domingo, 28 de noviembre de 2010

Si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo


Realmente, soy buena siguiendo doctrinas.

Me gusta sentirme amparada bajo un manto común, saber que hay gente que piensa y siente como yo a mi lado, por lo menos en una dimensión social. Los clubs de fans, las asociaciones culturales, los movimientos estudiantiles y los foros temáticos. Personas, montones de personas que se reunen para sentirse un poco menos solos, sentir un poco menos el miedo a la inmensidad del firmamento.

Por eso creo que si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo, y quizás si yo no hubiera hecho demasiadas preguntas incómodas, hubiera sido una genial cristiana. Porque el sentimiento, la bondad, la teoría la tengo. Pero claro, en las iglesias me siento intrusa, porque resulta que soy una genial cristiana que no cree en un hombre de madera sujeto a una cruz y una preciosa fémina tallada envuelta en dinero y brillo.

Sería una genial cristiana de las que piensa que todo el oro de la iglesia sobra. Sobra incluso el papamóvil, la cama inmune del Benedicto de turno y la inapelable seguridad del mejor best-seller de la historia, el libro sagrado. Creo que la iglesia como espacio común, como centro de encuentro y como monumento, es indiscutiblemente importante. Creo que la hipocresía del obispo que desprecia al homosexual y luego se mete en la cama a un acompañante de lujo escupe encima de la legitimidad y credibilidad de sus congéneres. Creo que por tener, tengo hasta el nombre más correcto.

Creo, de verdad, que si el Cristianismo me hubiera pillado a tiempo, hubiera sido una genial cristiana. Por lo menos, claro, hasta el momento de darme cuenta de las mentiras, mentiras son. Aquí, y en el cielo.

Poker a la vida


Veo tu sombra a mi lado
y pienso
que naciste para no ser nadie.

Con tus orejas puntiagudas
despeluchadas
tu sonrisa de medio diente
y tu hocico.
Tus manchas oscuras
tu pelusa blanca
y tu eterno, raquítico movimiento
de cola feliz.

No tenías que ser nada más
que un peluche.
Juguete animado
sin necesidad de recarga.
Pero es curioso
Que defiendes mi casa
como no he conocido otra
persona, animal o cosa.

Y ahora,
veo tu sombra a mi lado
y pienso
que naciste para no ser nadie.
Y aquí estás, a mi lado
cuando nadie quiso acompañarme.

Veo tu sombra
y pienso
que si naciste para no ser nadie
por ser tú, así
sin planteártelo
le hiciste un poker a la vida.