lunes, 1 de agosto de 2016

Camposoto



El rugir de las olas intermedias, abrazando con dulzura los oídos y las espinas nerviosas. Hay algo en la bocanada de sal que puede purificar lo carente de nombre pero conocedor de la herida. Y aquí estamos: siendo hermanos, siendo exactamente lo que toca en el camino hacia el sueño. Cumpliendo los versos - dichos y no dichos - del estaré, vendré, te cuidaré que se regalan aquellos que en verdad se aman.

No me arrepiento de una sola de las palabras que he dicho. Pero lamento la decepción al caer la trama. Lamento no haber visto la falsedad en los ojos y en los gestos. Este momento incorruptible me resarce del mal, del bien, de la duda y la humanidad. 

Una hermandad que sobrevive a los kilómetros, que se crece en los silencios, puede de pleno derecho justificar una vida.




Plaza

Esta casa
que era un hogar
contigo.

El tremendo miedo
a que no te importe
no volverme a ver.

Todo lo bueno
que te deseo
en silencio.

Todas las cosas
que no necesito
y que amo
de ti.