jueves, 2 de septiembre de 2010

1 de Septiembre

La electricidad de firma Gaga, como cualquier sustancia tangible, como un elemento más, se filtró entre el algodón de tus auriculares negros. Y claro, nada podría haber evitado que llevarse el dedo a la rueda del volumen resultara tremendamente atractivo.

Caminar rápido, cuando nada te detiene y todo te retiene, y sentir el mundo a tus pies y el cielo sobre tu cabeza, como siempre deberían estar. Pero sentirlo. Las horas líquidas en mitad del paraíso, y todos los problemas de manos perfectas y princesas desquiciantes quedan atrás. Y la felicidad, en su cópula danzarina con la electricidad, plantea el viaje que te lleva al éxtasis menos carnal, más espiritual.

Risas, caras, pieles y roces. Historias. Todo, todo, en el(mi) lugar más bonito del mundo.
Y en mitad de la calle, el primer día de tu mes favorito del año, gritas como si pudiera escucharte cada chino del mundo. Gritas porque lo sientes. Soy feliz.




Casi puedo sentir tu peso en mi cama.
El tímido beso de tu carne
en los muelles de mi vida.

Y si la duda cupiese, copara o cupiera,
sabes que te esperaría
toda la primavera.

Y si la duda volviese, entrara o saliera
sabrás que te esperé
mi vida entera.

1 de Septiembre.
Gracias, vida.