sábado, 30 de octubre de 2010

All About Us: Carta a Jenn Aniston

Mi querida Jenn:

Hace tiempo que quiero escribirte, pero no sabía exactamente cómo empezar.
De alguna forma, ambas sabemos que el grosso de la gente llamese, "corriente"; no entiende algunos de esos sentimientos que yo, por poner un ejemplo, pudiera profesar hacia vosotros. Vosotros, especialistas en disfrazar vuestro rostro de cualquier nombre para el que se os contrate, y hacer creer al mundo que habéis dejado de ser vosotros para protagonizar mil historias destinadas a conquistar al gran público en una pantalla más grande o más pequeña.

Pero en realidad, eso da igual. Yo sólo quería hablar contigo, y dejarte claro que me pone triste ver en lo que te has covertido.

Tengo en mi habitación como cientos de fotos vuestras. En blanco y negro, en su mayoría, de cuando aún grabábais Friends. Tengo un póster enorme en la cabecera de mi cama, de lo que creo es la temporada 4 o 5. También tengo enmarcada mi foto favorita vuestra, la de la mesa de poker. Seguro que la recuerdas. Y mi colección más preciada, aparte de todas las temporadas de la serie, que guardo con avidez; es mi preciosa carpeta con 800 fotos vuestras.

Y yo, de alguna forma, pensaba que seríais lo más seguro de mi vida. Que podría agarrarme a vosotros porque escaparéis a la muerte mejor que cualquiera de los que ahora me rodean. No envejeceréis, no más de esos 10 años de capítulos y fotos que guardo con recelo. Estáis inmortalizados, y creí que me bastaría con saber que podré disfrutar de vuestra compañía cada mala tarde, cada racha oscura en mi vida. Todo estaba bien si pensaba en vosotros como os conozco, todo estaba bien. Hasta que a Cecé se le marcaron demasiado los pómulos, y se separó de David. Hasta que a Lisa se le arrugaron la sonrisa y la locura. Hasta que a David se le canó la barba, a Mathew se le envejecieron las bromas y a Matt se le ensancharon los hombros. Hasta que a ti se te acristalaron los ojos.

Me ha costado tiempo darme cuenta de que hace mucho que dejaste de ser esa Rachel dulce y nerviosa. Si es que alguna vez te pareciste a ella. Ahora te veo y creo que eres un disfraz de ti misma, que tus ojos están más transparentes que nunca y sin embargo nadie puede ver dentro tuyo. Cuando veo un cartel, una fotografía tuya y no eres tú. Eres un invento del Photoshop. Cada vez que se rumorea, se especula, se trata sobre ti, Brad y Angelina en cualquier noticiucha del corazón, se me agarrota el pecho porque te has convertido en carne de cotilleo.

Ya no eres Rachel. Ni la Jenn Aniston que mejor la interpretaba. Eres una cara bonita que solía ser tantas cosas que abruma ver cómo lo has perdido todo. Eres la ex de Pitt, la eterna enamorada que aún no se ha recuperado del que para todos fue su peor error : dejar escapar al mejor hombre del mundo. Pero es mentira, Jennifer, tu peor error fue dejar de ser actriz, y convertirte en una mentira con piernas. Preciosas piernas, pero sólo eso; piernas.

Te echo de menos. Pero da igual porque no es culpa tuya que yo creyese que eras más de lo que eres. Culpa mía por ser tan inocente. Eres un espejismo, y odio que los espejismos me hagan sentir mal.

Gracias por el pasado Jenn, pero creo que te has perdido buscando éste falso futuro.


Con cariño,
Ove.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Likes&Fears

Me gusta que los carteles de la autovía me recuerden que vivo en el sur. Me gusta quedarme quieta en mitad de mi patio y dejar que el sol me atraviese la piel. Me gusta aflojar todos los músculos en un sofá y sólo reírme con mis amigos. Me gusta que Alecia y Catherine me salven en moto cuando tengo miedo. Me gusta creer que todos los parques sombríos podrían salir en una peli de Harry Potter. Me gusta imaginar mil formas de coger a alguien por sorpresa y marchitarme en su saliva. Me gusta tumbarme en las alfombras a que mi prima Julieta salte en mi barriga. Me gustan los vasos enormes de Coca Cola sin gas. Me gusta pensar que algún día mi cama olerá a alguien que no seamos ni yo ni el suavizante. Me gusta que una canción me haga sonreír tontamente, y poder encajarle el adjetivo simpática. Me gusta mirar por dentro a la gente. Me gusta acostarme tan cansada que cada trozo de cuerpo me duela y cada rincón de mi colcha parezca el paraíso. Me gusta ducharme sin prisas y que mi cuerpo huela a frutas, a flores y a perfume. Me gusta recordar los momentos felices y que se me inunde la cara de nostalgia. Me gusta recordar a la gente lo especial que es. Me gustan los días atemporales de comidas familiares.


Me dan miedo los seres vivos a los que no puedo ver la cara. Y los que tienen los órganos internos al aire. Me da miedo el fondo del mar, y hundirme en él. Me da miedo el silencio si va de la mano de la oscuridad. Me dan miedo los lugares demasiado pequeños, porque yo soy demasiado grande. Me da miedo que se me quemen mis libros. Me da miedo que la gente se vaya de mi lado. Me da miedo no llegar a vivir las mil cosas que quiero vivir. Me da miedo que mi vida pase y yo no la haya vivido. Me da miedo no ser lo que los demás esperan de mí.
Me da miedo la muerte. Me da miedo olvidar lo que es la luz.





Si bien siempre pensé que hubiera regalado mi vida en cualquier momento en pos del bien de la raza humana, me di cuenta de que en un mundo como el de hoy, valía yo más viva y vigilando mi propia lucha por el progreso que muerta y felizmente olvidada como una mártir más.

sábado, 23 de octubre de 2010

De cuando el mundo huele a ti, ocre.


Pequeña pequeña, enorme Sevilla.

Cuando huelen a ti las horas
cuando huelen a ti las gentes
hasta cuando huelen
a ti
las secuelas del otoño.

Cuando huelen a ti las fuentes
cuando huelen a ti las lluvias
hasta cuando huelen
a ti
los atardeceres de mi vida.

Huelen a ti
y me gusta que así sea.
Porque cuando huelen
no huelen a tus carnes
no huelen a tus senos
no huelen a tus piernas.

Porque no sé realmente
cómo huele todo eso.

Lo que sé es que
cuando huelen a ti
lluvias, horas y besos;
huele a ti, a tu tú de dentro
cada pequeño buen trozo
de mi afectuoso pensamiento.










Aclararé algo, algo que no hubiese querido tener que explicar.
Cuando yo hable de Sevilla, sabed que de lo último que hablo, es de la ciudad.
Mi Sevilla tiene piernas, mirada y nombre propio, real. Pero claro, eso es una historia digna de otro contar.

lunes, 18 de octubre de 2010

Mosquito Goloso + Curvas

Dulce mosquito de mirada golosa,
que sepas que si te mato ahora
no es porque te quiera muerto
ni porque tenga nada en tu contra
es porque os conozco y volverás
luego, como si yo fuera tonta
y me pedirás tabaco
dinero
sangre
o cualquier otra cosa.





Curvas


De nuevo, Sevilla.


Cuando pienso en ti, todo son curvas.

Curvas de mis emociones,
curvas de crecimiento
de mis intenciones inconexas
de mi imperioso pensamiento.

Curvas las tuyas
curvo mi reflejo
la sombra que ilumina
un fotograma que no encierro.

Curvo el mundo
curva tu cadera
apretada fértil forma
envuelta en piel vaquera.

Cuando pienso en ti, todo son curvas.
De carpintero, de pintor, de poeta.
Porque eres toda, única honda.
Tu psiquis, tu habla, tus piernas.

sábado, 16 de octubre de 2010

Uno puede saber lo que tiene antes de perderlo

No sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde.

Mentira.
Tuve, tuve y retuve hasta que me sangraron las manos.
Agarré con fuerza los alaridos de felicidad,
estrujé la arena del poco tiempo que me quedaba,
arañé cal de entre aquellos azulejos terracota, me arrastré hasta que fuimos,
piedra a piedra, hueso a hueso,
lo mismo.

Lloré hasta que se me secaron las mañanas,
besé lo invisible, lo inbesable. Rompí con el mar, con el viento, con mi olor a tormenta,
y lo aposté todo al caballo de ojos verdes, ojos enamorables.
Deseé fuerte, centímetro a centímetro, una montaña rusa de olores y sabores;
y me perdí a mi misma en una relación de un sólo carril, hacia un abismo de orgullo insondable.

Y cuando me dicen eso de No sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde, digo
que yo lo supe, lo supe siempre.

Como sabía que lo iba a perder.


