martes, 13 de septiembre de 2016

Septiembre, de muerte y renacimiento.

¿Quién salta, quién llora, quién ríe?
¿Quién describe una pirueta y cae tras el arbusto?

Es la vida que se abre paso. La vida. Siempre. Es dotar de corazón al suelo, a la pared y al oxígeno que respiramos, y respetarlos. Nadie se ha parado tanto a cuestionar la existencia como nosotros, la raza humana - y tampoco toda la raza, si acaso los más estrictos volutariosos soñadores. Las cosas han de salir bien, para el hermano en la distancia, para el alma recosida, para la revolución permanente de nuestros ojos. Apenas ha acabado de mudar otra piel y ya se ve volando de nuevo, mi pobre corazón, en todas direcciones. Cambia de país, cambia de estación y de objetivo, y se mantiene en el vilo de los días. Cambian las mujeres y los hombres, las promesas de encuentros en verano y en invierno, la ausencia del dolor o la prematura falta de aquello que aún no se ha tenido. En las horas. Siempre las horas. Podemos buscar la razón: mientras la existencia nos encontrará.

Aquí debiera ir un poema que ya vendrá.




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