domingo, 7 de agosto de 2016

No se observan aves con el corazón roto.

- Joven, observe el saludable plumaje de ese petirrojo. Una pena que eluda nuestros cebos... 

La profesora se gira ante la ausencia de respuesta. Otea el claro, pero sólo al bajar la vista encuentra lo que busca: su ayudante permanece acuclillado junto al trípode de la cámara de observación. Gimotea levemente, girando el rostro para que la profesora no perciba su agitación.

- Pero Charles...

-Lo siento, lo siento profesora. - Charles coloca de nuevo el ojo sobre el visor de la cámara y durante unos segundos aparenta estar concentrado en la tarea que se le ha asignado durante esa observación in situ del hábitat avícola local, pero pronto vuelve a emocionarse y se sorbe ruidosamente la nariz.

- Chico, si hoy se nos acerca algún pájaro será el mayor descubrimiento de mi carrera.

- ¿Por qué cree eso?

- Porque habría de ser el único ejemplar que mostrara signos de humana compasión ante su triste espectáculo. Si viene cargado con un pañuelo ganaremos la próxima Darwin-Wallace.

- Lo siento señora. Debería comportarme. Lo haré, deme un minuto. - Charles se levanta, se recompone y se decide a alejarse para buscar la serenidad sin molestar a la profesora, cuando ella le lanza una mirada cargada de emergencia. - ¡Alto Charles! 

Con cuidado, el muchacho mira hacia donde la otra le señala. Hay una preciosa abubilla joven posada en el filo del largo objetivo de la cámara. Ambos permanecen rígidos, observando con cuidado y ninguna intención de ahuyentar al pajarillo. Charles mira con curiosidad y fascinación la emplumada cabeza del animal, que como prevenido de la inquisidora mirada, le devuelve un gesto neutro y los profundos ojos negros. La profesora, algo más lejos del epicentro del espectáculo, sonríe ante el mudo intercambio de las dos crías animales. El pájaro casi parece asentir, antes de alzar el vuelo y elevarse entre las ramas que cubren el claro. Charles lo ve alejarse, y en silencio, vuelve a su posición. Otros pájaros se han acercado a los cebos de pan e insectos repartidos frente a ellos, por primera vez en la tarde.

Mientras Charles fotografía apasionado, la profesora observa las pequeñas aves. Sonríe. 
"Estos jóvenes y sus corazones neumáticos."