miércoles, 10 de febrero de 2016

10 Febrero 2016

Los hombres que habitaban los agujeros de la tierra.

Rebasó el matorral y vio que aquello que brillaba sobre la falda de la montaña eran remesas de antorchas dispuestas al presunto azar. Había esperado civilización, pero no la encontraba. Al momento un profundo gemido hizo temblar el valle, y tras el primer sobresalto vino el temor a la ira de la montaña. Pero de la tierra surgieron cabezas, troncos y extremidades que pronto contaban por cientos, miles casi, y por dos los ojos que se clavaron en ella. Su cabello era oscuro, y sus hogares estaban excavados en el suelo.

El sol salió por detrás de la ladera, y el aire dejó de ser aguamar. Fue la bienvenida más majestuosa que le darían nunca.