viernes, 12 de diciembre de 2014

Segunda Ro-ma-ni-za-ción


11/11/14. Termini.



Allí la vi, en el andén contrario al nuestro: tiesa contra el suelo de hormigón sobre sus dos piernas  como tienen a bien de hacerlo los homínidos desarrollados. Su mirada serpenteaba y se perdía entre los raíles del metro, y yo la miraba con la mirada afilada de quien busca que lo vean y que lo amen con la mirada. Y dentro de los pantalones bien podría haber tenido una bifurcada cola de pez o dos patas de pluma, hueso y al término una garra; pero su rostro lo poblaban los pómulos  de una nereida, y bajo sus cejas descansaban los ojos de una nereida, y su pelo largo como el día recordaba al ondulado pelo de una nereida prerrafaelita que se posara entre los humanos unas horas para regalarse de la mediocridad propia de éstos justo antes de alzar el vuelo.

Yo la miraba, la miraba para que me amase.

Llegaron los trenes cruzados, y sus alas se desplegaron entre el gentío del mediodía. Miré por verla hasta que no quedaron maneras posibles de encontrarla. Aún con el coletazo doliéndome en la cara, sintiendo las nuevas branquias hinchadas infectándose en mi piel, me ahogué de nuevo entre el tumulto. Me hundí en ese tren que no escogí bien, y luego en el país que no es el suyo; marina para siempre, barada en la orilla donde el mar roza y no salva, donde mi nereida nada y no lo sabe.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Ro-ma-ni-za-ción

Via del Corso, 165. Roma
08/11/2014
Aquí, rodando.
Deslizándonos por el suelo
de la tienda.
Mira el mundo girando sobre nosotros, los amigos que nos han dejado solos para admirar los estantes. Hay caras y colores que recuerdan a esa parte de nosotros que no murió, aquella horaria y vallada libertad del patio de colegio donde nos reencontramos.

Recuérdame que somos eternos.

Voy a guardar ese recuerdo en el que caminas a mi lado por la cuesta de hormigón hasta que se me mueran mis conceptos, y a su lado esperará este otro, donde ya hace tiempo que no andas,y ambos rodamos por la tienda. Hay dolor en este instante, pero también una paz sentenciosa.

Te tengo delante como si me miraras de lado.

Estas formas y colores dolían a mi madre cuando no podía darme aquello que anhelaban mis volubles deseos. Arqueología del alma. No hemos sido nunca como los demás. Todos rotos, todos muertos de esta vida, sólo reflejos en su cúpula de apatía mientras gritamos en ese otro mundo donde reside la pertenencia.

Viajamos en este autobús ahora, y el sol calienta las barras rojas de metal que no te dejan entrar con la silla de ruedas. Pero somos eternos, y existimos pese a todo - y es que todo pesa, pero nadie lo sabe. Rodábamos ayer por el suelo de la tienda, entre la gente que no sabe, cautivados por la felicidad antigua del que no conoce.

Rotos, recomponiendo.
Reconvirtiendo.

martes, 14 de octubre de 2014

To be better.

Ya no se escuchan los maullidos del gato a la cabeza del sendero. A la cola las farolas matutinas han caído.

¿Cuán verdadera es la sombra que proyecta la insatisfacción sobre el omóplato ajeno? En este mundo se ha roto la polea, y todos parecemos tristes. Tristes, llegamos a casa agotados de la vida y nos tumbamos a soñar con lo que no ocurrirá o con lo que ya jamás volverá a suceder. ¿Qué reside escondido entre los puñados de algodón de nuestras almohadas? ¿Por qué es más fácil? Pálido valor este que nos saca a empellones y nos devuelve exhaustos al principio. Quizás, si no nos empeñáramos en creernos esta bella mentira a la que llamamos progreso, tendríamos un valor verdadero para parar y esperar, tratar de resolver el problema, dejar de vagar para empezar a caminar seguros. 

El error convive con nosotros, nos lleva de la mano a la muerte sin dejar que le miremos la cara. Y escritos en su nuca están los tiempos de sueño en los que se vive por siempre; ahí donde no se marchitan los niños y sus manos.



Me has dejado viuda. Has muerto en el más mortífero de los lugares: mi decepción. 
Yo creía que eras mi amiga.



lunes, 11 de agosto de 2014

El dolor sin creatividad.



Ya todos son iguales, ya todas son idénticas. 
Añoro existir. 



Podría haber sido así. Que en un instante bajara de su casa un ser muy amado en el recuerdo y socorriera el dolor terrible de aquella hora maldita. Convertir un símbolo de angustia en uno de esperanza, con un único abrazo. Fue una tentación.

