martes, 8 de junio de 2010

Decepción.

Será por eso de que hay quienes están hechos de otras pastas.

Por eso, culpable de todas mis decepciones. De esperar más de lo que los demás podían darme. Y así, aquí, hoy me coges muy Amy MacDonald y vuelvo a ser feliz. Feliz y sola, porque ya lo decía ella. I always thought that I would follow you. Every place and everything you do, but I’m happy to be by myself... I don’t need no one else.

Decepción. El más horrible de los sentimientos.
Partir mi alma y repartir trozos, ciega de ilusión, de haber encontrado un algo dentro de alguien que arrojara luz sobre mi propio yo. Y ver que no es verdad, que no era tanto lo que había como lo que se enseñaba. Y mi sonrisa volaba, y los demás creían, y yo lloraba. Imploraba.



-¿A qué vino? Me refiero... jamás entendí el porqué de esa fijación.
-Para ti es todo más simple. Pero ya sabes como soy yo. La quise, la quise tanto...porque nunca fue menos, nunca me dio menos de lo que yo esperaba que me diera.


[...] Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.


Lope de Vega



Tú no puedes saber cuántas veces he huido el rostro.
Solo de imaginarlo te haría daño.