martes, 24 de febrero de 2015

Que sepa quien pueda saber.

¿A quién voy a confesarle que las ideas que decoran tu nombre aún me retuercen las entrañas? ¿A quién voy a contarle que en tu nombre descansan dos imágenes capitales como olvidadas para estos que nos rodean?

Febe, la luna, la eterna hermana que danza con su poderoso frater el sol. Que hace que vengan las olas a romper los cristales de la orilla. A chocar entintadas contra lo obscuro de mi aorta.

Ana, la madre de la madre, la que cuidó el amor de María cuando aún era pura de martirio y sacrificio. Cuando nadie había puesto los ojos en ella.

Llevas en el nombre la marca de las mujeres que sólo fueron vistas por los cautos. En silencio. Bullen en tus oídos los ruidos de la guerra, tu batalla enjuiciada contra el silencio que debió elegirte de motu proprio. ¿Qué otra explicación podría haber? Te llaman puta y te dejan a un lado para que te devore la justicia poética del feligrés puritano. Ni elijen a dios ni elijen al hombre.

¿A quién le voy a decir que te abro los brazos para cuando yo te haga falta?
A mi ego orejudo, bizarro monstruo sin pelo que es el único que me acompaña por las noches, y que habrá de lanzar el primer puñado de tierra sobre mi ataúd de cerezo.

¿Quién va a venir a leer las notas de una gris que te necesita más de lo que necesita tu amor?

domingo, 22 de febrero de 2015

No me olvido. Tercer día del reto.

Uno de los tres poemas que componen la serie "Seguro que ya sabéis".

Seguro que ya sabéis. 



Estoy algo
totalmente
convencida, vamos
de que seré uno de esos viejos verdes
que lanzan piropos desde los bancos
o miran de reojo a las novias de sus nietos
mientras sorben fideos
o algo así, ya sabéis.
Seguro que ya sabéis.

Casi mejor me pego un tiro
y acabamos con esa posibilidad
de que me joda una existencia
más o menos honorable
- estoica, digamos -
en tres arranques seniles,
petróleo de algún manido sueño
que se me quede en el tintero.

Olor a orín, y a Pachouli,
o algo así, ya sabéis.
Seguro que ya sabéis.


martes, 17 de febrero de 2015

Segundo día de reto.


Para Alba García Vargas, reina de Almería

El cielo estalló y cayeron sus trozos
oh, descarnada juventud.
Estoy enamorada de esta gente.
Eso dijo, Lua, enorme y blanca
en mitad de la medianoche
corinto y enrejada
que era esa azotea llena de genio.
Beltrán, su ombligo de plastilina
y tú tenías flores en el pecho.
Juan Jesús escanciaba la espuma
mientras el hondo Víctor tornaba
los ojos terrosos de inocencia
y esgrimía palabras sagradas,
profecías que nunca aprenderé
pero que hacen a la tierra llorar
y a la sangre hervir en el pecho.
Adorar a Maahas el grande,
literales, alocados, adolescencia perdida
recuperada a saltos entre el grifo
de la fuente y vuestra danza
de la lluvia.

El diábolo saltaba alto hasta el sol
entre el rasgón del vaquero
y la carne descubierta.
Flores en la oreja para Pedro
también en mi mano, de su mano
ancha como el corazón de Emilia
con los dedos y el cuchillo de partir los tiempos.
Rojo, rojo el cielo, el suelo,
la herida, su pecho,
roja la curva del hombro:
mañana Nico tendrá la piel quebrada.
Nadie miraba, y Terroba crecía
y la fuente, imparable, titánica
la vida al alcance de la lengua.

Y todo tan lejano, Alba.
No nos vayamos.
Que llegue tu tocayo, invoquemos,
que llegue pronto el amanecer
y nos apadrine.


lunes, 16 de febrero de 2015

De retos y demás.

Los que no lo sepan por haberlo oído de mis propios labios habrán podido comprobar (o al menos sospechar) que no he colgado poesía desde hace algún tiempo en este blog. Hay un razón para ello, pero es historia que será contada en otro momento. A lo que vengo es a colgar ciertos textos selectos para ilustrar un evento en mi Facebook al que me ha invitado Inma Naranjo, amiga querida. Empezaré por el siguiente, y ya veremos qué ocurre.



CONVERSACIÓN CON IRENE

Quiero ser un ángel, Irene.
Ojalá.
Sin sexo y sin edad en la piel
sino en el alma.
He vivido mil años

y no lo sabe nadie. 





domingo, 1 de febrero de 2015

Los libros no juzgan

Sumergirse en el estudio, hundir el rostro en los libros.
Qué tendrán, que devuelven la paz a los días.

No juzgan. Los libros no juzgan.