lunes, 9 de enero de 2017

Estaba esperando.

Amo sin conciencia del límite
o de la consecuencia.
Ha sido así desde que descubrí
que se podía anhelar
que se podía anhelar
algo informe y apartado
que yace fuera
pero uno
busca
deglutir
sin mirarse al espejo
sin preguntarse si merece
si sería lógico
estético
o conveniente.

Hay momentos de este amor
que meandran hacia la música,
hacia las tintas y los pigmentos,
hacia el negro.
Ha sido así desde que descubrí
que anhelar no basta
para nadie
que hay reflejo sin espejo
una carrera hacia confusa meta
y una lógica
estética
de la conveniencia.

Ha estado callado el amor,
ha hablado idiomas nuevos
y lo perdí en el miedo
a no tener nada que vender
a no tener nada que ofertar
a no tener con qué comprar
mi valor en mentiras complacientes
y en promesas futiles.
Pero está, está siempre
y aunque el centro no sea límite
para su cinética
yo lo amarro en el centro
de todas las cosas.
Ha sido así desde que descubrí
que hay revolución en esta forma
de amar sin conciencia del límite
nunca del límite
ni de la consecuencia.
Que hoy te diré algo que no quieres escuchar
y mañana me darás las gracias.
Quizás cuando os veáis la frontera
tatuada, me encontraréis allí
un paso más allá,
y os diré:
os estaba esperando.