viernes, 27 de septiembre de 2013

Troppo Vero

Habiendo lanzado la pregunta al aire, esgrimiéndola con acentos de supremacía, el silencio se expande entre el público como la neblina de la noche pronta.

Hay un hueco, hay un lugar, hay en el aire condensado una marca recortada donde encajar una oración. La oye quebrarse sobre sus labios de un golpe sordo: un fantasma de su pasado, alguien adormecido sobre hojas de eucalipto y caña de azúcar. 
Los pulsos de su garganta procuran las certezas, son flechas de puntas doradas. El corazón bombea porque ha elegido el buen término. Mi amor desaparece tras la mirada de complicidad. Oigo pasos, oigo lloros. 

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