Al final parece que uno acaba madurando, quiérase o no. Llega el hombre sin rostro y deja caer pintura fluorescente en el suelo. La línea con la fantasía es real, es visible. No hay excusas si la cruzas, eres adulto y eres culpable. Pero a veces, hay quien la cruza.

Encuéntrame al otro lado. Estaré aquí toda la eternidad. Me preguntan cuál será mi legado, y respondo con la no-muerte.

Siempre estaréis vivos, porque yo os llevo dentro.

Y el camino.

jueves, 26 de junio de 2014

26 de Junio de 2013

Hay crueldad en este mundo. Crueldad estructural, sistemática, sin-tó-matica.

Hay crueldad por todos lados, cuando sólo debería haber ternura. Incluso es la moneda de cambio para quienes sólo sabemos regalar ternura. Ojalá lo vierais, y apostaseis por mí. Supongo que es más fácil de cualquier otra forma. A veces es mejor no darte cuenta de lo rápido que todo pasa.

Ha acabado este pequeño juego de conocernos
nos han dejado el odiarnos o el querernos
y nunca poder recordar cómo fuimos
antes de decir que nos habíamos conocido.

lunes, 28 de abril de 2014

Anul

Creo que debe de haber algo mejor que esto. Sé que lo perdí. Hace muchos años tuve algo muy parecido a un lugar en esta tierra que vosotros llamáis mundo. 
Físico.
U
ni
ver
so.

Ni verso. La gravedad apaga el fulgor de los sentidos reales. No ver, percibir. No oler, rememorar. No tocar, leer. ¿Me lees, hermano?¿Estás perdido - como yo - en la niebla? Si hay algún momento en que sientas que perteneces a este mundo, por favor, no te molestes en creerte mi igual. No sabes quién soy.

Nadie sabe quién soy.

Pero estoy segura de que hubo un momento, un vado antes de una bifurcación, donde pude haber elegido. Me engañaron, juro que me engañaron. Yo me hubiera quedado para siempre. Ahora no tengo hogar.

Es cuanto menos hilarante el hecho de que cualquiera que lea esto pensará que tiene algo que ver consigo mismo. Que seguramente, si me conocéis y formáis parte de mi círculo en esta tierra que es en verdad el sueño - o pesadilla - de la vida, creeréis que esto no es más que una contracción, una onda concéntrica en expansión desde el agujero de bala de alguno de mis problemas - todos con su libro de familia propio. 
Pero no. A veces la gota que resbala por la cornisa del  porche puede agitar la marea. Puede absorber el firmamento.La luz.

La luz.

Qué poco elegante es hablar de las cosas sencillamente, sin tapujos. Sin filigranas.  ¿Verdad?

Me compraré una petaca y un libro para que no me haga falta nadie. Para que nunca necesite nada. No quiero vuestra caridad. No quiero vuestra limosna. No sabéis quién soy.

Sé que en algún lugar debe ser fácil existir. Me niego a pensar que el problema germina en mí. Pero lo conozco, puedo mirar a sus ojos de guacamayo y comprender que me vive dentro. Sé que hay un lugar donde rompen las olas a intervalos regulares, donde viven Percival y Lawrence. Lo sé porque siento su llamada.Como sé que lo único que me salvará del polvo es el amor de mi hembra.

Y yo, indecente, quiero más sin renunciar. Quiero poseerlo todo. Te miré. Esa noche tus ojos eran como dos granadas de mano. Y celestes, también.

Mientras, me apago.
The waves broke on the shore.

martes, 8 de abril de 2014

Piedra amarilla

Había algo en tus ojos, y ni recuerdo su color. Las sombras del alcohol perfilaban la realidad. El círculo de gente que no acababa de entender el idioma en el que hablábamos - porque en las canciones que se conocen hay un alfabeto escondido debajo de cada estrofa. Pero tus manos se movían por los trastes saltando entre notas que yo podía reconocer. La letra fluía, volaba. Tampoco importaba demasiado. Tu lugar, mi lugar, y la noche. Y a mi lado, plegados como las alas del arcángel, dos hermanos que flotaban entre las volutas del humo de tabaco. 

Había algo, en las venas. La convulsión del ritmo, y yo escupiendo notas agudas a las hojas del árbol en el techo. Cuando las piedras del portón azteca ruedan se presiente la plenitud del engranaje. Me hacías falta. Podía oírte, de tus ojos a mis ojos. Escucha: somos el ojo del huracán, todos están fuera y esto no va a acabar nunca. Dejemos a los mortales contentarse con las bajas pasiones. Estamos volando sobre el cráneo y sobre el barro. 

Besar el color de tu voz antes de saber tu nombre. Marcharme de allí, sin necesitar saber tu nombre.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Hacia lo salvaje.

