domingo, 26 de junio de 2011

Te eché de menos con cada lluvia del verano. Te eché de menos con cada llanto del invierno.
Permaneciste guarecida en el desván de mis intocables, camuflada para hablarme cuando más necesitara oírte.

Tu voz, como un líquido denso, chorrea por mis oídos. Cae, poco a poco, e impregna las paredes de mi conciencia. Rasguñadas, hinchadas, doloridas por el pasar de unos días aterradores que no estabas para serenarme, mis lindes corporales te reciben como ambrosía de sinalefas. Y algo dentro mío vuelve a funcionar. Un clic orgánico e infinito. La encajada maquinaria de mi alegría.

Me curas, me das vida a bocados, me ensalzas y me elevas. Me olvidas la inseguridad. Yo soy menos yo si no te tengo cerca. Y por eso, te echaré de menos con cada llanto del verano. Y con cada lluvia del invierno. Pues ya me acostumbré a hacerlo, a vivir con la espina clavada en la espalda.




Haces que se vaya mi melancolía. Me devuelves de nuevo a la vida. Resurrección.




jueves, 16 de junio de 2011

Sueña conmigo esta noche.

Allen.S :


Sería más fácil. Sabes que lo sé como yo sé que lo sabes.
Sería silencio, por fin. Y quizás, si hacemos caso a todos los que dicen saber, sería también canciones de Dido, y violines; un mar en calma, una espalda amada, sol, la entrada de nuestro reino, una tú, una yo. O quizás no haya nada. Ni si quiera problemas. Ellos serían también silencio.

Dentro de doce días hará un año que perdí mis poderes. Mi poder de reír, mi poder de creer, mi poder de amar. Desde hace un año, ya sabes que me cuesta más dormir, más respirar, más pensar con claridad. Pero sabes que también preferí siempre que las cosas permanecieran inquebrantables para toda la vida - por aquello de que todo tiempo pasado fue mejor - y eso sólo podíamos conseguirlo poniendo punto y final a una obra maestra hecha cuajar de mediodías, amasar de nuestros sueños, colofón mágico de nuestras enseñanzas. Un móvil de corazonadas, suspendidas en el tiempo para siempre. Para poder morir en ellas algún día.

Sabes que tengo miedo. Siempre. Sabes que ya pensé en esto una vez y lo volveré a hacer aún por cuantos segundos de oxígeno me queden en la cuenta corriente. Aparento, pero en realidad estoy bien. A la vez enferma de oscuridad, y a la vez preñada de luz. No estoy mal porque siempre he estado así, y no me conozco de otra forma. Cogí el regusto a sonreír en la oscuridad. Pero sólo quería dejarte algo claro: si hoy, un día como hoy, tan precioso y tan oscuro como cualquier otro; no pongo en práctica alguno de mis detallados planes; si hoy no doy al traste con el pánico que me atenaza la garganta, si hoy y sólo hoy no me lanzo de cabeza al silencio eterno; debes saber que es sólo y exclusivamente por ti. De todas mis razones, de todas los principios por los que debería o no debería hacerlo, debes saber que tú y solo tú me mantienes atada a la vida. Eres tú; con tus uñas de porcelana, con tus dientes astillables, con todas tus ansias hincadas en mi piel y mis entrañas allá donde me alcanza la vista, como un enorme cepo de piel oscura que inflama cuanto agarra, eres tú el feroz león que me sostiene con sus zarpas el corazón dentro del pecho.

Si hoy no acaba todo para mí, será porque tú existes. Será porque no te haría pasar algo así de nuevo. No tan pronto. Será porque me recordaste que me querías cuando no tenías por qué querer a nadie más que a ti misma. Porque un día decidiste hacerme mejor persona. Porque firmé el acta de mis días con tu seña distraída, hoy no será la última de mis noches.

Será, porque aún quedan doce días para un precioso aniversario. Será porque me resisto a irme sin haber vivido contigo Nueva Zelanda. Porque quiero que vayas allí a buscarme cuando no nos quede ni carne propia en la que poder ser. Porque quiero dormir a tu lado una noche más.
Será, por todo esto, que me verás el lunes. Duerme tranquila, y sueña conmigo esta noche.