Quiero ser, y seré
una de esas mujeres a las que tanto tiempo he querido parecerme.

Quiero recogerme el pelo, doblarme las mangas y pasar a la acción. Ser coherente, inteligente, copiosa y exigente. Y fuerte, siempre fuerte.

Quiero hacer honor a mi segundo nombre artístico, Iris ; como la grandiosa Iris Simpkins que supo decirle a Jasper Bloom todo lo que tenía que decirle. Que se volvió a enamorar, y fue feliz.

Quiero terminar de hacerme a mí misma para seguir pensando que Calliope Torres, Alecia Moore y Mónica Geller, Chandler Bing, Joey Tribbiani, Rachel Green, Phoebe Buffay y Ross Geller estarían tremendamente orgullosos de mí.

Quiero ser como Arizona Robbins.

Quiero ser más grande que el sol. Quiero tener más peligro que un niño en Disney Landia. Quiero perderme en París y preguntar el camino. Quiero comerme los Estados Unidos.


Porque señoras y señores, haced el redoble de tambores,
que esta noche, yo quiero ser exactamente yo.

Mi bella flor marchita

Hubiese preferido que te quedases ausente, impávida, insolente. En algún momento feliz de mi vida. Que tu sonrisa aún me trajese algo caliente, que siguieran siendo dulces tus caderas.
Hubiera deseado que me pidieses perdón, haber cortado por lo sano y que siguieras siendo tú, un recuerdo cómodo y amado.

Que no te hubieras convertido en el fantasma de ti misma, en una antigua ausencia pesimista.
Que no fueras ahora lo que eres. De nuevo e inconsciente, mi bella flor marchita.


Empecemos a hablar con propiedad, Sevilla, y es que tengo por tu nombre una enfermedad.
Al momento del ejercicio de una actividad cualquiera, creo de verdad que comienzo a tener un problema de dependencia en el momento en el que despierta mi consciencia como si nada más pudiera oír al atisbo de tu nombre. En ese estrujo de mis cervicales, ahorco indiscriminadamente con las pupilas a cualquiera que haya proferido tu salado nombre sin saber de lo que habla.

Porque nunca saben de lo que hablan cuando hablan de ti.

Y quizás entonces, me dé por cantar. Y por bailar. Y por amarte. Porque a es a tu nombre que se debe cantar, amarte y bailar.
Que me maten si esto no es una droga de la mejor calidad.




Igual que ya dije en su momento que la única diferencia
entre un hombre y su guitarra es la forma;
hoy digo que el humano, su sonrisa y su ropa son uno, y nada más.

:]



De nuevo, gracias, muchísimas gracias a mi muy querida Elendilae, por estas alegrías que me das :]

Y gracias a todos los que os pasais por aquí, aunque no comenteis, y haceis esto lo que de verdad es, un rincón puramente familiar y sencillo.

Yo se lo concederé a estos compañeros que creo, se lo merecen de verdad:

Divago luego existo
The S word
Lesbicanarias
Desde mi azotea
Bury me in Whitehaven Parkway

martes, 12 de octubre de 2010

El primer gran error de tu vida

No has dado tu primer gran beso (porque no has querido)
No has tenido tu primer gran orgasmo, ni hecho tu primer gran viaje. Sabes que no.
No has sentido tu primera gran ausencia, no has conocido a tu primera gran profesora, ni a tu primer gran amigo. Ni siquiera has ido a tu primera discoteca de ambiente, o a tu primer gran bar irlandés, o a tu primer bar mitzváh; ni has cuidado de que tu mejor amiga no se suicide hasta las 4 de la mañana antes de iros a dormir. No has sacado tu primer gran suspenso, y desde luego, no has sonreído tus lágrimas por primera vez.

Pero de lo que estoy cada día más segura es de que, al dejarme ir, ya has cometido sin darte cuenta, el primer gran error de tu vida.


Cuando somos pequeños, nos transformamos en inagotables fuentes de preguntas pesadas, actos semivandálicos y citas memorables. De ésas últimas, parece que yo tuve alguna.

Aquella vez que con 7 años vi a mi padre liado en una bata vieja y fumando como un descosido, y le llamé patético sin ningún tipo de anestesia. O cuando mi tía y yo nos quedamos solas en su casa, y yo le pregunté que qué hacía aquel hombre en la puerta y que por qué no entraba. Aunque ella no veía nada (y yo ahora estoy convencida de que era el mismísimo Lorca)

Pero una de las más curiosas es aquella de cuando yo no tendría ni 5 años, me acerqué a mi tía y le dije "¿Te has dado cuenta de que lo más grande de la tierra es apenas lo más pequeño del universo?"

