lunes, 29 de agosto de 2016

The pretty one

¿Y si el verbo cayera, y se elevaran las formas?
Queden solo los recuerdos, archivados en un fondo centralizado: tus ojos me harán inmortal.

¿Y si quisiera morir?

No-Lugar de Jose Carvajal en 500px.com
Jose Carvajal





Dos días mirándote. Queda este poso de ingenuidad en el frío marmol, mi techo de cristal. Me pregunto si lo perderé algún día. Dos días mirándote, lejos de aquí - rodeada de nuevos amigos, de compañeros de lucha, de guerreros sin patria terrena que te abrazan comos si la redención se encontrara en sus pechos. Como si lo supieran.

Me pregunto si el alma humana es irreductible. Me pregunto si es resumible en un instante, en esta emoción estática de mirar y ser mirado, y nada más. De encontrar a alguien que brilla en plena multitud. Un segundo basta para acallar las horas de dolor, por un segundo. Pero hay otro dolor, tanto llanto en la estructura, tanta lucha por ser luchada. Prefiero tu amistad a tu amor. Prefiero tu revolución a tu amor. Abajo el miedo, la soledad, el camino perdido en plena oscuridad mientras las bridas sueltas del egoísmo escuecen al golpear con la piel. Abajo las viejas historias de la construcción del mundo, las columnas del imperio y las maneras agotadas. ¿Quién quedará cuando todo haya acabado? ¿Cuánto dinero intentarán llevarse bajo tierra?

Sé la cara del nuevo tiempo. Arrójame el aire al pulmón.
Regálame la revolución.


domingo, 14 de agosto de 2016

14 de agosto de 2016

Eras feliz. 

Lo pienso, y eras feliz. De alguna forma yo sabía que no podía ser yo la que mantuviera tanta felicidad, tanto tiempo. Eras tan feliz, te sentías tan segura. Intento evitar pensar que no eras feliz conmigo sino con algo que habitaba dentro tuyo hecho a partir de trozos de mí. Temo al fantasma con mi rostro que o bien te enamoró o bien te hirió sin que yo pudiera decidir nada. Me dicen que hay cosas que pasan sin más, que no hay explicación para ciertos sucesos. Pero intento recordar los hechos y no las palabras: éramos felices. Es bello que nos diéramos la oportunidad de hacernos tanto bien. 

Ojalá un día decidas perdonarme, hablarme y dejarme enseñarte
unas fotos tuyas que tenía olvidadas por aquí
y los últimos poemas que te compuse.

viernes, 12 de agosto de 2016

12 de agosto. 12 de agosto. 12 de agosto.

- Escribo esto aún con los sentidos encarnados y el corazón compungido, pues me mueve sólo la voluntad de relatar la verdad. - Esto decía, al empezar la página. Seguía. - Quiero que sepas que esta noche he soñado intensamente, y llegado a un recodo del curso del sueño he sido plenamente consciente de que onírica era la naturaleza de mis emociones - y así con todo, he decidido seguir soñando. Ahora te relataré por qué.

Comenzó la tarde en una casa habitada por seres que no eran. Estaba allí mi padre, que jamás ha estado en esa casa en concreto, pues la habitaba su hermano antes de marcharse. Yo quería salir a hacer unas compras, y él me encargaba otras tantas; yo bufaba por el peso a cargar y él eludía mis bufas. Iba. Y en el camino al supermercado alguien me asaltaba en una esquina: dos jóvenes me agarraban e intentaban quedarse con todo lo que yo tenía. En un primer momento he salido corriendo: creía que corría con todas mis posesiones intactas. Pero antes de darme cuenta ha caído la noche, me encuentro en no sé qué lugar, no recuerdo las últimas cuatro horas y me faltan cosas en la mochila. Me falta un abrigo que recién había comprado, y algunos papeles que encuentro recorriendo a tientas el camino que había hecho después del fatídico encuentro. Allí estaba todo, como esperándome, agazapado del viento en las esquinas. Miro el teléfono y hay llamadas perdidas de Peri, pero no las recuerdo. No recuerdo nada.

Acudo a una casa que no conozco despierta pero sí parecía ser familiar en sueños, y hay allí personas de confianza. Recuerdo rostros doblados, trozos de caras, más las emociones que me inspiraban que los rasgos que poseen bajo la luz del día. Les cuento los sucesos, me oyen e intentan calmarme. De repente suena no sé qué música, y entre las canciones resuena el nombre de tu pueblo. Tengo miedo, pero también una indecente necesidad de saber qué va a ocurrir, porque sé que hay alguien dirigiendo esta escena: sé que es ella. Emilia viene a buscar mi felicidad una vez más. 

