viernes, 27 de agosto de 2010

All about Us: Tan familiares que me parecéis extraños.

Me sois tan familiares que a veces, casi me parecéis extraños.


(Joey) Voy a hacerte lágrima. Te haré idiotez, te dibujaré locura, te quitaré cana y te volveré a hacer, grande, joven y fuerte.

(Chandler) Voy a hacerte carcajada. Te haré golpe, te escribiré tirada, te recordaré doliente y te volveré a hacer, graciosa, querido y sonriente.

(Ross) Voy a hacerte escultura. Te haré mirada, te retorceré niñez, te llamaré obstinado y te volveré a hacer, pequeño, maduro y casado.

(Phoebe) Voy a hacerte bruja. Te haré cordura, te quitaré seriedad, te pondré guitarra y te volveré a hacer, cercana loca y sana.

(Rachel) Voy a hacerte coherente. Te haré modelo, te descoseré el disfraz, te pintaré transparente y te volveré a hacer, indiscreta, inquieta y nunca indiferente.

(Mónica) Voy a hacerte carne. Carne de mi carne. Te haré diosa, te adaptaré persona, te mostraré el mundo y te volveré a hacer, suave, herida y de aire puro.

Os llevaré hasta dónde nos lleven mis pies, os colgaré de mi cuello y seréis yo, que a mi lado os llevo.
Os subiré al cielo y nos haremos inmortales juntos. Porque sois los guardianes de mi sueño.


Remember my name.
I'm gonna live FOR EVER.

miércoles, 25 de agosto de 2010

De cuando hago memoria, memoria de mis putas tristezas.

Puedes quedarte con mis sonrisas, sus caricias en mi brazo, la electricidad que me recorrió y los versos que compuse. Puedes quedarte nuestras canciones, su indiferencia. El perfil de su nariz, la laguna de sus ojos, mis sueños y reposos. Las 8 mil horas que pasé pensando, componiendo mil disfraces para un "nosotros".
Las fuerzas que malgasté, los momentos en compañía, las lágrimas, los autoreproches, mi inseguridad y mi cobardía, sus "no" sin más vueltas, todas las cosas que quise darle y todos mis planes para hacerla feliz.

Te puedes llevar todos sus brillos, sus abrazos, sus colores y sus olores. Puedes llevarte estos años malgastados, sus silencios, mis celos, sus ausencias sin romanceros. Llevate hasta los medios te quieros.
Puedes llevártelo todo, que yo te lo regalo. Que no me lo quitas a él, ni a todos mis personajes. Ni a mis pájaros, ni a mi sol, mi luna y mi mar amado, mi mar salado. Que yo tengo mis letras, mis canciones y con mis lágrimas ya me basta.

Yo le abrí las puertas de mi tranquilidad, porque quería compartirla, porque las creía necesitadas.
Y ahora puedes quedartelo todo, que yo, yo ya no quiero nada.


Siempre he tenido la sensación de que nadie me entendía, de que nadie sabía quien era yo y qué me había llevado a la situación en la que estaba. Y ¿ sabes una cosa?, cuando nadie te entiende, tampoco te puede pedir cuentas nadie. Pero los muertos sí. Ellos sí que te entienden. No hace falta que estuvieran allí, pero si estuvieron te entienden aún mejor. Aquí en la cárcel estaban conmigo constantemente. Venían cada noche, aunque no siempre los esperara. Antes del juicio todavía podía ahuyentarlos cuando querían venir.

Hanna Schmitz, "El lector" (Bernhard Schlink)


A veces me gustaría terminar de estar loca. Loca o bipolar, pero serlo del todo.

Para poder tirarme a la piscina sin pensármelo dos veces, que es lo que estoy deseando hacer ahora mismo. Tirarme, sentirme cálida, encontrrme y sola. En silencio.
Me gustaría terminar de estar loca, y dejar de sentir que solo lo medio estoy. Que en este estado, ni me dejo llevar por el instinto, ni por mi medialocura, ni por mi corazón. Todo se queda en mi cerebro y lo que creo mi lógico. Luego está todo lo que no puedo controlar, que se queda rondando como si debiera haberlo controlado, haberlo sabido controlar.

Solo quiero silencio. Silencio para poder gritar. Y las voces no son reales, pero siguen sonando.
Quisiera poder decir que me has terminado de volver loca, o bipolar. Pero sobretodo, me gustaría decir que al fin me tiré a la piscina.


viernes, 20 de agosto de 2010

Homenaje a Miguel Hernández - Rota 2010

Me senté a cenar, un martes a las 22:25 de la noche, como se supone que hago mas o menos a la misma hora cada día de la semana. Sólo que al ser martes, veía avidamente los capítulos correspondientes de Grey's Anatomy que pasaban en Cuatro, como cada martes.

