jueves, 29 de septiembre de 2011

Gorgonas, escarabajos, botas y lástimas

Gorgona

No voy a mirarte para poder dejarte de verte. Y si no te veo, si no te veo, Gorgona de mis cavernas, no podrás ya convertir mi corazón en piedra. Así y sólo así, podrán dejar de dolerme tus ojos.


Escarabajos

Si lo pensamos, cada cosa que el hombre ha ideado la ha hecho a su imagen y semejanza- y sería una locura pensarlo de otra manera. Las motocicletas, por ejemplo, con esos enormes ojos de animal asustado, con su trasero abultado y sus orejas con forma de manillar. Los autobuses, los automóviles, grande bebés gateantes con grandes corazones que bombean sus fluidos primarios; los edificios, muebles, todos con sus simpáticas y escalofriantes caras inhumanizadas, espacios sombríos donde se introducen objetos, alimentos, nutrición semisexual que refleja la obsesión propiamente humana de sólo amar lo que es igual a uno mismo. ¿Y si fuéramos escarabajos de la patata? ¿Cuántos corazones tendrían nuestros automóviles? Y si fuéramos vacas, ¿cuántos estómagos pintaríamos a nuestro mundo? O lo que es más importante, ¿cómo nos las arreglaríamos para que la vida no se nos escapara entre las pezuñas?


Botas

Al dormir, la ves con las botas puestas al final de la cama. No es que esté precisamente más cómoda, pues no se puede uno acurrucar con botas; sino que siempre sueña que debe correr. Corre para vivir, en sueños; escapa de cualquier cosa porque todo le da miedo. Y a veces, cuando se despierta, aún siente que otras personas la corretean, observan y amenazan. En algún momento de otra vida, aprendió que estar alerta nunca sobra, que una vez que se sale nunca puede saberse cuándo se volverá a entrar y que, sin duda alguna, se duerme más cómodo con la huida calzada.

Lástimas

Sabes, María Antonia, que siento pena. Y lo digo desde lo más hondo y puro del cariño que te tengo. Te lo digo sin connotaciones extraoracionales, que yo sé que ésas las ves primero. Te lo digo porque me gusta decir las cosas que son bonitas de oír: siento pena. Pena de todos los hombres que no han amado hasta la enfermedad o hasta que la muerte os separara la poderosa mente que has hecho germinar dentro tuyo; el alma justa que - y no podía ser de otra forma - tienes y mantienes. Enseñas con la misma pasión que aprendes. Jamás juzgas a los demás por algo que no hayas enderezado ya en ti misma. Y ves a todos tal y como son, reales, brillantes o molestos. Siento pena por quien no te conocerá, y por quien no estuvo a la altura de ti. Y te digo que espero con ansia a que aparezca el valedor único que te haga olvidar a todos aquellos que a mí no dejarán de despertarme nunca las mil lástimas que me adornan por dentro.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Mi amable subconsciente


Se sienta delante de la mesa, tijeras en mano, y contempla el reguero que conforman los momentos pasados de mi vida. Todicos esparcidos por la mesa directamente desde la caja metafísica e ultrasónica donde estaban guardados.

Un trabajo de artista, de artesano.

Allí donde se guarda todo lo que fue, pudo y quiso haber sido; todo se escucha y todo puede ser oído. Mientras toma con las manos uno de los mejores fotogramas de mis recuerdos compartidos y comienza a recortar una figura muy concreta, distingue de fondo un reguero de palabras que nacieron para no ser dichas. Y mientras, con mi hilo oracional activado por toda la habitación, copia la silueta recortada y la pega. La pega en un recuerdo en el que no estaba, y recorta ese recuerdo. Y lo aplasta contra otro diferente. Coloca allí alguna figura más, y luego guarda su obra en la bandeja de los sueños por venir. Ahora, aclarar y repetir.

Por detrás, el discurso invisible prosigue. Dice, susurra.