Entonces comienza el espectáculo. Aparecen en esa habitación pequeña y completamente extraña poco a poco todas las personas que he amado. Toca primero el turno de compañeros escolares del principio, del lapso intermedio y también del final. Vi con cierta claridad los ojos de Laura y rompí a llorar por primera  vez. Cada uno trae obsequios que me son adelantados a su entrada, para que con emoción pueda ver los objetos y adivinar quién va a entrar después. Aparecen amigos que hace mucho dejé atrás, otros amados y añorados u otros cuya reciente y paulatina pérdida me acosa. En un golpe de efecto y cuando creo que mi pecho no puede resistir más los envites del llanto, aparece una cabalgata de los hombres y mujeres que me han dado clase. También compañeros con los que no he compartido aulas pero sí política estudiantil, viajes, proyectos e incursiones en el mundo. Podría dar nombres y no significarían nada más que para mí, pues conforman el alfabeto extensísimo de mis recuerdos. Me arrodillo en el suelo, donde alguien ha colocado no sé qué macetas, y comienzo a plantar esquejes mientras cuento una fábula de mis días Faustos. Comienzo a nombrar a cada flor como uno de mis más familiares amigos, y cuento por qué nuestra unión era tan pródiga, y cuando ya los maceteros se encuentran plantados rozo los pétalos con las manos y con el aire que expulsan mis labios y florecen - florecen con alegre fuerza, cayendo un rayo de sol poderoso del techo. Luego, disfrazados para variar el espectáculo de su entrada, aparecen amigos que habitan el lugar donde te conocí. Y no podía ser yo más feliz, y abracé a Esther con toda la derrota que me persigue los días.

Noto todos los ojos clavados en mí, pero no siento vergüenza. Hay algo en la inmensa felicidad del momento que me redime del sentimiento de culpa: lo expulsa a algún lugar donde no tiene sentido. Todo funcionaba, todo marchaba. Creo que incluso sentía que me merecía todo aquello. 

La música cambia, alguien toca el piano, todos cantamos. Espero a Judith, la abrazo. Aparece bailando Elena, y la pureza de mi emoción reluce y se materializa en un contenido grito. Arriesgo más de lo que debería, de lo que despierta me atrevería a mostrar. Y la música calla, el entorno cambia. Estoy delante de una mesa, y todos me miran con expectación. Todos contenidos en aquella sala minúscula ahora que la gente la repleta y rebosa. En la mesa hay hojas plisadas, blancas con tinta traslucida en el interior. Las abro. Son dibujos, dedicatorias, incipientes obras de arte con nombre y apellido de jóvenes niños que no conozco. Rápidamente sé quiénes son, y no están dirigidas a mí - pero de alguna forma sí. Sostengo el aire con la carne nerviosa de mis pulmones y sé lo que se adviene: sé lo que significa aquello, y en un soberano halo de clarividencia entiendo que estoy en un sueño. Podría haberme inducido el despertar en ese mismo instante y ahorrarme un dolor innecesario, pero esta necesidad ciega en el callejón de atrás de mi carácter decide por todos que seguiremos con esto. Y vuelvo, abro más papeles, alguien llega y pone una tarta de cumpleaños encima de los papeles que restan. Veo las manos sin prisa alguna por erguir la cabeza. Veo la cadera y la reconozco en cada detalle. Termino de subir la vista para encontrarme con tu rostro. Lo veo directa y claramente, lo veo firme ante mí como si tuviera los ojos verdaderamente abiertos. Lo veo casi con miedo, y un fulgor incandescente lo enmarca y rodea. Me quedo quieta, buscando en tus ojos una reacción. Tú me ves quieta, se te dibuja la incógnita y la ofensa en la cara, y te alejas lentamente hacia el fondo de la sala. Todos nos miran. Esperas allí. Te miro de nuevo. Aparto la mesa de un gesto y me avalanzo, te abrazo con cada parte de mi cuerpo, enclavo mi pie derecho en tu pierna izquierda y la rodeo entera con la mía. Sollozo, y te pido que no te vayas. Que no te vayas. Que no te vayas.
Que no te vayas. Que no te vayas. Que no te vayas.
Tu hombro, el tacto de la camiseta.

Me separo de ti, y la fiesta continúa. Pero Emilia se queja, ultrajada porque de nada ha servido todo si a la que más añoraba era a ti. La abrazo, le pido perdón por ser así yo y haber provocado así mis sueños. Todos están allí.  Todo es perfecto

Y de golpe, vuelvo.

A mi cama. A la mañana que golpea mis persianas con su fuerza levantina. Decido no molestar a nadie más con mis absurdas emociones, y vuelvo. Al silencio y a la grieta. 




Al despertar me di cuenta de que ella no estaba en el sueño. Esa que te producía los miedos y las malas emociones. Que creías que habitaba más mi corazón que tú. 

Ojalá nos lo hubiéramos explicado todo.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Eres Burdeos.