Y es entonces que mi padre me dice "¿Esto tendrá intermedio, verdad?" Y yo "Sí, claro. ¿Por?" "Nada, para decirte que leerás en el homenaje a Miguel Hernández mañana." "¿QUÉ?"

Así fue como ayer, me colé a las 20:00 de la tarde en la plaza de la Merced, Rota, para encontrarme con la 7ª Noche de Literatura en la Calle, organizada por Izquierda Unida con el fin de sacar de paseo el verso por las aceras y piedras de Rota, este año con el detalle especial de estar enfocado todo en hacerle su homenaje pertinente a Miguel Hernández.

Angel García López, Almudena Grandes, Benjamín Prado, Luis García Montero, mi querida Pepa Parra, Mario Mendicutti, el maestro Ruibal, el brillante Alexis Días Pimienta y tantos otros grandes y pequeños que se reunieron allí, conmigo, para hacerle el homenaje al poeta.

No quiero darle más importancia de la que ya le he dado, más allá del haber firmado libros, haber recibido felicitaciones y empujes para seguir escribiendo de esos mismo grandes y pequeños (algunas de las 400 personas que allí se reunieron, además del calurosos abrazo de Benjamín Prado y Ruibal) los flashes, y el dejar de sentirme pequeñita por un segundo en mitad de aquel aplauso que duró toda una eternidad. Porque fue Almudena la que me presentó para subir al escenario, y dijo todo aquello que mi padre y yo pusimos en el papel, mi pequeño currículo. Cuando dijo aquello de "Que ha ganado todos los concursos literarios organizados por el AMPA de su instituto, el IES La Jarcia de Puerto Real" y yo pensé "No Almu, todos no" pero luego me volví a inflar de orgullo cuando nombró a ese, mi castillo.

Me puse allí delante y vi los ojos emocionados de mis madre, mi padre, mi hermana, mis tíos y primas. Y pensé, porque a mi me encanta pensar estas cosas cuando me pongo en este tipo de situaciones, aunque solo yo les pueda dar la importancia que justo tienen, pensé "Calliope Torres estaría orgullosa de mi" Y detrás de Callie, aunque no lo pensé en el momento, tened por seguro que siempre vienen Arizona, Mónica, Eduardo, Victoria, Paula y Catherine. Y Alfonso, Montse, Alfredo, Belén, Pili y Mariló. Y mi Judith, mi José Carlos y mi Guri, que aunque lejos, también lo están, que yo lo sé.

¿No falta alguien? Ah, claro. Creéis que me olvidé de Alecia. Pero no, ella estaba allí, con una mano en mi hombro y otra en mi corazón, para dejarlo quieto y que se me saliera por la boca en un arranque piruético.


Los textos que leí fueron mi precioso Tus labios salvavidas (que tanto gusta a mi tito Faly), "Cada martes se enamora", que ya leeréis cuando sea el momento, y este, mi verdadero homenaje a Miguel Hernández :

Es año de palabras
palabras para ti, Hernández.

Como hago con casi cada persona nueva, intentaba buscar puentes entre el telar de tus días y el mio, y encontré cosas curiosas, cosas buenas y cosas malas. Encontré un rebaño de cabras asustadizas y mucha tierra, de esa que huele cuando llueve, respira cuando el sol se mece sobre ella y suena cuando es la luna la que la toca. Esa tierra de huesos hechos polvo, polvo de historias que ambos quisimos excavar.

Sin saberlo, de ti a mi hay algo, impuesta supervivencia del desdén urbano a lo natural, una condición de campo que nos hizo fuertes ante aquellos que juzgaron nuestras raíces.

He sabido que hubo entre tus mentores nombres grandes, en su general más imponentes que los mios. Pero por otro lado hay un nombre, un hombre de oro que vuelve a hacer saltos entre nuestras orillas, Lope de Vega que te marcó a ti, y luego haría de mis sueños tiernos sonetos.

Y hoy, que hago mención de ti, por tu esencia incuestionable, me gusta desembarcar en ese detalle, ese que nos hace humanos y poetas. Esa veta en nuestra piel, el ardor intravenoso. Que tú amaste hasta la muerte, y a la tumba te llevaste tu amor para hacerlo eterno. Que yo he amado hasta doler, doler el pecho todo y desear la muerte. Y eso es lo que me hace pensar que hoy, haciendo recuento de lo que hay de ti en mi, Miguel, me hubiera sentido bien en tu abrazo.