Girondelle. O.

domingo, 12 de junio de 2011

Un lugar en silencio.

Ese miedo blando, cálido y chorreante que te muerde el estómago desde atrás. El miedo al cambio.
A día de hoy me pregunto si la vejez te dará el collar para domesticar a ese animal maltrecho o si, simplemente porque seguimos siendo bestias naturales, no nos dejará nunca.

Vayámonos a aquel sitio donde todos los días son hermosos por el puro placer de serlo. Vayámonos, volemos al rincón más cálido del mundo; hacia lo más profundo de nuestro pecho. Olvidemos las heridas de aquellos que no sabían cómo escapar del pánico, y juguemos a ser seres celestiales que nunca tropezaron para caer del viento. Soñemos, soñemos que podríamos haber sido mejores, más grandes y más únicas. Más responsables de nuestra vida y menos obcecadas en las tonterías que enturbian las aguas de la vida. Imaginemos que nada de esto hubiera pasado, que el verde seguirá siendo verde porque nosotras lo necesitamos, y hagamos como que no hay nadie más importante, justo ahora. Bañémonos de luz porque eso es lo que somos, porque yo te creo y tú me ves, aunque nadie más lo haga y no nos pueda importar menos. Alcancemos a todos los que murieron por nosotras, hagámoslos estatuas y conversemos con ellas a la luz de la nada. Oigamos la música de los muertos y creámoslos libres, pues ciertamente lo son más que nosotros. Aceptemos la magia por ser quien es, con sus más y sus menos, y aprendamos a embellecer el dolor que nos hizo unirnos. Tomémonos enserio la advertencia de nuestros sueños y huyamos, huyamos como hacemos por instinto. Porque esta necesidad de escapar no nos deja pensar, y eso no puede ser bueno. Vayámonos a ese lugar que es nuestro. Te invito a caminar a mi lado, y hacerlo. Hacerlo todo.

Te invito a escaparnos del miedo.


domingo, 5 de junio de 2011

Hoy, te arrancaba la vida a besos.


"Gente ha muerto"
diría Calliope.
Y no le faltaría verdad.

Gente murió por su vida,
gente murió por su muerte,
y otra gente igual valiente
murió sanando sus heridas.

Pero tú, y yo misma
estamos aquí paradas
suspendidas en esta nada
que hace escarcha cuanto pisa.

Y mañana podríamos ser
gente muerta o quizás viva,
pero gente desapercibida
a la que nadie pudiera ver.

Yo te susurro que te siento.
Y digo de amarte, justo ahora.
Dulce, suave y a deshora;
evitando todos los lamentos.

No te pido que me quieras
sino que amemos sólo un rato.
Acabar con los reparos
de este día que nos espera.

Aunque sólo pueda prometerte
amarte bien hasta mañana.
Podríamos llegar a ser fantasmas
vagando en sueño intermitente.

Pero tú, tú confías en alguien
que aparezca por sorpresa.
Te llame a gritos mi princesa
y te cabalgue hacia Levante.

"Gente ha muerto"
diría Calliope.
Y no le faltaría verdad.
Pero tú no entiedes que la muerte
no dubita en madrugar.

Vacío



Llegará, llegará la tormenta
que anuncia el cielo.

Amaral

Hoy pienso en mis abrazos
y a veces los veo vacíos.
Los noto, a veces, tan pálidos
que cuando reclamo besos
pienso en que quizás un día
de estos, se me queden
igual de vacíos ellos.

Hoy creo que llegará
el día en el que los brazos duelan,
el día de los labios tristes
apagados e insípidos.
Y con ellos llegará el silencio,
el vacío completo de vida,
la falta única de porvenir.

Llegará el viento del norte
con su callado olor a frío
y no encontrará nada.
Llegará, llegará,
estoy segura de ello.
Pero no encontrará nada.

Y me pregunto, asustada,
pegada a las paredes de mi cuerpo;
si, el día que me llegue
temprana la dulce Parca,
me arrastrará sin esfuerzo alguno
como sin esfuerzo arroya la tarde
a los romances que no son nada.