Te hablaré en futuro porque es el tiempo de las promesas verbales, y aunque sé que no sabrás esto nunca, estoy segura de que lo tendrás muy claro siempre. Tomaré la parte de ti que es mía por ley, por lealtad o sacrificio; y me la guardaré con recelo. Te tomaré en mis brazos, como me cuenta mi madre que me tomó a mí, sucia, caliente y lloriqueante recién salida del vientre; y dibujaré un presente, un pasado y hasta un futuro para ti. Un futuro de ti. En mi renqueante egoísmo personal, voy a usar todas las cosas que he conseguido comprender, para saber más de la tú que yo no he llegado a tiempo para contemplar. Para mí serás perfecta, más incluso de lo que eres de verdad. Porque todo lo hecho a semejanza de uno se antoja igual, y por tanto, idóneo e inmejorable. Voy a tocarte con toda la carne que conservo, y con la que me han quitado. Y voy a abrazar toda la tuya. Hasta la que te han quitado. Te besaré con mimo, como nunca nadie te habrá besado, y te veré de las mil formas del caleidoscopio de la rutina. Voy a quererte en griego, en latín, con todas mis lenguas muertas, pasadas y futuras. Te querré como madre, como padre, como escarnio y como astro, y usaré todo aquello que sé de ti, para devorarte en ti toda.

La bandeja de los sueños por venir va llenándose poco a poco. Allí dónde antes no estuvo, ahora aparece. Aquello ya resabido, es ahora aventura inmejorable. Y el discurso que nació para no ser engendrado prosigue de fondo.

Te trabajaré como se trabaja la tierra, y voy a hacer de ti la razón de cualquiera de las personas que he sido. Te pondré en cada momento de mi vida. Te querré, te querré desde dentro mío. Y así jamás volveré a echarte de menos. Serás mi fuego fatuo, hasta allí donde el frío mata por despecho. Y aunque tú no lo sepas - pero lo tienes claro - voy a hacerte inmortal.

Acabado el trabajo, suelta las tijeras en la mesa. La borboteante palabra inmortal aún chorrea por la habitación entera. Y haces de luz sonoro despiden su marcha. Vuelve conmigo y juntos, tomamos las armas de cada mañana.


Así son los trabajos, los trabajos de mi amigo subconsciente.
Mi leal y amable - por ser tan capaz de ser amado - subconsciente.
Gracias, amigo, por podar y desbrozar las noches de mi vida.



jueves, 8 de septiembre de 2011

Las piedras del paraíso.

Nadie te avisa. Absolutamente nadie viene, te toma de la mano y te dice al oído "éstos van a ser los mejores años de tu vida". Y cuando pasan, es demasiado tarde. El único placer que te queda es el reflejo del pasado. Nadie te dice "olvida todo lo demás, porque no ha sido nada. Ahora empieza lo grande, lo importante. Abre bien los ojos porque éste es el regalo más grande que la vida tendrá a bien de hacerte". Nadie tiene la gentileza de hacértelo saber.



Pasados tus años en ese paraíso del que nadie te predijo nada, lo único que queda es pasar la vida soportando el peso de sus piedras. Las piedras amorfas que dejará , para el resto de los días, el recuerdo de tu inmejorable estancia en el edén de tu vida. Lo más cerca del cielo sin dejar de pisar la tierra. Llegará el momento en el que te duelan los brazos, en el que te molesten las piernas, se te hinchen los intestinos y se te ericen las esperanzas. Es sólo cuestión de tiempo. Pero es entonces, perdido en el polvo blanco de la civilización muerta, con los ojos secos, la boca seca, la nariz picante; es entonces que necesitarás rendirte. Que te lo pedirá cada centímetro de tu cuerpo, pues parecerá lo más correcto en ese instante. Lo más correcto que seguramente habrás percibido nunca.

Desconfía entonces y haz de miedos corazón. Porque ya has descubierto que en tu entrada al paraíso no hubo trompetas anunciadoras. Sobrevive a ti mismo y termina lo que has empezado. Acuérdate cuando llegue el momento de que cualquier cosa que haya hecho otro humano antes, siempre será posible para ti. Uno no es más víctima que responsable. Picando, picando piedras. Responsable de cargar, destruir y resucitar, sus piedras del paraíso.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Apricot phantom


Eres compleja como un albaricoque. Aterciopelada, perfumada, tierna, lisa, dulce, jugosa, dura y por último, laberíntica.


Salido de la nada, enchaquetado e impoluto como no dejó nunca de presentarse, con la negra cabellera aplastada contra el cráneo y un brazo reposádamente sobre el respaldo del asiento; él le susurra al oído sacándola de su ligera ensoñación vespertina. Es todo mentira.

