lunes, 4 de octubre de 2010

Asedio interno


Llevaba una ciudad dentro
y la perdió sin combate.

Rafael Alberti

De las batallas grandes,
se honra al ganador
se aguarda al perdedor
y se olvida la sangre.

De las batallas de uno,
se marcan las razones
se corren las pasiones
y se quedan los ayunos.

De la victoria propia,
no hay espectador
no se clama al vencedor
y no se arde en euforia.

Porque cuando es uno,
propio y solo, el que batalla,
no es más que uno,
todo uno,
el que huye, el que invade,
y el que araña.

Uno es,
el que no escucha
y uno es
el que no calla.