jueves, 18 de octubre de 2012

Atenea llora ante el cuerpo sin vida de Venus

Escarolas doradas en el alfeizar de roca, glosario de sufrires, oloroso llanto. Mi hermana, mi tia, mi madre. Que las lechuzas plieguen sus alas : ella ha muerto. Su cuerpo yace, de rosa y de marfil, entre las sedas del sueño. Los pájaros no saltan, las víboras se enroscan, la muerte se repliega porque no tiene nada más que anhelar. Erguida me hayo, la lanza en la tierra, la punta anclada y mi casco aún emplumado. Nadie sabe cómo ha ocurrido, nadie tuvo piedad con la madre del piadoso. La laguna Estigia no es terrible por no haber fondo, sino por no conocer orillas salvadoras. Ahora mi amiga la recorre a flote porque Caronte en luto ha barado la barca. De su peinar brotan flores que al soltarla se vuelven álitos sangrientos. Y hay cadenas de sueños desconocidos enjutándole las piernas. Su cuerpo dilecto fue tan sabido que sólo ahora, en la muerte, su desnudez está desnuda. Y la soberbia de los días pasados, sus hijos, sus amantes y hermanos, son uno y son mil cuerpos. Sólo en esta tierra de ceniza la existencia se sincopa: aquí los vivos andan muertos, la pena es alegría de fin y el pánico levedad cristalina. Pero ¡callen! Me lo dijeron y no creí. Más nos valdría acabar junto a ella; ahora nuestro sino único vuelve a ser silencio. Hinquen la vista en los regazos, cierren el cuerpo al cuerpo, y no lloren más porque no podrán: Venus reina ha muerto.


miércoles, 10 de octubre de 2012

viernes, 5 de octubre de 2012

La muerta y el dios

Aquel niño tenía la panza hinchada y los ojillos secos de no pestañear. Miraba al vacío insondable que encuentran todos los niños al final de su calle. Su hermano corría, descuartizaba una hoja de eucalipto, hablaba de cómo Pablo le pegó con un banco en la escuela. El chico miraba al vacío como un muerto o un dios. Los muslos rechonchos enjaulados en pantalones de flores dramáticamente femeninos, una bolsa de papel apretujada entre sus dedos de la mano derecha y la izquierda casi inerte. Me miró. Y me sentí vista por primera vez en semanas. Eramos el niño y yo, la muerta y el dios.