Es fácil increpar cuando hay unos ojos a los que taladrar profundo. Pero en esta situación, sabe ella perfectamente que el darse la vuelta sólo serviría para no ver nada, para parecer una desquiciada más en un autobús cualquiera. Así pues, responde con la mirada perdida en el vacío recurrente de la ventana, sintiéndose escuchada contra todas las explicaciones cuerdas. ¿Qué es mentira? Eso que te está carcomiendo las entrañas. Es mentira. Sabes mejor que yo que te mueres por oír una razón. Susurran las libélulas que todo tiempo pasado fue mejor. Pues bien, estás amando un espejismo que hace mucho tiempo perdió consistencia.

Dolida, reprocha. Cuando ella jamás le reprocharía a él absolutamente nada, cuando moriría porque él volviera a la vida cuantas veces se lo permitieran. ¿Tú qué sabrás? Oh, por supuesto que yo no sé nada. Estoy muerto preciosa. Y porque estoy muerto te digo que suspiras por un campo de flores podridas. Ahora no lo entiendes, pero pronto empezarán a atosigarte con el tufo de la verdad, y no podrás negarme que te lo advertí. Y ahora si me disculpas...

¡No!


Sabía ella que cuando él decidía desvanecerse, no había quién pudiera pararlo. Federico siempre fue hombre de palabras grandes y decisiones antojadizas. Pero no podía quedarse sola, no así, no de esa forma. Y aún sin mirarle a los ojos, como no se debe mirar a los ojos a un basilísco, volvió el rostro para pedirle que se quedase. Para abrirle su corazón aunque él ya lo conociese- pues podía verlo desde dentro. Hace tiempo que sé que algo no va bien. Lo siento desde el momento en el que dejó de confiarme sus palabras dulces para dedicarme sólo las agradables. Hace mucho que no se trata de mí. Perdí lo que más amaba el día en que creímos que crecer podía no ser tan malo. Pero es que a mí no me sale ser si no me duelen sus ojos. Es que a mí no me sale ser si no me matan sus manos.







Mañana de llantos
en mi nuevo jardín de rosas.
La luz del sol cubierta de azúcar
calienta mis sueños.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Feliz año nuevo


Porque ya es Septiembre y es el mes más mío de todos los otros. Porque llueve, y hace frío y ya no sudo; porque adoro todo lo anterior y aun más que eso provoque que el mundo huela a nuestro olor favorito. Porque soy feliz yendo al castillo de mis alegrías y abrazando a gente que quiero demasiado; porque hoy es año nuevo aunque la iglesia no estuviera de acuerdo, porque soy feliz y porque te quiero, mañana vas a hacer el mejor que cualquier otro día.

Yo nací en la boca del otoño. En mitad de sus labios partidos de frío. Por eso cuando los calores estivales llegan me provocan nauseas de pánico, y el largo sosiego me destroza las ideas. Porque cuando toca volver, cuando me toca volver a lo que más quiero, llueve frío y huele mojado. Y eso, eso es más que ninguna cosa, mi casa. Y eso, es más que en ningún otro momento, mi vida.
Cobertura de nubes enfadadas que me llevan de la mano hacia un único lugar. Allí donde los primeros días de Septiembre puede arder la piedra o tronar el cielo. Allí donde todos saben mi nombre. Soy feliz hasta hartarme en mi castillo, y retumbante piso charcos por mis aceras inundadas de alegría. Frío en los pies, frío en los hombros, dulce calor en el pecho.

Pero te quiero, te quiero, te quiero y te quiero. No me cansaría de decírtelo nunca. Porque ya te dije siempre que te querría hasta donde se acaban las metáforas hermosas, te querría hasta en el barro y hasta en la podredumbre, te querría siempre y siempre te lo decía desde un hoy que no podía imaginar mañana. Hoy es mañana, mi gigante de ojos azules y manos como raquetas; hoy es mañana y tú, como era de entender, no estabas allí donde nos conocimos. No. Porque estás en todas partes. Tú que nunca tuviste dioses, yo que sollozaba por no tenerlos y que a veces los tengo a medias; hoy he vuelto a nacer, en mi feliz año nuevo, y creo firmemente que te has convertido en mi algo incuestionable. Y te quiero, te quiero, te quiero. Te quiero aunque no te vea, te quiero aunque ni te escuche, te quiero y no me canso de decir que te quiero.


1 de Septiembre. Gracias vida.







Voy a amarte como si nunca me hubieran hecho daño antes.
Voy a amarte como si fuera indestructible.