¿Cómo eludir
las señales naturales?
Esta bocanada de fuego
en mi pecho, en mi alma
cuando rozas mi mundo
con los dedos.
No conozco en este momento
mayor catástrofe para mis letras
y mis ideas que tú.
No voy a esconder esta herida
No voy a acallar el cántico
No voy a retirarte el amor
O sí. Tu silencio, y tus razones
que respeto hasta pensar
que lo mejor es callarme y no rozar
tu cerco de paz
con los dedos
provocan el vaivén del verbo
pero no cortan la fuente
de aguas rojas y miel.
¿Cómo resistir la tentación
de creernos unidas
por algo más?
¿Quién va a desafiar
a dios
al destino
a las Moiras
a esa regla santa que me pusiste
de no pensar demasiado
y querernos sin reserva?
Ahora sé que puedo vivir sin ti
pero no quiero
ni en broma
y ojalá tú tampoco
quieras
sin mí.

martes, 9 de agosto de 2016

Eras Burdeos.

Pese a todo
el dolor, la nueva felicidad
la calma
teniendo el mundo delante
el pasado al alcance
dominado el fonema
aún muy lejos de aquí
en un universo paralelo
alguien que soy yo se ha levantado
te ha llamado y te ha dicho
que me asfixia el vértigo
de empezar esto sin ti:
Todo lo que voy a aprender
y no voy a poder contarte.

domingo, 7 de agosto de 2016

No se observan aves con el corazón roto.

- Joven, observe el saludable plumaje de ese petirrojo. Una pena que eluda nuestros cebos... 

La profesora se gira ante la ausencia de respuesta. Otea el claro, pero sólo al bajar la vista encuentra lo que busca: su ayudante permanece acuclillado junto al trípode de la cámara de observación. Gimotea levemente, girando el rostro para que la profesora no perciba su agitación.

- Pero Charles...

-Lo siento, lo siento profesora. - Charles coloca de nuevo el ojo sobre el visor de la cámara y durante unos segundos aparenta estar concentrado en la tarea que se le ha asignado durante esa observación in situ del hábitat avícola local, pero pronto vuelve a emocionarse y se sorbe ruidosamente la nariz.

- Chico, si hoy se nos acerca algún pájaro será el mayor descubrimiento de mi carrera.

- ¿Por qué cree eso?

- Porque habría de ser el único ejemplar que mostrara signos de humana compasión ante su triste espectáculo. Si viene cargado con un pañuelo ganaremos la próxima Darwin-Wallace.

- Lo siento señora. Debería comportarme. Lo haré, deme un minuto. - Charles se levanta, se recompone y se decide a alejarse para buscar la serenidad sin molestar a la profesora, cuando ella le lanza una mirada cargada de emergencia. - ¡Alto Charles! 

Con cuidado, el muchacho mira hacia donde la otra le señala. Hay una preciosa abubilla joven posada en el filo del largo objetivo de la cámara. Ambos permanecen rígidos, observando con cuidado y ninguna intención de ahuyentar al pajarillo. Charles mira con curiosidad y fascinación la emplumada cabeza del animal, que como prevenido de la inquisidora mirada, le devuelve un gesto neutro y los profundos ojos negros. La profesora, algo más lejos del epicentro del espectáculo, sonríe ante el mudo intercambio de las dos crías animales. El pájaro casi parece asentir, antes de alzar el vuelo y elevarse entre las ramas que cubren el claro. Charles lo ve alejarse, y en silencio, vuelve a su posición. Otros pájaros se han acercado a los cebos de pan e insectos repartidos frente a ellos, por primera vez en la tarde.

Mientras Charles fotografía apasionado, la profesora observa las pequeñas aves. Sonríe. 
"Estos jóvenes y sus corazones neumáticos."

lunes, 1 de agosto de 2016

Camposoto



El rugir de las olas intermedias, abrazando con dulzura los oídos y las espinas nerviosas. Hay algo en la bocanada de sal que puede purificar lo carente de nombre pero conocedor de la herida. Y aquí estamos: siendo hermanos, siendo exactamente lo que toca en el camino hacia el sueño. Cumpliendo los versos - dichos y no dichos - del estaré, vendré, te cuidaré que se regalan aquellos que en verdad se aman.

No me arrepiento de una sola de las palabras que he dicho. Pero lamento la decepción al caer la trama. Lamento no haber visto la falsedad en los ojos y en los gestos. Este momento incorruptible me resarce del mal, del bien, de la duda y la humanidad. 

Una hermandad que sobrevive a los kilómetros, que se crece en los silencios, puede de pleno derecho justificar una vida.




Plaza

Esta casa
que era un hogar
contigo.

El tremendo miedo
a que no te importe
no volverme a ver.

Todo lo bueno
que te deseo
en silencio.

Todas las cosas
que no necesito
y que amo
de ti.