jueves, 22 de septiembre de 2011

Mi amable subconsciente


Se sienta delante de la mesa, tijeras en mano, y contempla el reguero que conforman los momentos pasados de mi vida. Todicos esparcidos por la mesa directamente desde la caja metafísica e ultrasónica donde estaban guardados.

Un trabajo de artista, de artesano.

Allí donde se guarda todo lo que fue, pudo y quiso haber sido; todo se escucha y todo puede ser oído. Mientras toma con las manos uno de los mejores fotogramas de mis recuerdos compartidos y comienza a recortar una figura muy concreta, distingue de fondo un reguero de palabras que nacieron para no ser dichas. Y mientras, con mi hilo oracional activado por toda la habitación, copia la silueta recortada y la pega. La pega en un recuerdo en el que no estaba, y recorta ese recuerdo. Y lo aplasta contra otro diferente. Coloca allí alguna figura más, y luego guarda su obra en la bandeja de los sueños por venir. Ahora, aclarar y repetir.

Por detrás, el discurso invisible prosigue. Dice, susurra.

Te hablaré en futuro porque es el tiempo de las promesas verbales, y aunque sé que no sabrás esto nunca, estoy segura de que lo tendrás muy claro siempre. Tomaré la parte de ti que es mía por ley, por lealtad o sacrificio; y me la guardaré con recelo. Te tomaré en mis brazos, como me cuenta mi madre que me tomó a mí, sucia, caliente y lloriqueante recién salida del vientre; y dibujaré un presente, un pasado y hasta un futuro para ti. Un futuro de ti. En mi renqueante egoísmo personal, voy a usar todas las cosas que he conseguido comprender, para saber más de la tú que yo no he llegado a tiempo para contemplar. Para mí serás perfecta, más incluso de lo que eres de verdad. Porque todo lo hecho a semejanza de uno se antoja igual, y por tanto, idóneo e inmejorable. Voy a tocarte con toda la carne que conservo, y con la que me han quitado. Y voy a abrazar toda la tuya. Hasta la que te han quitado. Te besaré con mimo, como nunca nadie te habrá besado, y te veré de las mil formas del caleidoscopio de la rutina. Voy a quererte en griego, en latín, con todas mis lenguas muertas, pasadas y futuras. Te querré como madre, como padre, como escarnio y como astro, y usaré todo aquello que sé de ti, para devorarte en ti toda.

La bandeja de los sueños por venir va llenándose poco a poco. Allí dónde antes no estuvo, ahora aparece. Aquello ya resabido, es ahora aventura inmejorable. Y el discurso que nació para no ser engendrado prosigue de fondo.

Te trabajaré como se trabaja la tierra, y voy a hacer de ti la razón de cualquiera de las personas que he sido. Te pondré en cada momento de mi vida. Te querré, te querré desde dentro mío. Y así jamás volveré a echarte de menos. Serás mi fuego fatuo, hasta allí donde el frío mata por despecho. Y aunque tú no lo sepas - pero lo tienes claro - voy a hacerte inmortal.

Acabado el trabajo, suelta las tijeras en la mesa. La borboteante palabra inmortal aún chorrea por la habitación entera. Y haces de luz sonoro despiden su marcha. Vuelve conmigo y juntos, tomamos las armas de cada mañana.


Así son los trabajos, los trabajos de mi amigo subconsciente.
Mi leal y amable - por ser tan capaz de ser amado - subconsciente.
Gracias, amigo, por podar y desbrozar las noches de mi vida.



1 comentario:

Abzurdah Zenizientah © dijo...

Ha sido muy interesante leer cada una de las palabras aqui plasmadas, en las cuales te vas sumergiendo lentamente y no quisieras salir... Es maravilloso leerte!!!!

http://abzurdahzenizientah.blogspot.com/