miércoles, 21 de enero de 2015

Pedro

A veces lo miro y parece de verdad que la nuestra es una raza compleja. Concretamente hermanos, no por las cosas que hemos visto - que también -, sino porque para nosotros las raíces del mundo tienen la misma textura. 

Quizás él haría ondear banderas diferentes a las mías en las astas de nuestro país, pero eso no nos aleja. Casi nunca. Mellan las diferencias los días fútiles en los que uno olvida que lo único importante es seguir respirando y ser amado al final del día. Ser considerado, ser añorado por quien no podría seguir sin ti. Cuando esto se olvida y la banalidad se hace con las horas, podríamos repudiarnos.

Pero luego vuelvo a mirar y veo las simetrías. ¿Dónde queda el eje que traza la fuga? Recogemos de la realidad - que nos envuelve como psicodélicos vientos elíseos, entrando en el pecho y saliendo sin hacerse responsable de nosotros - trozos, sobras, pequeños emblemas de momentos que colgaremos más tarde de los hilos del techo en nuestras guaridas. 

Este miedo a que pase el tiempo y nos devore. Encallar, encontrar el trozo de balsa en el que flotar antes de ahogarnos como Jack. Nadie recuerda que las rosas no saben nadar.

Y mientras, 
ve-re-mos-lo-que-na-die-ve.
Querremos
lo-que-na-die-quie-re.

Mo(nu)mento

Y entonces rompieron a andar.

Sus pies rozaban el asfalto, la piedra y el gramón crecido; sorteaban los charcos profundos mientras el cielo asomaba la frente en el reflejo. Tomaron los pasos y se armaron de silencio. Un silencio blando, compartido con la indudable lealtad del que se coloca a tu lado en la marcha. Poco antes se encontraban acomodados en el lugar seguro, sin expectativas ni desazón alguna que pudiera arrebatar la delicadeza de su acto. Y pronto, como una corneta inaudible, decidieron al unísono zanjar el asunto, y caminar. Uno a uno abandonaron el lugar y tomaron el camino, alineados como el firmamento imaginado por los ancestros del hombre. Su danza tenía sentido por ser conquista, se adentraban con calma en ese mundo húmedo que la lluvia había limpiado de personas. Sonaban en sus oídos las canciones, sostenían sobre sus hombros las líneas que dirigían al punto de fuga. A su alrededor, las nuevas estructuras de una generación. 

Poética del anuncio de perfume. Pero poética.

Caminaron durante horas sin preguntarse nada, amparados en el lazo que los unía. A menudo los inseguros se atormentan: ¿cómo ser inmortal? Ellos lo hicieron. Es más fácil: uno toma el momento, y lo hace vertical como un monumento. Existe, prevalece a la corriente pedregosa del río - aunque nadie lo recuerde. En una época en la que ya nadie cruza los desiertos o las anchas llanuras de la Pampa, o atraviesa los mares con bastones de madera en pos de una promesa de mejor vida; en esta época de quietud y asfixia, tomaron el aire y caminaron siguiendo un curso circular.

En un instante, pararon. Y volvieron. Cruzaron los puentes y las empinadas cuestas con el mismo empuje, se atomizaron por sus caminos propios para volver a casa - aún acompañados los unos por los otros, con la presencia casi física de aquello que es real sin que haya de ser argumentado. Nadie preguntó nunca nada.