jueves, 31 de marzo de 2016

Kynthos



Este es el momento en el que guardo silencio por tu recuerdo.




¿Qué sentido tiene estar vivo? Las piernas alzan al individuo hacia el sol, contra el suelo. Es el primer resquicio de imbatibilidad. Estabas aquí mucho antes de saber mi nombre, y saltabas de ansia el día que nos conocimos. Vi los ojos dulces de tu madre al mirarte. Los brazos de tu amiga enroscarse sobre tu cuello al verte, presas ambas de una alegría sin limitaciones. Vi tu enfado, tu derrota y tu armisticio. Y hablaba de mi nuevo amor el momento en que caíste al suelo.

Hoy no existes. El día que caíste al suelo alguien te salvó de las convulsiones y yo te tuve contra mi pecho. Te tuve contra mi pecho. Cerré mi cuerpo en torno a ti para que la muerte se alejara, y tú respiraste. Estuvimos hasta que llegó tu madre y te llevó consigo. No nos despedimos. Estabas muy lejos dentro tuyo: no creo que recordaras que yo estuve allí. Esa tarde que caíste al suelo.

Hoy no existes, y me has dejado aquí. No creo que pensaras más de dos veces en mi nombre. Me has abandonado. Te tuve contra mi pecho, contra mi maternidad frustrada, contra la muerte que nos persigue siempre. En el rincón más azaroso del mundo, me has abandonado. 

Pienso en la sonrisa de tu amiga al verte, y en tu nueva ausencia. 
Pienso en la sonrisa de tu amiga al verte
y
en
tu
ausencia.


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