Eso petardeaban los horribles altavoces de la gasolinera donde hemos preparado el coche para ir al aeropuerto. Un himno baqueteado y descuartizado con anuncios sin ningún tipo de relevancia para nadie más que para el pobre ser que ha tenido que diseñarlos. 

No creo que sea una casualidad.

Me voy. No sé si volveré yo, u otra metida en este cuerpo. Os he explicado las razones y no creo que hayan quedado claras. Hubo un noviembre en el que decidí que necesitaba correr. Hoy, mil amaneceres de distancia y sigo teniendo el irrefrenable deseo de arriesgarme a algo de verdad. La vida debe ser tangible a cada segundo. Así pues, parto rumbo a los lugares de Virginia, para que ella me dé algunas respuestas que quizá sí quiera oír. O no. Pero habrá valido la pena intentarlo.

Esto puede ser una perfecta forma de tirar dinero, o cualquier otra cosa. Magnífica y fosforescente. Pero, ¿por qué no?

Volveré, porque yo no eludo mis responsabilidades. Pero quizás algo haya cambiado.


martes, 11 de febrero de 2014

Es viejo, pero no.

Obsérvalo. Es viejo, pero no.
Tiene pelo en la cabeza, piel tersa aún, manos cuidadas. Y sin embargo, sus ritmos y tonos son ancianos, añejos. Pregúntate el por qué de esa impresión. Un hombre lozano y fértil es hoy para ti en cierto punto deccrépito, y no es culpa suya. Los cánones sociales que han señalado como mejores o peores en el rango de lo atractivo unos centímetros más o menos de piel, pelo y uñas hunden sus raíces en los estratos de la memoria. La complejidad de esta perversión atenaza la garganta y empuja a olvidar el intento siquiera de comprenderlo en su totalidad. Que cada uno viva o no según los parámetros que nos imponen, e intentemos ser felices. 

¿Pero quién realiza estas contracciones del ancho afectivo?¿Quién mantiene sobre el cuello de los poco amanerados el hacha indolente de la exclusión social? Nadie quiere esto, todos somos de lo más valientes y creativos, y sin embargo, preferimos no pensar- una vez más - y no asumir que quizás los seres más excelsos a nuestros ojos para otros serán motivo de risa. Pero no olvidemos lo radical: la chispa de la emoción, el click multisonante de la poesía, es capaz de dignificar y justificar una vida entera. Y no nos confundamos: no la del hipercanónico, sino la tuya.

Atrevámonos a amar.

domingo, 2 de febrero de 2014

02 de Febrero de 2014

Hubo un tiempo en que el mundo era finito. Las calles y las horas tenían el mismo nombre y la misma dirección. En aquel tiempo no recuerdo ser precisamente feliz porque no creo que jamás haya aprendido a ser feliz completamente. Supongo que en aquel tiempo, tan sólo las pequeñas calamidades que asolaban el terrario que era mi vida bastaban para hacerme creer la protagonista de la mejor leyenda del mundo. 

Hubo un tiempo en que cada cosa era singular. Única, irrepetible, incontrolable. Y a la vez, todo regido por las leyes básicas del ritmo. Recuerdo muros verdes y pavimentos de cemento y piedras redondas; fiestas mal planeadas, contentarse con poco, siempre esperar demasiado. Había un camino hasta la casa de mi hermano que tenía una hora y un color. Mientras lo cruzaba, los coches, los viejos sueños, los anhelos escondidos nos pasaban por la izquierda y a veces hacían luces para saludarnos. Pero casi parecía que éramos libres. Recuerdo sentir todas aquellas cosas antes de saber que tenían un nombre, y ser perfectamente consciente de que las añoraría llegado el momento propicio. 

Aún hay gente viviendo en ese mundo, que pasea sus perros junto a las paredes de cristal que se alzan hasta el cielo marcando el final de la sequía. Se me olvida. Les deseo ceguera y prosperidad. 

miércoles, 22 de enero de 2014

Socorro: Mi cuerpo me ha secuestrado

Se ha roto la comunicación entre mi corazón y mis labios. No puedo decir que os quiero. Que os echo de menos. Que daría la vida por ti. Ya no hay miedo, ni un charco bermellón en la panza cuando algo puede salir mal, o cuando algo sale mal. No se me encienden las luces de la piel cuando tengo ganas de llorar.

Estoy mandando una señal de socorro desde lo más profundo de mi consciencia, pues no me dejo salir. Una roca de cenizas me bloquea la garganta y juro que os abrazaría, pero no creo que vaya a hacer más bien que mal.



Visualiza lo que quieres ser, y de repente un día te encontrarás siéndolo. Bienvenida: te has convertido en aquello que admirabas. Hay algo físico en esa idea, algo sólido. Quizás, si me estoy muy quieta, desapareceré.