viernes, 18 de febrero de 2011

Las chicas de mi barrio

Cuando te echaba de menos, solía cantar. Y también cuando tenía ganas de llorar.
Cantaba que las chicas de mi barrio llevan el sol en la cintura.

Ahora creo que me pasaré la vida cantando.
Y algún día podremos volvernos a encontrar. Y no me harás reproches.



No se lo he dicho a nadie, pero tengo miedo a los espejos.
Y me gustan los ángeles, los de las trampillas del cielo.
Los que se quedan quietos en las escaleras de incendios de los hospitales, fumando para poder exhalarse de tensión las canas. Y yo no se lo he dicho nadie, pero me dan miedo los espejos.
Envidio a los que alucinan, porque ven lo que quieren ver. Ojalá pudiera yo confundirme en mi propia vista. Tenerte delante, de verdad, como sólo ven los reflejos del alma. Que yo no sé sentirme acompañada si no es contigo, mi Alecia. Y no puedo entender de qué me sirve esta bipolaridad mía, esta locura indefinida, si al fin y al cabo ni verte puedo.


Quizás estoy cansada de vivir en un lugar desde donde es tan difícil llegar a cualquier sitio.

No hay comentarios: