian, o se autoimponen otro relleno para sus vidas de peluche. Pero está claro que nacemos para ser algo. Aunque no sea lo mejor visto por esta sociedad nuestra.

Conozco a alguien que ha nacido para ser neurocirujana y será la mejor. El camino no será fácil, ya lo sabemos ambas, pero será la mejor. Nació para eso, con las manos, el cerebro y el corazón. También conozco a alguien que nació para ser profesora de Historia. Y os aseguro que es la mejor. Con las manos, con la gracia y con el corazón. Y así, con una escaladora de montañas, un cantautor, un sociólogo y una deliniante.

Por eso hoy, que yo no sé exactamente qué soy, creo que todos deberíamos luchar por saber en qué vamos a ser de lo mejor que se pueda encontrar.

lunes, 26 de julio de 2010

Tus labios salvavidas.


Me encuentro en el centro
es esta cúpula de hielo.
Y de mi brote de cariño
saco que me sobra el cielo.

Mi pecho se colapsa,
caigo más allá del suelo.
Me quedo quieta, es otra historia,
pasión muerta de un intento.

Y escondo en tu garganta
todas las respuestas cuerdas.
Y busco entre tus piernas
el licor de fría sandía.
Que imagino agazapado
esperando que algún día
accedas a salvarme con
tus labios salvavidas.

Y pierdo en tus caderas
la cordura que me queda.
Y encuentro en tus ojos
el color de mi bandera,
que me implora de reojo
la libertad de golondrina
que confía la primeravera a
tus labios salvavidas.

Me encuentro en el centro
de mi lengua desvalida.
La paz que aquí encuentro
sé, no es más que una mentira.

Con el dinero que he gastado
entreteniendo mis ardores.
Corriendo mil cien riesgos
para colarme entre tus bosques.

Que no ves,
que no entiendes.
Que aquí estoy para ofrecerte
esta vida y la siguiente.

Y escondo en tu garganta
todas las respuestas cuerdas.
Y busco entre tus piernas
el licor de fría sandía.
Que imagino agazapado
esperando que algún día
accedas a salvarme con
tus labios salvavidas.

viernes, 23 de julio de 2010

Sudokus

De alguna forma, hoy me doy cuenta de que todos intentaban alejarme de ti. Todos sabían que no eras buena. Ni para mi corazón, ni para mi salud.

Pero yo no escuché a nadie. No escuché a nadie, porque solo quería escucharte a ti.



-Sabes que solo hay dos o tres formas de enamorarme.
-Lo sé. Pero déjame intentarlo. Te olvidas de cuánto me gustan los rompecabezas.
-Sí, en eso llevas razón. Eres la única persona a la que se le ocurre entrar en el baño mientras me ducho para dejarme sudokus en el espejo empañado.

lunes, 19 de julio de 2010

Confesiones de media mañana

De mi instituto me llevo sonrisas, lágrimas, abrazos, malas caras, y ante todo, superación. Y pienso en cualquier segundo de esos inmensos cuatro años y echo muchas cosas de menos, sí, pero no volvería atrás. Me quedo con lo aprendido y a seguir para adelante. Aunque en realidad, volvería atrás solo por una cosa....


Echo de menos hasta los momentos en los que yo no era nada en tu vida.
Echo de menos verte cada día.



De veras envidio a aquellos que hacen música. Los seres extraordinarios que con las manos se dedican a convertir la madera, el metal, el aire y los pellizcos de cuero en emociones musicales. Yo soy totalmente nula para ello, como poco, me acerco a algunos ritmos básicos y parcas melodías con mi armónica querida. Pero, de todas las cosas que hago bien con los dedos (algunas de ellas, que nadie se ha atrevido aún a degustar) yo me quedo con ritmo de tecleo en el viejo teclado negro del ordenador de mi cuarto. Ese que nadie conoce como yo.

Me gusta el sonido de las teclas cuando escribo, imprimo letras fosforescentes en una pantalla abierta al mundo más complejo, las redes que se nos escapan de las manos, los momentos plasmados en este lienzo de electricidad y música. Música de teclas.

Y como tantos me dicen respecto a sus instrumentos, si paso tiempo sin tocar, el reencuentro es soberbio y dulce. Con eso me quedo, recogerme el pelo y ponerme a teclear.



Me paré a escuchar cómo un encargado de corbata amarilla le ofrecía detalles a otro señor de corbata, también amarilla. A los ingleses les gusta mucho ese color, es como si llevaran el sol cerca del pecho. El sol que no tienen, eso decía mi padre.

Louisa - "Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar" Almudena Solana

martes, 13 de julio de 2010

All about us: Carta a mi pequeña Mon

Pequeña mia:

Hace ya muchísimo tiempo que os fuisteis. Y solo algo menos desde que me di cuenta de que os habiaís ido. He tardado tiempo en escribirte pero ya sabes cómo son estas cosas. Una tiene que llevarse hacia delante a sí misma y a todos los que quiere, mejor que nadie sabes tú que siempre he sentido que debo ayudar a mi gente mientras me quede aire en los pulmones y sangre en las venas. Se lo debo.

Por otro lado, lo que me ha llevado a escribirte es que el otro día me compré un jersey gris. Sí, aquel que llevabas tú cuando te peleste con David jugando al fútbol el día de Navidad, hace así como 5 años. Te dije que estuve antojada por uno igual, aunque éste sea gris y el tuyo azul. Y ahora que por fin lo tengo, solo puedo esperar que lleguen pronto los fríos aguaceros del proximo otoño para ponermelo y quedarme calentita frente a la chimenea.