Porque siento que hay algo familiar entre tus versos.
Y porque sé lo que dolieron aquellas heridas
que yo llevo la del amor,
que yo conoceré la de la muerte,
y nadie, nadie me quitará la de la vida.


Para más información, esto es lo que ha dicho el Rota al día.

La sorpresa de la noche la puso una jovencísima poeta, María Hermida, que a sus 15 años cuenta con varios reconocimientos como escritora y que a pesar de su juventud, emocionó con la dulzura de sus versos.



Y así acabó la noche. Una vez más, pensando y jurándome a mi misma que no voy a defraudaros.

miércoles, 18 de agosto de 2010

De cuando ves correr al viento.

Yo soy de esas que, por alguna razón o por otra, se despierta de mal humor si no hace frío en su habitación.

De esas que mete los pies en la piscina y puede pasarse horas allí sentada. De las que tienen la vieja costumbre de mirar al cielo cada vez que llegan a casa de noche, y suben a la azotea solo para ver correr al viento. Sí, soy de esas que ven correr al viento. También soy de las que prefiere la vida fresquita, abrigada y soleada. Aunque luego lo complique todo, yo prefiero huir de las complicaciones. Porque yo soy de esas que nunca confiaron en los Reyes Magos, y siguen aferrándose a la idea de que el Ratón Pérez tiene una clínica dental en algún lugar del universo.

Yo soy de esas que sueñan con volar, y las que emulan la sensación nadando. Nadando, y amando. Soy de esas que sólo quiere amar a alguien y enseñarle su mundo, el que conoce, el que le da la felicidad. Esas que lo han prometido tantas veces sin respuesta concreta que casi se están cansando.

Yo soy de esas que prefieren la luz, y organizan sus ideas.
Soy de las que si no quieren, ni ven, ni sienten, ni encuentran.



Lo peor es que también soy de esas que siempre, casi siempre, quieren, ven, sienten y encuentran.

lunes, 16 de agosto de 2010

Pedid tierra y libertad.

(15/08/10)

Hoy es el día de la Virgen de los Reyes.

Aquí, en Sevilla, la han sacado en procesión. Y luego le han tocado el himno de Andalucía. Nos ha cogido por sorpresa la banda delante de la catedral, y me han resonado los platillos hasta el confín de las ideas.


"Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad. Sea por Andalucía libre, España y la humanidad."


No he escuchado muchos himnos en mi vida, pero este es demasiado para mi. Después de lagrimear y canturrearlo (que yo, si tengo que ser de algún sitio, soy de Andalucía) hemos entrado en la catedral a ver la virgen. Ella, de mirada ausente y rostro impávido.

Después de verla, salí de la sala donde la guardaban para dejar paso a los fieles que de verdad necesitaban tocarla, sentirse un poco más seguros a su amparo. Siempre he sido de cultos y dependencias mucho más alternativos.

Pero al salir, vi a una señora alemana hincar las rodillas en el suelo de mármol con la mirada gélida . Se quedó como en trance, mirando a algo que otro hombre había modelado, algo con forma de mujer, como ella. Aún así, clavó su mirada verde hierbabuena en la mujer sentada. La siguiente vez que vi sus ojos, los tenía henchidos de sangre y lágrima.

A mi esa sangre me rebotó toda en mi centro tierno.

Después, una señora de huesos finos y aspecto frágil, se acercó con ímpetu casi hambriento al nuevo obispo, monseñor Asenjo, y apretó su mano como si de ahí fuera a exprimir su pasaporte hacia la salvación suprema. Y yo quise abrazarla, como si así hubiera yo podido ayudarla a conseguirlo.


Hay cosas que yo aún no entiendo. Demasiada podredumbre, demasiada mentira camuflada. Y aun así, creo que algo que tiene la capacidad de inundar tantas almas merece poco más que uno de mis más sinceros respetos.



Hay veces que consigo desorientarme.
Alguien dice,comenta sobre algo. Y una voz se despierta dentro de mi, y me dice que yo sabía algo sobre eso.

Es entonces que me desoriento, y no se ni donde estoy, ni en quién confiar. Consigo olvidarme de muchas cosas, de esas de las que viene bien olvidarse a veces. Y casi puedo sentir esa luz azul que se enciende detrás de mis pupilas, mis archivos mentales y emocionales reordenandose, sacándose el polvo, buscándose.

