domingo, 13 de febrero de 2011

All the lovers

- Yo pensé que estarías feliz. Feliz por su felicidad. Al fin y al cabo, es un gran paso para ella.
- Ya lo sabes, no es por el hecho en sí. Es por no habérmelo contado, por esa gota de cristal que me ha estallado dentro del pecho. Todos sabíamos que no había nada, ninguna posibilidad, por ínfima que fuera. Pero también sabíamos todos que no es lo mismo creer que algo es improbable a saber a ciencia cierta que se ha convertido en imposible. Y se perderá, por dios, sé que se perderá.

Todo ser humano debiera ser educado basándose en tres principios inapelables e invariables:

En el respeto, pues es la clave de la relación social sana y estable. En un mundo como hoy en el que estamos obligados a vivir en sociedad - pues cada día resulta más difícil encontrar un trozo de tierra en la que alejarse del mundo - la falta de respeto hacia uno mismo y hacia el prójimo no se debe tomar por otra cosa que no sea una falta de humanidad practicamente absoluta.
En la pulcritud, el gusto por el trabajo bien hecho; pues es nuestro deber para con los otros. Deberemos ser cuidadosos y responsables con nuestras obras. Si cada uno lo hace así, nadie deberá remendar los errores de cualquiera que no sea él mismo.
Y por último, en la ternura, pues es el germen de todas las buenas emociones. Si uno sabe apreciar, convivir y aceptar como parte de sí mismo a la ternura, entonces podrán su ser interior y su alma evolucionar hasta convertirse en las emociones más grandiosas y potentes que cupiesen en cualquier cuerpo físico.

Y así, quizás todo iría mejor.