Y supongo que desde entonces, estoy tan obsesionada en descubrir qué es lo más grande de la tierra, para poder empezar a comprender los detalles del inmenso universo que nos envuelve. Porque las grandes causas, se comienzan con pequeños gestos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Idilio matutino de la luz y el borrador

Los haces de luz son espectáculo obligado en la danza matinal de cualquier centro de enseñanza. Quizá los más sinceramente bello de esta educación jerarquizada.

El borrados, ente perenne y servicial, goza de una fama escasa en comparación con lo útil de sus funciones. Pero yo conocí a una mujer que le daba un sitio distinguido en sus clases.
Conocidos eran los momentos de absoluto escandalo parlante en los que alzaba la historiadora de metro ochenta su magnánima mano y, con fuerza, empuñaba el borrador por su blandura y lo hacía colisionar con la pizarra. Temblaban de igual modo oídos y mineral oscuro, en una contradicción propia del que sería un acostumbrado estrépito para imponer el silencio.

Claro que, la verdadera magia a la que yo buscaba referirme es aquella que se deja hacer cuando la imponente hembra suelta el útil encima de la mesa, propiciando que el polvo de tiza, polvo sabio, vuele con la fuerza del golpe por encima de la mesa y a través del haz de luz, buceando.

Danza gloriosa del descanso merecido, el baño curandero de luz sobre la anatomía de roble del borrador. Danza de bailarinas graciosas, nube de ilusión y furia. Luz de mañana, mañana terciopelo.

Luz de mañana, una mañana más.



Cuando pienso en aquellos días, aún siento algo en mi interior que me hace sonreír. Me gustaría poder decir que cada uno de nosotros creció, salvó los obstáculos de la vida y supo llegar a donde quería llegar. Me gustaría decir que fuimos más grandes y valientes que nuestros semejantes, que fuimos más inmensos que las expectativas que todos tenían sobre nosotros.
Quisiera decir que fuimos felices allá dónde estuvimos, y que de alguna forma siempre permanecimos unidos por aquella fuerza intangible, aquel lazo más familiar que la misma sangre que nos hizo brillantes, más que cualquier fuerza terrenal.

Me gustaría contaros que llegaron a ser lo que siempre soñaron. Y que nunca se olvidaron de mi. Pero claro, nunca me ha gustado desvelas buenas sorpresas.
Ésa es, y será, nuestra propia historia.


[A los habitantes del castillo de mi alegría]

martes, 5 de octubre de 2010

All about Us: Elendilae

Atención, queridos ovejillos y ovejillas mías de éste mi pequeño prado.
Resulta que hay por ahí una pianista que teme por su integridad. Cree que debe rogar para que no le disparen. Y resulta que ruega de una forma delicada e incesante...entre letras, fotografías y música.

Mi querida compañera Elendilae, de nombre tan bonito como sus intenciones, me ha condecorado con este pequeño pero pesado premio. Ya lo he puesto ahí abajo, a la derecha, para poder alardear bien de él.

A ella, solo decirle que me gustaría comentarte más de lo que leo, pero sabes que siempre leeré de corazón, aunque no comente. Y gracias, gracias por cada uno de tus comentarios.

Ahora, a los que yo creo, les viene al pelo este premio. Mis 9 blogs que me hacen sonreír.


El roce hace el cariño
Siempre nos quedará Potedaia
Desde mi azotea
Divago, luego existo
De puntillas por el mundo
Los suspiros de la libélula
Ice-cream, Eis, Gelato and Me
The S Word
Bury me in Whitehaven Parkway


Gracias a todos, por cada palabra que me regaláis :)

lunes, 4 de octubre de 2010

Asedio interno


Llevaba una ciudad dentro
y la perdió sin combate.

Rafael Alberti

De las batallas grandes,
se honra al ganador
se aguarda al perdedor
y se olvida la sangre.

De las batallas de uno,
se marcan las razones
se corren las pasiones
y se quedan los ayunos.

De la victoria propia,
no hay espectador
no se clama al vencedor
y no se arde en euforia.

Porque cuando es uno,
propio y solo, el que batalla,
no es más que uno,
todo uno,
el que huye, el que invade,
y el que araña.

Uno es,
el que no escucha
y uno es
el que no calla.