Después de esos segundos, encuentro con facilidad lo que buscaba, lo que sabía. Normalmente, con multitud de detalles sobre el momento en que lo aprendí. Y bueno, me doy cuenta de que no era tan importante.

Lo mejor es que sé que a veces, hasta consigo desorientarme.




No recuerdo lo ultimo que te dije.
Creo...creo que podría ser una buena señal.

domingo, 15 de agosto de 2010

Naked rain

Fue su espejo el primero en avisarle. A veces, también era el único que la veía.

Después de despejarse de la abrumadora mezcla nebulosa de sábanas blancas y mañana falsamente fría. Justo después de llevar a cabo con los ojos casi cerrados todos los pasos de su coreografía matutina: ducha, falda, camisa, chaqueta, zapatos y desayuno.
Al irse a mirar al espejo, ese que de verdad conocía todas las capacidades ocultas de su sonrisa, se fijó en que no había nada que reflejar por encima de los cuellos de su preciosa camisa azul turquesa.

Si hubiera sido posible, el espejo curvilíneo y semiempañado hubiera sido testigo de uno de esos rostos de estupor tan apabullantes que ningún artista podría recrear. Nada cambió cuando se llevó las manos a la cara y comprendió que ella estaba, pero no podía verse.

Pasadas todas las fases corrientes (negación, pánico, negociación...y todas las que ella se inventó) al fin comprendió que solo había una forma de cerciorarse, si realmente se había vuelto trasparente. Y al apoyarse en el pomo de la puerta, recapacitó.

La locura sedujo a Catherine, como hacen todas las locuras, y al abrir la puerta, quitarse los zapatos aún en el vestíbulo, sentir el frío de la mañana en los tobillos descalzos y dejar caer su chaqueta al suelo, tomó su última bocanada de aire como ser "semivisible".
La cremallera de su falda, sus medias, su camisa y el resto de piezas textiles se rindieron a entera forma. Y claro, lo entendió.

Hoy sería el primer día en el que de verdad caminaría libre. El día en el que dejaría de pensar en lo correcto, lo ciudadanamente aceptable, lo esperado de ella. Nadie la miraría, pero es que nadie a había visto jamás.

Se apoyó la pelirroja cabellera detrás de la oreja, en un movimiento más mecánico que práctico. La gota última de rocío hospedada en el salidero del piso de arriba cayó, resbaló por su pecho desnudo, nadó por su vientre fecundo y claro, y dejó tras de sí la electricidad de la vida, el clímax del alma. La meta última de la esencia. Allí, por primera vez en 29 años, desaparecieron miedo y disfraz.

Y se alzó ella, animal, carne, mujer y bestia.


Me noto acelerada, mis pensamientos corren mas que yo.
Me pinto los labios
morados para provocar.

Salgo a la calle y no me mira nadie. Llueve y las gotas me esquivan.
Llego tarde y no me espera nadie. Nadie me ve, nadie me mira.

No me vas a creer, soy transparente.

No hace falta que me esconda mas. No tengo carisma.
No hace que me oculte mas. Pierdo los papeles en estado efervestente.

Me noto acelerada, mi lado izquierdo siempre pide mas.
Se va de parranda y se lanza. No quiere regresar.

[Cuerpo transparente, Pastora]

miércoles, 11 de agosto de 2010

La única respuesta existente.

Estaba leyendo, tirada en mi cama. Joder, leía, eso que a veces olvido cuánto me gusta hacer. Y sonó el maldito teléfono. Odio que suene cuando estoy en la cama, aunque me muera por que lo haga si estoy en cualquier otro lugar del mundo (y no lo hace)

Sonó, una, dos, tres veces. A la cuarta y viendo que nadie lo cogería, di un salto rápido. No estaba en su base, en mi habitación, estaba encima de la cajonera. Dispuesta a ver violada mi propia capacidad de improvisación, como siempre me pasa con el teléfono, escucho a mi madre coger al hermano gemelo del mio en el salón y contestar. "Linea ocupada" me escupe ese irónico aparato que tengo en la mano.

-¿Sí? Dime...

Y lo suelto. Me doy la vuelta y algo se vuelca dentro de mi. No me siento mal, pero de repente estoy perdida. Y casi sin darme tiempo a llegar de nuevo a la cama y abrazarme fuerte a mi peluche mas viejo, me echo a llorar. Y me siento pequeña, perdida y desconcertada.

