lunes, 16 de agosto de 2010

Pedid tierra y libertad.

(15/08/10)

Hoy es el día de la Virgen de los Reyes.

Aquí, en Sevilla, la han sacado en procesión. Y luego le han tocado el himno de Andalucía. Nos ha cogido por sorpresa la banda delante de la catedral, y me han resonado los platillos hasta el confín de las ideas.


"Andaluces, levantaos, pedid tierra y libertad. Sea por Andalucía libre, España y la humanidad."


No he escuchado muchos himnos en mi vida, pero este es demasiado para mi. Después de lagrimear y canturrearlo (que yo, si tengo que ser de algún sitio, soy de Andalucía) hemos entrado en la catedral a ver la virgen. Ella, de mirada ausente y rostro impávido.

Después de verla, salí de la sala donde la guardaban para dejar paso a los fieles que de verdad necesitaban tocarla, sentirse un poco más seguros a su amparo. Siempre he sido de cultos y dependencias mucho más alternativos.

Pero al salir, vi a una señora alemana hincar las rodillas en el suelo de mármol con la mirada gélida . Se quedó como en trance, mirando a algo que otro hombre había modelado, algo con forma de mujer, como ella. Aún así, clavó su mirada verde hierbabuena en la mujer sentada. La siguiente vez que vi sus ojos, los tenía henchidos de sangre y lágrima.

A mi esa sangre me rebotó toda en mi centro tierno.

Después, una señora de huesos finos y aspecto frágil, se acercó con ímpetu casi hambriento al nuevo obispo, monseñor Asenjo, y apretó su mano como si de ahí fuera a exprimir su pasaporte hacia la salvación suprema. Y yo quise abrazarla, como si así hubiera yo podido ayudarla a conseguirlo.


Hay cosas que yo aún no entiendo. Demasiada podredumbre, demasiada mentira camuflada. Y aun así, creo que algo que tiene la capacidad de inundar tantas almas merece poco más que uno de mis más sinceros respetos.



Hay veces que consigo desorientarme.
Alguien dice,comenta sobre algo. Y una voz se despierta dentro de mi, y me dice que yo sabía algo sobre eso.

Es entonces que me desoriento, y no se ni donde estoy, ni en quién confiar. Consigo olvidarme de muchas cosas, de esas de las que viene bien olvidarse a veces. Y casi puedo sentir esa luz azul que se enciende detrás de mis pupilas, mis archivos mentales y emocionales reordenandose, sacándose el polvo, buscándose.

Después de esos segundos, encuentro con facilidad lo que buscaba, lo que sabía. Normalmente, con multitud de detalles sobre el momento en que lo aprendí. Y bueno, me doy cuenta de que no era tan importante.

Lo mejor es que sé que a veces, hasta consigo desorientarme.




No recuerdo lo ultimo que te dije.
Creo...creo que podría ser una buena señal.