lunes, 26 de enero de 2015

Lunes 26/01, 13:37

Ojalá tuviera dinero, o carácter
o alguna de esas cosas que te hacen invulnerable
y que te dan derecho a soltar opiniones como 
"El descaro de algunos individuos les acabará llevando
tarde o temprano al cajón de la guillotina."

Pero no, yo me callo,
sonrío,
y pienso que mi tiempo no es mi tiempo
y que hay graves deshonras
donde no los ve nadie.


domingo, 25 de enero de 2015

El salto del ángel y la cúpula de cristal.

Pongo los pies sobre tu cúpula de cristal. Hay viento helado en la altura. No te importa el exterior, sé que dentro se está caliente. Tus ternuras encienden el aire que respiras.

Veo a través de la cúpula. Tus recuerdos, el pasado, el presente que no me has contado y que seguramente no me contarás jamás. Mira a tus tristes coetáneos que no saben de su suerte. Te tienen cerca, y yo aquí, resoplando contra el cristal. Quiero estar cerca. Quiero estar más cerca. Caer; romper la cúpula, y en un salto del ángel aterrizar en el centro de tu vida. He llegado sin que me vieran, he llegado sin llegar, y me iré como la sombra que soy. 

Los jeroglíficos escarificados en tu cuello se iluminan cuando te acercas a mis manos. No consigo descifrarte desde el cristal. No lo sabes, pero quiero quererte hasta que rebosen los mares y todo esté perdido. 

¿Me escuchas? Tengo los pies sobre tu cúpula. 
Y veo el baile abajo.

Vamos a bailar. Quiero peintarte el pelo cada tarde de mi vida.
Verte dibujar cada tarde de tu vida. 

Mira el mundo turbio desaparecer contra mi espalda, mientras hago el salto del ángel.

miércoles, 21 de enero de 2015

Pedro

A veces lo miro y parece de verdad que la nuestra es una raza compleja. Concretamente hermanos, no por las cosas que hemos visto - que también -, sino porque para nosotros las raíces del mundo tienen la misma textura. 

Quizás él haría ondear banderas diferentes a las mías en las astas de nuestro país, pero eso no nos aleja. Casi nunca. Mellan las diferencias los días fútiles en los que uno olvida que lo único importante es seguir respirando y ser amado al final del día. Ser considerado, ser añorado por quien no podría seguir sin ti. Cuando esto se olvida y la banalidad se hace con las horas, podríamos repudiarnos.

Pero luego vuelvo a mirar y veo las simetrías. ¿Dónde queda el eje que traza la fuga? Recogemos de la realidad - que nos envuelve como psicodélicos vientos elíseos, entrando en el pecho y saliendo sin hacerse responsable de nosotros - trozos, sobras, pequeños emblemas de momentos que colgaremos más tarde de los hilos del techo en nuestras guaridas. 

Este miedo a que pase el tiempo y nos devore. Encallar, encontrar el trozo de balsa en el que flotar antes de ahogarnos como Jack. Nadie recuerda que las rosas no saben nadar.

Y mientras, 
ve-re-mos-lo-que-na-die-ve.
Querremos
lo-que-na-die-quie-re.

Mo(nu)mento

Y entonces rompieron a andar.

Sus pies rozaban el asfalto, la piedra y el gramón crecido; sorteaban los charcos profundos mientras el cielo asomaba la frente en el reflejo. Tomaron los pasos y se armaron de silencio. Un silencio blando, compartido con la indudable lealtad del que se coloca a tu lado en la marcha. Poco antes se encontraban acomodados en el lugar seguro, sin expectativas ni desazón alguna que pudiera arrebatar la delicadeza de su acto. Y pronto, como una corneta inaudible, decidieron al unísono zanjar el asunto, y caminar. Uno a uno abandonaron el lugar y tomaron el camino, alineados como el firmamento imaginado por los ancestros del hombre. Su danza tenía sentido por ser conquista, se adentraban con calma en ese mundo húmedo que la lluvia había limpiado de personas. Sonaban en sus oídos las canciones, sostenían sobre sus hombros las líneas que dirigían al punto de fuga. A su alrededor, las nuevas estructuras de una generación. 

Poética del anuncio de perfume. Pero poética.

Caminaron durante horas sin preguntarse nada, amparados en el lazo que los unía. A menudo los inseguros se atormentan: ¿cómo ser inmortal? Ellos lo hicieron. Es más fácil: uno toma el momento, y lo hace vertical como un monumento. Existe, prevalece a la corriente pedregosa del río - aunque nadie lo recuerde. En una época en la que ya nadie cruza los desiertos o las anchas llanuras de la Pampa, o atraviesa los mares con bastones de madera en pos de una promesa de mejor vida; en esta época de quietud y asfixia, tomaron el aire y caminaron siguiendo un curso circular.

En un instante, pararon. Y volvieron. Cruzaron los puentes y las empinadas cuestas con el mismo empuje, se atomizaron por sus caminos propios para volver a casa - aún acompañados los unos por los otros, con la presencia casi física de aquello que es real sin que haya de ser argumentado. Nadie preguntó nunca nada. 

jueves, 1 de enero de 2015

Traspasa




Definamos ese lugar primero por todo aquello que no es, y quizás así sea más fácil.

No es una cueva pero tiene un arco de afiladas rocas dentadas por entrada. Es húmedo pero no lascivo, no es claro y no deja pasar la luz. No tiene a bien de ser cálido, aunque tampoco hiela los huesos que dentro de sí se encuentran porque ya vienen helados de fuera. No es un lugar de muerte, pero no han de vivir los cuerpos que allí meditan. Aunque es profundo como un estanque, no es el final del camino. Se pega y fluye, impregna el interior de las cáscaras no como el tártaro, no como el pozo de las almas, sino como una cinta transportadora accionada por el peso del fardo. 

No es negra, es azul. Hasta en los musgos y en los corales, uno puede ver el acuoso azul que bordea los salientes; peregrino muerto del cielo, sombra pálida que acaricia a los asustados restos de rojo y verde.

Al atardecer, una flema de luz celeste cimbrea frente a la puerta, que no es una puerta pero sí lo sería si el lugar tuviera forma, dirección y localidad. No lo es, no la tiene, y la puerta podría ser un muro alargado en su perímetro que tocara el suelo en vez del aire, o quizás una orilla estrecha que alzara la mirada al cielo con los carrillos a rebosar de agua. Agua azul. No es marino ni es fluvial, pero alberga agua. Y al atardecer la luz resbala, cristaliza y genera una pátina de claridad. No lugar, no forma, pero sí curso temporal. La criatura, que vive en la noche pero no la prefiere, que venera la luz pero no la consiente, alza los pies ingrávidos y salva las distancias de la no forma dejándose llevar en la cinta transportadora. El lugar no tiene borde, puerta, cumbre o altura, pero la criatura la alcanza, alinea la espina y deja que la luz le acaricie los párpados. La luz acaricia, pero la criatura no se abandona, y su párpado medio abierto le permite la guardia. No hay objetos en el lugar, ni vacío ni ruido que se genere, pero la luz calma el zumbido de la criatura y la criatura lo aprecia.

Un segundo y la criatura está de vuelta. No hay molestia en el zumbido, no hay adherencia al silencio. La criatura se sumerge en el no fondo del lugar sin forma, y las horas vuelven a transcurrir.

No forma, no lugar, no color, no material. Pero horas, siempre las horas. Y la luz que las traspasa.