Tampoco sabrás nada de los últimos sucesos que han ocurrido por aquí. Pues mira, resulta que debo de tener algo de talento para esto de juntar palabras, porque he ganado un par de premios y he conseguido coger un ritmo de trabajo y aprendizaje bastante beneficioso. En mi graduación, sin ir mas lejos, el discurso lo hice yo. Y parece que quedó bonito y todo.

Siguiendo por esos caminos, me he graduado y de nuevo, todo el mundo parece contento (la primera yo, claro) Miradas de orgullo y abrazos, palmaditas en la espalda y asombros me persiguen cuando se habla de mis notas. Aunque yo, ya te lo dije alguna vez, sigo pensando que no es para tanto. A veces me siento un poco fraude...no me preguntes por qué.

A día de hoy, estoy aprendiendo de una vez a querer y a que me quieran. A querer "bien" como diría Gu, todabía no sé si he aprendido. Pero me gustan mis amigos, que me demuestran que están ahí cuando los necesito. Y están esas tantas otras personas (aquella del metro ochenta que te dio el apellido, la primera) a las que echo en falta y que defendería hasta la muerta. Y mis papás, y bueno, en general todos andan bien. Con sus más y sus menos, nuevos y viejos, pero andan bien.

¡Ah! Tengo que presentarte a Alecia. Seguramente te encantará. Es genial y está todo el día pegada a mi, cuidandome, secandome las lágrimas y demás. La conocí por casualidad y desde entonces, me acompaña con cariño y cautela. Es mi última manera de sentirme cuerda y segura. Permanece en ese lado de la vida, el tuyo, el suyo, el de Dave y Alice... vosotros, seres de magia.

Respecto a aquello que me quema tanto por dentro desde hace tanto... ha mejorado algo, supongo. Quizás no tanto como me hubiera gustado. Sigo creyendo que no encontraré a nadie como ella jamás, pero he aceptado que es mejor así. No quiero una pasión desenfrnada e inmensa, porque sé que no funcionará jamás. Sólo espero que venga alguien a besarme, a abrazarme de noche y que huela a jazmines y a tormenta. Y me haga sentir especial. Eso que tú tienes con Paula. Supongo que es lo que quiere todo el mundo, ¿no?

Y bueno, debería ir acabando. Siempre has sabido que te he querido, que tenemos tanto en común que a veces me gustaría pensar que te reirás con las mismas situaciones que yo y te apenarás con las mismas imagenes. De veras espero que estés disfrutando, allí dónde estés, de todo lo que te propusiste hacer. Pero recuerda que siempre te llevaré muy dentro mio. Porque, al fin y al cabo, siempre has sido, incluso cuando no has estado.

Con todo mi cariño para ti, pequeña Mónica;
Ove.

PD: Y sobretodo, recuerda que TE ECHO DE MENOS.

martes, 6 de julio de 2010

De cuando te, de ti, contigo....


Si me da por sangrar
te sangro
sangro de ti
sangro contigo.

Cuando sonrío
te sonrío
sonrío por ti
sonrío contigo

Si vuelvo
te revuelvo
vuelvo sin ti
vuelvo contigo.

Pero al llorar
te lloro
lloro ante ti
lloro contigo.

Más me retuerzo
te retuerzo
retuerzo en ti
retuerzo contigo.

Pero no
no te equivoques.
Yo no vivo.
No te vivo
no vivo contra ti
no vivo contigo.

Yo sólo duermo
te sueño
veo desde ti
y sólo creo contigo.

lunes, 5 de julio de 2010


-¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas que te expliqué, Alecia, por qué me gusta tanto dormir?
-Para serte sincera... no. Estaba ocupada secandote las lágrimas.
-No me despistes. Te dije y te repetí que si me gusta tanto dormir es solo porque es el único lapso de tiempo en mi vida en el se me permite dejar de pensar.




Hablar bajito, y no tener sensaciones de culpa.
Y un te quiero a gritos, y un abrazo sin dudas.


viernes, 2 de julio de 2010

Nouvelle Zelande


En mitad de aquella grande, inmensa sala con un toque acogedor que hacia temblar todas sus inquietudes, comenzó a ser consciente de lo que había pasado.

Se estiró sobre el falso mármol con el que se había hecho cubrir el suelo de aquella pobretona sala de recreaciones, ahora vacía. La sangre retomaba su natural movimiento muy lentamente. La sentía arder por debajo de la piel, cosquilleante. Pero cuando posó el dorso de sus manos sobre el mencionado suelo, le sorprendió algo que para muchos hubiera pasado desapercibido: contra toda esperanza, no estaba frío.

La desilusión asomó en su rostro medio segundo, cuando empezaron a sonar las flautas. Los pájaros, el río, la idílica tranquilidad que la vida había arraigado en sus ideales de paz. Una cortesía musical tan poética como ella misma, que la llevó a ese frío perdido, a ese verde incontrolable, a su paraíso escondido. La libertad guerrera, la familiaridad hospedada en el alma, de esa forma que solo una tradición perenne durante tu más tierna niñez puede hospedar.

En aquella sala, el ruido dejó de ser ruido por primera vez en semanas. Cando sonaron las flautas, las voces, esas que ella solo conocía en Nueva Zelanda.




Creo que no entiendes, Sevilla, que me tienes loca.