lunes, 30 de septiembre de 2013

30 de Septiembre de 2013

Hay personas con corazones como océanos.
Hay gente con miedos que traicionan.

Hay un dolor que no encuentra adjetivos.

Variación de una foto que encontré navegando entre Tumblrs.

viernes, 27 de septiembre de 2013

27 de Septiembre de 2013

Yo he perdido.
Era un duelo a muerte, y he perdido.

Me dabas las gracias por quererte.

Ellos, siempre en guardia. Unas veces se gana, y otras se pierde.


Troppo Vero

Habiendo lanzado la pregunta al aire, esgrimiéndola con acentos de supremacía, el silencio se expande entre el público como la neblina de la noche pronta.

Hay un hueco, hay un lugar, hay en el aire condensado una marca recortada donde encajar una oración. La oye quebrarse sobre sus labios de un golpe sordo: un fantasma de su pasado, alguien adormecido sobre hojas de eucalipto y caña de azúcar. 
Los pulsos de su garganta procuran las certezas, son flechas de puntas doradas. El corazón bombea porque ha elegido el buen término. Mi amor desaparece tras la mirada de complicidad. Oigo pasos, oigo lloros. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

25 de Septiembre de 2013

Ser la herramienta de la luz, o ser la clave.
Morir o no morir en el intento. Decidir qué queremos ser exactamente, revisando cada noche que continuamos siendo inmutables en esencia, en reducción.

Hacía mucho que mi vida no estaba en manos de la magia. Las decisiones las toma el hombre pero las impulsa el dios, o no, o eso es sólo para Homero. Esta es la casa que levantó el caballo. La poética detrás de la traducción irregular, la visión traslúcida del que busca la raíz. Su frente contra la mía, y la risa.Su beso en mi hombro, y el suspiro. 

La paz al tiempo, la gloria al tiempo, querer poseer el mundo.

Un trozo de mundo, para mí. Para ti, para que no haya dolor. 
Voy a marcar mi cuerpo con tu nombre, para creer que soy algo, que soy alguien. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Y allí sigue, disfrazando sus dulzuras de lascivia para que la realidad no le fracturara las costillas.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Como si Octubre no fuera a llegar nunca.

Mi hermana me pidió que volviera. Hacía un viento frío y seco en Salamanca.

Dijo que mamá estaba llorando, que la locura se repetía en la casa con su patrón de pintas cárdenas. La llamé, pero ella no quería que lo hiciera.
Me escondí agitada en el cuarto de Carlos, único lugar con privacidad en su pequeño y acogedor piso, y llamé a mamá. Sonaba alegre, pero inducida, creía que yo no sabría nada. Ambas lloramos por teléfono; yo le ofrecí dinero como si eso pudiera solucionar todos los problemas. Es lo que una acaba por creer. Ella no lo quería, que ya sería bueno cuando nos hiciera falta más adelante. Entonces, tan oprimida por las rejas invisibles, tamborileando en el marco de aluminio de la ventana de Carlos, escuché pasos detrás mía. Sabía que se daría cuenta, pero no que me haría tantísima falta. Cerró la puerta tras entrar, la oí hacerlo, y entonces, mientras repetía a mi madre que lo arreglaría todo, que ella sólo tenía que estar bien y no dejarse llevar por el murmullo y por la vorágine, noté su mano en mi espalda. Si hubierais estado allí lo hubierais podido ver. Llevaba un vestido apretado con el mapa de la Tierra Media y la chaqueta azul de Héctor. La espalda se me quedó embarazada de sol. Luego se sentó en la cama que había junto a mí, y sin mirarle aún colgué a mi madre. En la despedida nuestro llanto remontó por un segundo. El patio hacía la luz muy gris, el cuarto era muy gris, pero ella siempre es rojo cálido como la pulpa de las frutas. 

Me senté a su lado en la cama, se lo expliqué todo, ella me quiso dar la paz que alumbra al final de la lógica, y allí fue que llegamos. Es fuerte, una valkyria.

Salió del cuarto, y un rato después salí yo.
Como si Octubre no fuera a llegar nunca.