"¿A quien esperabas?"
Y me contesto yo misma. Siempre lo sé.
Desde hace tres años, es la única respuesta existente.



Pérez, mi ratón de lana gris y cola cortada (yo era pequeña e inconsciente, lo juro) huele a polvo.
Pero da igual, porque tiene once años y ahora vuelve a estar en lo alto de mi cama.
Él sí está siempre. Como a todos los que han estado siempre, se me olvida decirle lo mucho que significa para mi. Pero para él y su olor a polvo, no importan las palabras. No es rubio, es gris. Y no tiene los ojos verdes, los tiene negros, como dos botones. Y no huele ni a ti, ni a tormenta, huele a polvo.
Pero para él, todo lo que hago sí vale la pena. Todo mi miedo importa. Aunque a veces pareciera ser el único.








Comeme la maldita boca y dejame seguir con mi vida.

sábado, 7 de agosto de 2010

All about us: Woman and godness



Hay algo, no sé el qué
de tu pelo hasta tus pies
que te parte en dos mitades
la diosa y la mujer.





Y aunque te lo expresara de mil maneras, no bastaría.
No lo sabrías hasta que la tuvieras delante de las narices.
Porque lo es todo, y no es nada. Y podría ser cualquier cosa.


Lonely notes

Curioso ese sentimiento trágico que invade a todo el mundo cuando de un humano muerto se es sabido que deja en la tierra una mujer joven, un hijo y otro en camino.

No me llamen bestia, entiendo lo feo que puede llegar a sentirse. Pero pensemos que después de la catástrofe, el suceso horripilante que corta la respiración de ese pobre hombre, después de la superación que impone y requiere una vuelta a la rutina, por otra parte necesaria para la viuda y los niños, después de eso queda el silencio, como dirían Amaral. Queda el silencio, la húmeda sensación de perdida, pero el derecho de apoyarse en el hombro cálido de la sangre misma, de aquellos que han perdido como tu, un hijo, un hermano, un padre. Y ahí esta, la piña entretejida de pena, el dolor que hace esfera y une, y les deja un poco mas solos, pero bastante acompañados.

Yo pienso en esa mujer y sus hijos, y me parte el alma como a todos. Y yo iría la primera a abrazar a esa hembra desconsolada, a ese infante huérfano de sueños. Pero como soy yo, pienso. Qué hubiera sido si la
mujer o el hombre al que arrancas de la existencia deja solo a su compañero de risas, a su media langosta, sin hijos que heredaran su sonrisa y en los que volcarse, sin apenas excusas mas allá de la mera simpatía para refugiarse en una familia anteriormente política y ahora, tan desolada como él mismo.

A mi me da más miedo la nada que la carga. Será que a mi me sigue dando más miedo la soledad, y los puntos finales sin más allá.



Creo que por fin lo entiendo. Somos notas. Pequeñas semicorcheas dubitativas, que gracias a las grandes blancas de nuestro alrededor, podemos sonar. Somos, nos definimos, a través de lo que se escucha justo antes y justo después de nosotros. A través de lo que se escucha a los demás. De esas notas preciosas y toscas que se nos colocan a los lados en este gracioso pentagrama que es la vida.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Del castillo de mi alegría.

De mi castillo de alegrías, me llevo la felicidad.

Me quedo con el ser quien quisieras, el creerte fuerte, valiente, segura y poderosa.
De aquellos cuatro años de sonreír y escribir sobre sonrisas me guardo para mi las horas en que la clase hacía mundo, y encogías, y daba igual todo. Que la felicidad tiene millones de nombres y significados, casi tantos como personas hay en el mundo, pero para mi la felicidad se encuentra en el momento exacto en el que no quisieras estar en ningún otro lugar mas allá de dónde estás en ese momento. Y por eso, yo me llevo de mis aulas, la felicidad.

El haber creído que todo era y es posible. El querer abrazar, y dos horas después, partir en trocitos. La ira y el calor, la tiza, el rotulador, los apuntes corriendo, las preguntas de improviso, y los deberes recién hechos. Y el silencio y las miradas que todo lo dijeron.
Si hubiera durado más de lo que duró, quizás todo se habría complicado.

Yo me quedo con esas 35 horas a la semana.
Esos cuatro años de no poder parar.
Y el sentir que cada día fue diferente, que cada persona se llevó consigo lo mejor de mi, y que se me quiso tanto como quise yo, que duró el tiempo perfecto y no lo hubiera querido de otro modo.




La familia de rutinas y todo lo que nadie más entendió.