lunes, 28 de abril de 2014

Anul

Creo que debe de haber algo mejor que esto. Sé que lo perdí. Hace muchos años tuve algo muy parecido a un lugar en esta tierra que vosotros llamáis mundo. 
Físico.
U
ni
ver
so.

Ni verso. La gravedad apaga el fulgor de los sentidos reales. No ver, percibir. No oler, rememorar. No tocar, leer. ¿Me lees, hermano?¿Estás perdido - como yo - en la niebla? Si hay algún momento en que sientas que perteneces a este mundo, por favor, no te molestes en creerte mi igual. No sabes quién soy.

Nadie sabe quién soy.

Pero estoy segura de que hubo un momento, un vado antes de una bifurcación, donde pude haber elegido. Me engañaron, juro que me engañaron. Yo me hubiera quedado para siempre. Ahora no tengo hogar.

Es cuanto menos hilarante el hecho de que cualquiera que lea esto pensará que tiene algo que ver consigo mismo. Que seguramente, si me conocéis y formáis parte de mi círculo en esta tierra que es en verdad el sueño - o pesadilla - de la vida, creeréis que esto no es más que una contracción, una onda concéntrica en expansión desde el agujero de bala de alguno de mis problemas - todos con su libro de familia propio. 
Pero no. A veces la gota que resbala por la cornisa del  porche puede agitar la marea. Puede absorber el firmamento.La luz.

La luz.

Qué poco elegante es hablar de las cosas sencillamente, sin tapujos. Sin filigranas.  ¿Verdad?

Me compraré una petaca y un libro para que no me haga falta nadie. Para que nunca necesite nada. No quiero vuestra caridad. No quiero vuestra limosna. No sabéis quién soy.

Sé que en algún lugar debe ser fácil existir. Me niego a pensar que el problema germina en mí. Pero lo conozco, puedo mirar a sus ojos de guacamayo y comprender que me vive dentro. Sé que hay un lugar donde rompen las olas a intervalos regulares, donde viven Percival y Lawrence. Lo sé porque siento su llamada.Como sé que lo único que me salvará del polvo es el amor de mi hembra.

Y yo, indecente, quiero más sin renunciar. Quiero poseerlo todo. Te miré. Esa noche tus ojos eran como dos granadas de mano. Y celestes, también.

Mientras, me apago.
The waves broke on the shore.

martes, 8 de abril de 2014

Piedra amarilla

Había algo en tus ojos, y ni recuerdo su color. Las sombras del alcohol perfilaban la realidad. El círculo de gente que no acababa de entender el idioma en el que hablábamos - porque en las canciones que se conocen hay un alfabeto escondido debajo de cada estrofa. Pero tus manos se movían por los trastes saltando entre notas que yo podía reconocer. La letra fluía, volaba. Tampoco importaba demasiado. Tu lugar, mi lugar, y la noche. Y a mi lado, plegados como las alas del arcángel, dos hermanos que flotaban entre las volutas del humo de tabaco. 

Había algo, en las venas. La convulsión del ritmo, y yo escupiendo notas agudas a las hojas del árbol en el techo. Cuando las piedras del portón azteca ruedan se presiente la plenitud del engranaje. Me hacías falta. Podía oírte, de tus ojos a mis ojos. Escucha: somos el ojo del huracán, todos están fuera y esto no va a acabar nunca. Dejemos a los mortales contentarse con las bajas pasiones. Estamos volando sobre el cráneo y sobre el barro. 

Besar el color de tu voz antes de saber tu nombre. Marcharme de allí, sin necesitar saber tu nombre.