domingo, 10 de octubre de 2010

Idilio matutino de la luz y el borrador

Los haces de luz son espectáculo obligado en la danza matinal de cualquier centro de enseñanza. Quizá los más sinceramente bello de esta educación jerarquizada.

El borrados, ente perenne y servicial, goza de una fama escasa en comparación con lo útil de sus funciones. Pero yo conocí a una mujer que le daba un sitio distinguido en sus clases.
Conocidos eran los momentos de absoluto escandalo parlante en los que alzaba la historiadora de metro ochenta su magnánima mano y, con fuerza, empuñaba el borrador por su blandura y lo hacía colisionar con la pizarra. Temblaban de igual modo oídos y mineral oscuro, en una contradicción propia del que sería un acostumbrado estrépito para imponer el silencio.

Claro que, la verdadera magia a la que yo buscaba referirme es aquella que se deja hacer cuando la imponente hembra suelta el útil encima de la mesa, propiciando que el polvo de tiza, polvo sabio, vuele con la fuerza del golpe por encima de la mesa y a través del haz de luz, buceando.

Danza gloriosa del descanso merecido, el baño curandero de luz sobre la anatomía de roble del borrador. Danza de bailarinas graciosas, nube de ilusión y furia. Luz de mañana, mañana terciopelo.

Luz de mañana, una mañana más.



Cuando pienso en aquellos días, aún siento algo en mi interior que me hace sonreír. Me gustaría poder decir que cada uno de nosotros creció, salvó los obstáculos de la vida y supo llegar a donde quería llegar. Me gustaría decir que fuimos más grandes y valientes que nuestros semejantes, que fuimos más inmensos que las expectativas que todos tenían sobre nosotros.
Quisiera decir que fuimos felices allá dónde estuvimos, y que de alguna forma siempre permanecimos unidos por aquella fuerza intangible, aquel lazo más familiar que la misma sangre que nos hizo brillantes, más que cualquier fuerza terrenal.

Me gustaría contaros que llegaron a ser lo que siempre soñaron. Y que nunca se olvidaron de mi. Pero claro, nunca me ha gustado desvelas buenas sorpresas.
Ésa es, y será, nuestra propia historia.


[A los habitantes del castillo de mi alegría]

1 comentario:

Elendilae dijo...

Mujer!! ¿¿pero tú te has leído??

De un objeto tan nimio como puede ser un borrador, a través de tus palabras le has dado alas para volar por nuestra mente, con miles de imágenes sublimes...

Me ha encantado esta entrada :)

Un besito