sábado, 23 de octubre de 2010

De cuando el mundo huele a ti, ocre.


Pequeña pequeña, enorme Sevilla.

Cuando huelen a ti las horas
cuando huelen a ti las gentes
hasta cuando huelen
a ti
las secuelas del otoño.

Cuando huelen a ti las fuentes
cuando huelen a ti las lluvias
hasta cuando huelen
a ti
los atardeceres de mi vida.

Huelen a ti
y me gusta que así sea.
Porque cuando huelen
no huelen a tus carnes
no huelen a tus senos
no huelen a tus piernas.

Porque no sé realmente
cómo huele todo eso.

Lo que sé es que
cuando huelen a ti
lluvias, horas y besos;
huele a ti, a tu tú de dentro
cada pequeño buen trozo
de mi afectuoso pensamiento.










Aclararé algo, algo que no hubiese querido tener que explicar.
Cuando yo hable de Sevilla, sabed que de lo último que hablo, es de la ciudad.
Mi Sevilla tiene piernas, mirada y nombre propio, real. Pero claro, eso es una historia digna de otro contar.