viernes, 29 de julio de 2011

Cartas desde Irlanda - Parte 2



A mis chicos Friends

Inmensos, brillantes y relativos. Así seréis, para siempre. Si bien sois más reales que muchos de mis conocidos, os coloqué en mi joyero interior y os suspendí. Adoro suspender cosas. Os puse en mitad de mi péndulo magnético y me habitué a sentiros de dos formas: la de ahora y la de siempre. Vuestras arrugas, vuestras canas, vuestros proyectos de futuro partido; nada de eso significa nada. Pues aquí, allí y en cualquier sitio, guardaréis siempre la misma calma. Sujetos a unos veinte años que os traicionaron hace mucho, la muerte jamás pasará por vosotros. No por vosotros, mis ficticios amantes, sino por aquéllos que sois ahora. Pero a vosotros, a esos que yo conozco como si fueran familia mía, a ellos no les sorprenderá la muerte hasta el día en que a ambos, ellos y yo, nos traguen las nubes. Inmortales, brillantes y relativos.



A María

Te he amado siempre tan atemporalmene que mi existencia se azoraba ante la idea de ti. Te he amado con tanto, con todo lo que me quedaba, que no llegué a entender nunca lo infinito de tu hechizo. Te he amado tan lejos, que cuando vi a la misma Venus quieta y nívea ante mí, lloré desconsolada. Pienso, ahora que he secado, que quizás no fuera ella por lo que yo rompí a llorar. Pienso que eras tú, desde el centro de mi alma, la que me hizo agua y cascada. Al fin he entendido este amor que me desmorona. ¡Eres tú, eres Venus!¡Eres mi Venus agachada!


Sobre mis dioses

Tú ves a tus dioses, los ves hasta cuando no quieres. Los tienes a tu lado en cada estampa y cada iglesia. Te los arrojan a la cara, sin pudor ninguno, y no tienes más remedio que camuflar tus creencias bajo un manto de moderna indiferencia. Pero yo, yo creo en cosas que no tienen cara, y además creo en dioses que perdieron sus lugares. Sus templos, sus estatuas, caídos como titanes que eran; escombrados en el suelo. Debo yo esperar, paciente y respetuosa, a que siete días duren los cultos a tus señores de madera, y en media hora de museo debo yo llorar a mis padrinos celestiales. Por lo menos, por lo menos, calla ante mi temblor como debo callar antes tus benditos siete dolores. Déjame, déjame creer, déjame ser lo que me has quitado. Que cuando se nos corten los alientos, tú podrás correr hacia tus mártires; y yo podré, al fin, abrazar a mis dioses de alma y hueso.


A Saüda

Obtusa, pero amable. Aún cuando sonríe, aún cuando toca las cosas como si fueran infinitas. Saüda toca con toda la mano, con delicadeza pero firme; pues así lo hace todo. Patosa, no duda en asir lo que deba con todo su cuerpo. Y cuando habla en inglés roza la rudeza, pero por ello mismo sus sonrisas resuenan más claras. Cuando se ríe demasiado alza los ojos en sus órbitas y se echa hacia atrás en gesto cómico, y a veces pierde su cultivada madurez y la recupera en cuestión de segundos. Juega, riñe y desquita. No le gustan los niños pero es tierna y les deja su espacio a la vez. Ruidosa y delicada, es un animal extraño. Y cada día siento que la conozco de siempre, y cada noche creo que no sé nada de ella.





Desde Irlanda y Londres, con amor.

3 comentarios:

Antonio dijo...

Hermosos y maravillosos textos. Sigue escribiendo así, mi niña, y no habrá quién evite que la palabra certera sea el motor de tu vida. Felicidades, te quiero.

Un boli Vic sin capuchón dijo...


sobrecogedor

Ruben A.M. dijo...

María Ovejita Divina Niña Mía: ¡no alcanza toda la vanidad del mundo para inclinar la balanza hacia el lado opuesto a mi crecida vanidad! ... Hacía siglos que no me sentía perfecto…
Eso consigues muñeca con todo lo que observas desde ese sitio de lo humano donde reinas. Tú escribes desde la escritura, desde lo escriturable, conviertes el arte de escribir en una “cosa” material, palpable como barro húmedo que amoldas a tu antojo, tal parece que sin esfuerzo…
En mi particular planeta significas la esperanza, la alternativa a la tanta mediocridad y miseria.
En el planeta del hombre social y absurdo eres la confirmación de la desigualdad, de la atrevida incorrección política de la naturaleza en el acto de distribuir bienes y riqueza, ¡eres la prueba de la injusticia! Qué tontos los hombres que evalúan los niveles de diferencia entre las personas en ¡propiedades materiales, dinero, acceso al poder…! Tú eres la persona con la fortuna más inmensa que conozco. Toda una acaudalada aristócrata sobrada de poder y salud.
Triste mundo donde se proclama o denigra la suerte del banquero, no la del genio y su "industria" de la belleza, su monopolio del bien y la verdad.
Te quiero y sé que eso te basta, pero testarudo y viejo insisto en te quiero mucho.
Tu tío Rubén.