sábado, 18 de agosto de 2012

Criba

"Que no te coja la Sombra" dijo mi madre.


Corrí porque la Sombra estaba empaquetada en un velo grueso de rojo sangre. Algo más oscuro que el ojo de un huracán de vísceras. Se movía lento, una lentitud de fluir. Los baños públicos donde el vientre de la mujer del asesino había dejado de sangrar eran tan accesibles como indecorosos, y un hombre trajeado apretaba su enorme barriga con un cinturón de cuero negro. Yo salí porque mi madre me dijo que corriese. No pensé en lo poco aconsejable que resultaba dejarla en un lugar tan absurdamente pacífico.

La plaza sólo tenía lugares para la Sombra, que me sentía sin tener rostro. Tomé un callejón y la voz inmaterial me advirtió: sólo podría confiar en los que me fueran fieles todavía. Escalé un desnivel y al alzarme casi vuelvo a caer, pero un hombre antiguo en mis día a días me ofreció su brazo: funcionó, me tuvo en pie. Seguí, crucé una reunión de conocidos que no hacían más que observarme ahogada en mi pánico meloso. Otra vez el equilibrio me tembló y me sujeté a la pata de una silla donde se sentaba una conocida de un mal lugar: la pata se soltó sin ruido ni fuerza, como se sueltan las piezas de un puzzle de madera. Caí, me levanté. En la callejuela siguiente mi amiga de niñez me gritaba que me quedase en aquel momento de nuestra vida, en aquel momento olvidado, que podría cambiar las cosas. Cambiaba de aspecto como si alguien pasase sus hojas muy rápido. Rehuí porque debía escapar de la Sombra y vi cómo ella caía al río al alcanzarle un proyectil que le arrancaba la vida. Comprendí que yo era culpable, que lo había sido siempre. 

Delante mía la madre de mi mejor amiga cruzaba asustada una avenida. No poseía los rasgos de su madre, pero yo sabía que lo era. Yo allí no estaba, pero lo veía todo, como el empalme mal hecho de dos agujeros de gusano. Vi cómo un desgraciado le rasgaba la piel oscura con la técnica de los pintores desencantados con sus lienzos, y sentí lágrimas familiares resbalar por mis piernas. 

Desperté. No sé qué nueva emboscada me prepara la Sombra.